domingo, 5 de junio de 2016

De Tentaciones al atardecer y Pasiones al anochecer - Cap. VII - (3era parte)



Capítulo VII – Sortilegios y encuentros de un pasado, en un presente (III parte)…

En un tiempo muy lejano, pero muy lejano, una hermosa mujer, muy cercana a una familia vinculada un imperio, estaba por explorar acerca de esas sensaciones e ilusiones, concernientes a una vida conyugal, a sus responsabilidades dentro de un núcleo familiar, y acerca de los sueños por ser elegida por el hombre ideal, para construir su propia familia, su propio legado, sus hijos, y el amor idealizado en su alma, entre tantos hombres que la pretenderían en lo sucesivo. Sin embargo eran tiempos muy difíciles, pugnas por territorios y por poder, eran los tópicos álgidos de su tío, quién era el Emperador de turno en el Imperio Inca. Y este debía asegurar la continuidad de su monarquía, de su legado, de su patrimonio, tomando las decisiones más convenientes, mas por intereses familiares, que por los designios de un corazón enamorado...

Ella era un tipo de mujer un tanto diferente al estereotipo de su comunidad. Sus rasgos eran hermosos y muy finos. Alta de estatura, de cabellera color castaño claro y muy larga, el matiz de su piel de color canela casi perfecto, y de ojos extrañamente claros, grandes, muy similar al color de la miel. En definitiva, ella era muy diferente a las demás mujeres de su pueblo originario. No se sabía nada acerca de su padre, fue criada por su tío y adoptada como una más de la familia. Su madre quedó embarazada desde muy joven, y no se conoce muy bien la historia de su desaparición en la adolescencia, cual duró cerca de cinco años. Cuando la madre retornó al pueblo de origen, luego de ese tiempo desaparecida, fue reconocida por su hermano mayor en una caminata del aún no monarca por la plaza. Este quién ya estaba muy cerca de asumir las riendas del imperio. Por razones obvias y posteriormente a ese encuentro fortuito, luego de hablar de los pormenores acerca de la niña quien acompañaba a su hermana, les permitiría vivir junto a su familia. Y es así como esta pequeña Princesa, se convertiría en alguien por quien años después, se hablaría de ella, como la Princesa de “La leyenda del reflejo de las Serpientes”...

El oro en esa época, era utilizado por los monarcas del Imperio, para adornar y marcar el estatus social y jerárquico de las familias ligadas al poder, tanto en lo militar como en lo religioso, así mismo también a las personas con un alto conocimiento en la comunidad, es decir, a los consejeros y sabios de la élite monárquica. Por tanto la Princesa, quien fue como posteriormente se le llamó, debido a esas  circunstancias fortuitas, más no por su relevancia por la ascendencia familiar, tuvo mucho que ver con la historia misma, y del cuento que pasó a ser parte de una leyenda, que dio comienzo con su aparición al inicio de su etapa como mujer, pero que no culminaría en esa época justamente...

La niña creció junto a la primogénita del tío. Ambas fueron educadas como hermanas, como un miembro igualitario de la familia, más allá de ciertos aspectos poco característicos de las mismas. No habían rasgos parecidos entre las niñas, y menos entre ellos, salvo ciertos detalles con su madre. Pero sus ojos transmitían algo más allá de lo inexplicable. Había cierto misterio y encanto, había delicadeza, sutileza y sensación de regocijo, muy dentro de esa niña. Esa fue la razón que prevaleció en el Emperador, en hacer respetar su decisión. Él la consideraría alguien muy especial, muy a pesar de no tener características parecidas a ellos, ni a su propia gente...

Un orfebre nativo de la comunidad, un servidor de la realeza monárquica desde muy niño, un simple hombre del pueblo, reservado, hijo único, inteligente y muy trabajador, un día de esos inexplicables, pero de esos que solo el universo, tal vez tiene que ver con las conspiraciones divinas, se presentó ante la realeza a solicitud del Emperador. No era él precisamente quien debía presentarse, pero su maestro le encomendó la tarea inmediata, dada las limitaciones físicas que tenía para ese momento el maestro en sí. El maestro estaba sufriendo de ciertas convalecencias. Al llegar el joven ante su majestad, este dio el saludo y las reverencias correspondientes. El Emperador fue informado acerca de los pormenores de la salud del maestro, e inmediatamente dio instrucciones para que fuese atendido por el curandero o medico de la familia real, ya que el maestro orfebre real, era su amigo personal desde la infancia...

El Emperador solicitó a este discípulo, la tarea de informarle al maestro la necesidad de hacer unas piezas de orfebrería especiales, tanto para su hija primogénita, como para su sobrina, ya que por razones desconocidas, ambas cumplirían los dieciocho años el mismo día. El mismo día de la celebración del solsticio de invierno, el 24 de Junio. Se tenía previsto la realización de una ceremonia pública, actos como parte de las tradiciones culturales de esta emblemática civilización. Y otro de corte familiar en los aposentos reales, algo apartado del pueblo y en la noche, junto a las familias vinculadas a ellos, a fin de hacer la presentación oficial de las jóvenes, ante los aspirantes a la dote. Por tanto era necesario que los atuendos y la presentación de ambas jóvenes, estuviesen a la altura de la realeza monárquica, tal como lo establecían sus costumbres...

El joven era muy creativo y metódico en el proceso de fabricación de piezas de orfebrería. Era un discípulo ejemplar, muy callado y observador, atento y disciplinado. Solamente solicitó la posibilidad de ver a las privilegiadas, para poder evaluar sus características e informarle al maestro, acerca de sus ideas y lo que debían considerar para el diseño de esas piezas. Ambas jóvenes debían lucir unos atuendos muy especiales, posiblemente para esa ocasión. El Emperador solicitó se hiciesen algunos bocetos o muestras previas, para tomar él la decisión directamente. Esto estaba fuera de lo normal, ya que esas tareas solo y únicamente eran competencia de las mujeres, es decir, era su esposa la responsable de encargarse de esos detalles, ya que el Emperador estaba más vinculado a los problemas políticos, militares y religiosos, no de aspectos caseros. Pero así lo decidió entonces el monarca, era él y más nadie, el responsable de los atuendos de sus hijas, así las veía siempre desde que eran niñas...

El joven fue conducido a una sala especial por uno de los sirvientes del Emperador. Mientras el monarca salía de su instancia, para atender otros asuntos relevantes, acerca de las políticas del Imperio y las alianzas con sus más fieles súbditos. El sirviente le pidió al joven esperase hasta que las jóvenes fuesen traídas hasta ese otro ambiente. Quedó solo y se limitó a observar cada mueble, figuras, detalles, tapices, materiales, y colores dispuestos en ese bonito salón. Estaba en el Palacio Imperial, y eso no le era permitido a cualquiera...

La primera en llegar fue la primogénita. No le era permitido hablarle, salvo ella le preguntase algo. La joven era de una estatura promedio, no muy alta, cara redonda, tez morena, rasgos faciales bonitos, mas no atractivos, contextura media, y tímida. Ella mostro sus manos, sus pies, con cierta delicadeza, luego ella levantó su rostro y solamente le indico ciertos detalles que a su criterio, ella pretendía le hiciera para la ceremonia. Posterior ella le preguntó su nombre, y él se lo dio. Por último le manifestó que lo veía muy joven para semejante responsabilidad. Él simplemente asintió y no le replicó. Esa era la costumbre, estaba frente a la realeza, y a ellos no se les responde, a menos pregunten. Ella lo estaba tanteando y la acompañante de la hija del Emperador se dio cuenta. Esta sonrió disimuladamente. Ese encuentro duró algo cerca de una media hora, y estuvo bajo  la presencia de una institutriz real, quien no habló en lo absoluto. Luego ellas se marcharon a sus aposentos privados...

Quedo nuevamente solo, tal vez por unos diez minutos o un poco más. No le era permitido salir del recinto, salvo con un guardia o un sirviente. Sentía mucha curiosidad, sin embargo permaneció cauto y tranquilo, muy cerca de una de las puertas, observando un tapiz sobre una de las paredes. Era como si estuviese absorto en las figuras y las señales mismas del tapiz. Sentía un subliminal mensaje en su subconsciente. De pronto sintió una voz a su espalda, como un susurro, una delicada melodía universal, nunca antes escuchada. Volteo lentamente y se encontró directamente con los ojos de la otra joven. Fue una chispa inmediata, un encuentro luminoso y mágico. Ambos quedaron absortos en pensamientos simultáneos, era un lenguaje solo descifrado por la intensa mirada de ojos que no parpadeaban, y que se adentraban esas miradas directo a sus almas. Sus pupilas estaban dilatadas del asombro. La institutriz quien acompañaba a la joven Princesa, llamó su atención, al verlos perplejos sin hacer mas nada que mirarse. Se había dado cuenta del efecto entre ambos, y sabía que eso no estaba permitido. Fue el comienzo de esta historia en ese momento...

Luego de ese momento inusual, él no sabía cómo mirarla o como poder describir a esa admirable joven mujer, por quien había quedado totalmente deslumbrado. Ella en igualdad de condición, tomo la iniciativa y le mostro sus manos, con dedos estilizados y largos, una piel aterciopelada casi perfecta, y esos ojos que no podía dejar de observar, unos labios provocativos y con ese matiz a durazno. Ella era diferente, y nunca antes había podido ver a una mujer con esas características. Por supuesto él era de su misma estatura, buen porte, de ojos negros y color de piel canela, también algo inusual en algunos de ellos, pero su padre era lo suficientemente alto, con características muy similares, que se mantienen en los genes de su raza. Su padre era oriundo del norte, muy cerca de la zona costera, pero desde muy joven se asentó en estos predios y su vinculación con el Emperador, data desde esa época de la niñez, cuando ambos compartían aventuras de niños, y responsabilidades otorgadas igualmente por sus padres...

Él intentó mantenerse concentrado en su trabajo, detallarla bien y poder visualizar algo especial para las jóvenes, pero quizás para ella, para esa Princesa, debía diseñar algo totalmente diferente, hasta lo ahora realizado en el taller a través de los años. Debía ser una pieza especial, una joya que debía lucir en la misma proporción de su belleza, de su encanto, de su mirada especial. Ella por su parte sentía un hormigueo extraño, su corazón latía con mayor rapidez, no emitía palabra alguna, porque sus palabras llegaban a él, a través de las miradas. Estaban destinados por alguna conspiración universal, a estar juntos, aun cuando entendían los obstáculos, limitaciones y condiciones de ambos, ante la envergadura e importancia de su familia, y de las condiciones de él mismo al respecto. Pero en ese momento ambos determinaron sin mediar palabra alguna, encontrarían la manera de alcanzar su unión, para el resto de la eternidad...

El tiempo que permaneció junto a ella, fue como eterno. La institutriz entendió la situación, aun sin haber emitido palabras por ninguno de los dos, que pudiera delatar ese sentimiento surgido a través de un encuentro fortuito o casual. Sin embargo la despedida fue como una dulce melodía de no acabar, de esas que en silencio, aun se escuchan gritos a lo lejos. De nostalgias a través de sublimes miradas, del sentir de dos corazones, sin contacto alguno, imposible de lograr en ese momento, prohibidos de intentar, porque la muerte pudiera ser inevitable al contacto con la realeza. Sin embargo, ya era imposible separar esas dos almas destinadas a una lucha permanente por esa felicidad noble, lejos de las decisiones políticas, existenciales, tradicionales, e injustamente en esos casos, injustificadas por considerar que el amor en esos tiempos, jamás pudiera ser una condicionante, ante las luchas por el poder, por la supremacía, por la hegemonía de una estructura social predominante en la historia misma de esa civilización...

El joven al día siguiente, le informó acerca de la solicitud del Emperador a su maestro. Este se encontraba en mejor estado de salud, había sido atendido, tal como lo exigió el monarca. El maestro preguntó a su discípulo acerca de las jóvenes, también sobre sus apreciaciones particulares, así como las exigencias del Emperador. Este le explico absolutamente todo. Entonces solicitó a su maestro, le permitiese atender de manera personal, el diseño de las joyas para la sobrina del monarca, con la finalidad de dedicar gran parte del tiempo en hacerla, en mostrar su mejor propuesta, acorde a la belleza de la joven. El maestro le pareció una buena idea al principio, pero luego le preguntó - ¿Porque tanto interés en esa joven? - Entonces el solamente emitió una expresión - “la belleza de un alma, jamás será sustituida por cualquier joya del mundo, pero una joya finamente adecuada, solamente ha de ser para un bella alma”...

Fue entonces cuando su maestro entendió que esa joven había causado un impacto muy profundo sobre su discípulo. El maestro solamente le manifestó - “Tú debes ser muy cauteloso y discreto” - El Emperador es mi amigo personal, pero no permitirá que cualquiera intente acercarse a sus más apreciadas hijas, incluyendo a su sobrina - Sé que ella es muy hermosa, la conocí cuando era adolescente, y le manifesté al Emperador, que su belleza trascendería en nuestro pueblo y su imperio. Fue cuando él me indico que había un plan para ella, cuando llegase su momento, y que nada, ni nadie, podrían impedir el plan que tenía concebido desde su niñez. Cuando se trata de estrategias y planes concebidos para mantener la hegemonía de su legado, él es capaz de cualquier cosa, incluida la muerte de quien se oponga o interfiera en sus planes. Ten cuidado…

Semanas después, las piezas y los atuendos fueron mostrados al Emperador, tal como se estaba previsto. Convocaron al maestro y su discípulo a una breve reunión en el palacio imperial. El emperador quedó muy complacido con los trajes primero que todo, los brazaletes, y las demás joyas elaboradas para los atuendos. El atuendo de la hija era de lana de alpaca, muy fina, de color blancuzco con rojo, destacando el color de su tez del rostro. El atuendo de la sobrina era de color beige con verde, destacando su larga cabellera clara y el color de sus ojos acaramelados. Cuando el discípulo sacó las piezas especiales de manos, hechas en el más delicado y puro oro para cada una de las jóvenes, el Emperador quedó asombrado de los anillos. El de su primogénita era una pieza única, con una piedra roja muy emblemática y sobresaliente, que guardaba concordancia con los zarcillos, la gargantilla, los brazaletes y la túnica de la joven. Sin embargo sus ojos brillaron cuando pudo apreciar los anillos de su sobrina. Un par de serpientes enlazadas y muy bien contorneadas, adaptadas a esos dedos largos de la joven dama. Con detalles muy elaborados sobre el cuerpo de las serpientes, su cabeza estaba formada por la unión de los dos anillos, terminando en dos pequeñas piedras preciosas extrañas, de color verde, poco vistas en la región, quienes hacían de sus ojos. Al separarlos con delicadeza, podía ver la inscripción del nombre de la joven Princesa, al igual que los otros anillos. Pero en este caso, el anillo destacaría sobre las delicadas manos de su adorable sobrina. Felicitó personalmente al maestro, y este simplemente asintió su cabeza sin emitir ninguna palabra. Así lo había solicitado su discípulo...

Cuando las chicas se presentaron en el gran salón, llegaron con la institutriz quien acompañó a la sobrina inicialmente al recinto, la vez anterior. Esta miró de reojo al joven y con su mirada, dejo todo en claro para el joven. El Emperador les solicitó probasen los atuendos en su presencia. Les pidió a los demás presentes se ausentaran temporalmente del salón. Quedaron en el recinto el monarca, la institutriz y el maestro. La institutriz ayudó a colocar cada atuendo, accesorio y piezas, por instrucciones del maestro. Al terminar de vestirlas, ambas jóvenes mostraron su mejor sonrisa a su querido padre. Este quedó sumamente complacido, aun cuando su sobrina destacaba en belleza y porte con su primogénita. Sin embargo emitió un veredicto de sorpresa y asombro de belleza por igual en ambas jóvenes. Ellas quedaron agradecidas y contentas con su manifiesto...

Luego de eso, solamente quedaban por hacer algunos pequeños ajustes en los trajes de ambas. Las joyas quedarían aún en manos del maestro. Necesitaba pulirlas un poco más y dejarlas en custodia hasta llegase el día del evento. Entró nuevamente el discípulo al recinto, a solicitud del maestro y permiso del monarca, para guardarlas en los compartimientos donde originalmente venían. Al entrar al salón nuevamente, las jóvenes estaban por salir a través de otra puerta, pero ambos jóvenes pudieron verse discretamente, y en sus miradas hubo alegría, fuego, seducción y placer, por volverse a ver una vez más. Nadie notó esas miradas, excepto la institutriz...

Restaban veintiún días para el acontecimiento, para el evento familiar y la presentación de las jóvenes para la dote. Únicamente esos futuros amantes, posibles destinos de vida cruzadas, dispondrían de esos veintiún días, para determinar o intentar cualquier deseo de escapar, juntarse, o tal vez mirarse por última vez. Sin embargo sus propios destinos y el universo mismo, les tenía preparado una jugada, que jamás pudieron ni remotamente imaginarla llegar...

sábado, 28 de mayo de 2016

De Tentaciones al atardecer y Pasiones al anochecer - Cap. VI - (2da parte)



Capítulo VI – Sortilegios y encuentros de un pasado, en un presente (II parte)…

El impacto producido por la extraña señal luminosa, lo dejo casi cegado, pronto llegaría la salida del sol, eran horas cercanas al alba. Con sus manos intentaba aferrarse de algo. Sentado en el suelo podía palpar algunas ramas secas de los arboles, también hojas y piedras, pero presumía encontrarse en un sitio relativamente seguro. Logró colocar su espalda contra el tronco de un árbol, tal vez algún abeto de esa zona boscosa a pie de montaña, y lo suficientemente grande por el tamaño de su base. Escuchaba el suave susurro de los arboles al sacudir sus ramas con la brisa del viento. Relativamente extraño al amanecer. No percibía aun claridad, esa sensación de ceguedad mantenía en sus ojos la imposibilidad de no visualizar nada...

Intento hablar, comunicarse con alguien, si es que hubiese alguien cerca. Trataba de encontrar respuesta a través del bosque, pero en esa inmensa soledad, solo y apenas escuchando un delicado murmullo, diciéndole algo extraño, algo como “el secreto está en la joya, debes buscarla"...

Ese mensaje repetía y repetía continuamente, ese murmullo latente estaba en sus oídos. Al mismo tiempo preguntaba en voz alta si alguien podía escucharlo. Pero sentía que su voz no era lo suficientemente fuerte, para alzarla en la profundidad de la espesura del bosque. Entonces decidió levantarse e intentar caminar, aún sintiendo cierta debilidad. No había comido nada, recordaba lo que le dijeron en la oficina, y lo lamentaba. Tampoco había podido tomar agua, muy a pesar de estar en el morral. Pero sacó las fuerzas necesarias para intentar alcanzar algo en esa penumbra. Y aún no amanecía...

Poco a poco y por mera intuición, decidió bajar con precaución, ladera abajo. Escuchaba a lo lejos y a su izquierda, la corriente del cauce del río, y sabía que el  mismo descendía hasta el lago. Eso si lo recordaba, ya había estado en ese lago hace cierto tiempo atrás...

Y mientras tanto, sin poder percibir por donde lograba caminar, buscaba ese rumbo por mera intuición, tratando de comprender hasta donde había llegado su ansiedad por aquella luz titilante, quien lo condujo hasta estos parajes. Y esta sin saberlo él, se encontraba muy cerca de su espíritu inquebrantable. Era como si lo estuviese cuidando, o quizás conduciendo hacia ese encuentro escrito, en esos sueños extraños, intensos y misteriosos. La luz se movía muy cerca, a través de los pasos de él, aunque él mismo no supiese que lo estaba llevando hacia su propio destino...

El susurro a través del bosque se mantenía, “la joya… debes buscarla, ella es tu secreto, búscala”. El sonido del cauce era más intenso, se guiaba correctamente por la vertiente del río, y presentía que el lago se encontraba muy cerca...

Comenzó a escuchar el trinar de algunas aves, cada vez con mayor intensidad. La salida del sol estaba por despertar un amanecer, tal vez como ninguno antes visto, sobre un lago majestuoso, tranquilo y misterioso. Sus ojos comenzaban a percibir cierta claridad, intentaba aclarar su visión, pero entendía que el cansancio y esa extraña luz, posiblemente le causaron esa ceguedad temporal. Confiaba en su instinto y en su férrea voluntad, para perseguir esas extrañas visiones, entre la fantasía y la realidad...

Al llegar al lago, ya su visión había mejorado algo. Con cierta borrosidad, pero lograba distinguir mejor sobre su andar, lograba ver la serenidad del lago, y también logro ver a lo lejos, en el medio del lago, nuevamente la luz suspendida, titilando con mayor intensidad, pero fija sobre algún punto sobre el agua. Se acercó a la orilla y se lavó la cara, para refrescar sus ojos. Buscó como intentar llegar hasta allá. Logró visualizar una especie de muelle muy pequeño hacia su derecha, un poco retirado del sitio donde arribo. Quizás podría encontrar un bote, algún implemento para navegar sobre el lago. No podía ir nadando. El lago era bastante amplio, sus aguas algo frías, y no contaba con ningún otro implemento para improvisar, pero nada lo detendría para llegar hasta allá...

Encontró una pequeña embarcación, un kayak cubierto entre algunos matorrales. Algo viejo, pero aún en condiciones. Se percató del remo, amarrado sobre el tronco de un árbol. Verificó las condiciones del mismo, se quitó la casaca, y colocó la embarcación sobre el agua, se monto sobre la misma y comenzó a remar, hacia el lugar donde aún la luz se mantenía, como indicándole hasta donde debía navegar...

Su ímpetu, voluntad y tenacidad, le proporcionaron las suficientes energías para alcanzar el centro del lago. Tardaría algo en alcanzarla pero lo lograría. Y cerca de llegar hasta el sitio, la luz se sumergió como por arte de magia sobre las aguas oscuras, permitiéndole seguirla viéndola en la profundidad del agua. La profundidad del lago no era tan visible, y ese era una característica del lugar. Esa era la razón por la cual no era permitido bañarse, o bucear en estas aguas poco conocidas. Sabía de antemano que estaba cruzando los límites de sus capacidades, aunque nunca eso fuese sido una limitante en esas aventuras en solitario...

La luz le indicaba que debía sumergirse. No tenía otra alternativa. Decidió quitarse la camisa y el pantalón, para intentar bajar hasta donde su capacidad, le permitiese nadar. Solamente tenía una ventaja con él, la luz le otorgaba claridad sobre el lugar de inmersión. Solamente dependía de qué debería buscar. Entonces miró al cielo, se encomendó a Dios, y se sumergió en las profundidades del agua. El kayak quedó arriba a la deriva, no se movería. La pasividad del lago y el escaso viento de la mañana sobre la superficie del agua, no desplazarían a la pequeña embarcación...

Bajaba con precaución y ciertamente la luz lo conducía hacia algo inesperado. Mientras bajaba, recordaba las escenas de sus sueños reiterados, recordaba cada escena, como si ya lo hubiese vivido una y otra vez. Logró recordar la joya, ese anillo con forma de dos serpientes enlazadas, sobre una concha marina de color blanco-rosa. Eso si le llegaba a su mente. De pronto entre las densas aguas, y en una especie de neblina entre las mismas, logró ver ese brillo, idéntico al de su sueño. La joya sobre la concha marina. Los anillos en forma de serpientes, una pieza algo extraña, toda esa escena idéntica al sueño. Él presumía debía estar como a unos doce o catorce metros de profundidad. Aún podía soportar un poco más. La luz se mantuvo latente y más brillante, hasta el momento que tomó la joya con su mano. De pronto quedó en la oscuridad. Volteo apresuradamente hacia arriba, y lograba ver la claridad del cielo arriba en la superficie. No tanto, pero ya era hora de salir...

Con premura subía rápidamente hacia la superficie, aun sintiendo esa extraña sensación de niebla en la profundidad del lago. En la subida percibió como si alguien lo estuviese viendo emerger hasta la superficie. Como si algo o alguien lo estuviese cuidando. Extrañamente intentaba visualizar dentro de las aguas algo, pero solo veía siluetas y formas que posiblemente, engañaban a su imaginación y a su mente...

Al salir fuera del agua, tomo una fuerte bocanada de aire, intento mantenerse en calma, buscando el kayak, y sin soltar la joya. Nadó un poco hasta la embarcación. Logró montarse en ella, y decidió reposar un rato, en el medio del lago para observar detenidamente la pieza. Eran dos anillos hermosos, en forma de serpientes de oro puro, con una incrustación en cada una, formando juntas la cabeza de la misma, y las piedras de color verdoso, señalaban sus ojos al juntar los anillos. Estaban diseñadas de manera que ambas no pudiesen separarse, una vez que fuesen a ser colocadas en las manos correspondientes. Se quedó mirando las piezas y sintió un escalofrío extraño, no precisamente el frío del agua del lago. Era otra cosa. Y en ese momento, alguien lo estaba observando desde la otra orilla del lago...

Ya lograba recordar muchas cosas, incluso esa persecución montaña arriba, tras la titilante luz quien lo llevó hasta este momento. Sus extraños sueños le estaban enviando un mensaje permanente a lo largo de los años. El secreto de ese misterio estaba ahí, tal vez en la joya, quizás en esas preguntas permanentes acerca de esas explicaciones, que se han perdido en el trayecto de su vida. Pero ya presentía estaba más cerca de alguna respuesta...

Al tomar el remo para retornar a la orilla, pudo ver algo moverse a lo lejos, cerca de la orilla contraria hacia donde debía regresar. Estaba algo lejos, pero sabía que algo se encontraba allá. Había una tonalidad de color entre los follajes, muy diferente a los colores de la naturaleza en el follaje. Se quedó mirando fijamente por un rato, y eso que estaba oculto, se volvió a mover, pero sin salir del follaje. Entonces le gritó buscando respuesta del otro lado. Simplemente vio que se volvió a mover. Pensó entonces podía ser algún animal, pero no podía entender que llevaba encima con ese color diferente...

Volvió a gritar de reiteradas maneras, pidiéndole se manifestase si requería alguna ayuda. Sentía un calor extraño en la mano donde tenía los anillos. Al abrir su mano, se percató que las piedras incrustadas cambiaban de color, con la exposición al sol y también tenía la impresión que la joya brillaba con mayor proporción. Al levantar la vista de la joya, extrañamente pudo ver que desde el follaje en la orilla contraria, salía corriendo alguien, y ese alguien, era quien lo observaba escondido desde la vegetación. Logro ver a una mujer de cabellera muy clara, bastante larga, con una vestimenta extraña, de color rojizo y vetas claras, descalza, y la vio correr adentrándose en el bosque...

Entonces por naturaleza propia e intuición misma, decidió remar hasta ese lugar, para salir a buscar a esa persona. No debía haber nadie con esas características por estos lugares, salvo tuviese alguna razón que él no pudiese conocer. Remó a toda prisa, colocó la joya entre su camisa y dentro del kayak, a fin protegerla, y rápidamente se dirigía hacia la orilla en referencia...

Al llegar, subió el kayak hasta terreno firme, se colocó los pantalones, también la camisa y guardó la joya en el bolsillo del pantalón. Se amarró las trenzas de las botas y salió rumbo por el último sitio donde la vio adentrarse en el bosque. Podía rastrearla dadas sus habilidades en sus decenas de excursiones realizadas. Ella dejó muestras de su intempestiva salida...

Había transcurrido bastantes horas, debían ser cerca de las tres de la tarde, según la posición del sol. Era sábado, no había consumido alimento alguno y entendía bien,  eso no era bueno, ya que sus condiciones podían desmejorar prontamente. Pero así mismo no desistiría de averiguar quién es esa mujer, y porque lo observaba, que había detrás de todo este misterio. ¿Tal vez ella era parte de las respuestas?...

El rastro lo conducía hacia una zona del bosque que bordeaba en su totalidad al lago, casi al final del mismo. Había algo que lo tranquilizaba, ella no se adentró en el bosque, simplemente se fue por una ruta muy cerca a la orilla del lago. Las horas pasaban, el cansancio y el hambre hacían lo suyo, pronto llegaría nuevamente la noche, y se encontraba ahora bastante lejos del sitio donde dejo la embarcación. Y por la noche no debería intentar cruzar el lago. Tenía dos opciones, regresar y mantenerse en la orilla junto al kayak, hasta que amaneciera para retornar, o continuar con la búsqueda con más calma, hasta que el cansancio lo venciera, para luego descansar en alguna parte, y esperar amanecer para regresar. Esas eran las dos opciones. Pero ella, la misteriosa mujer, ya lo tenía en su vista...

Y solamente ella dejaría que llegase la noche, para encontrarse una vez más con su pasado, en una historia que no culminaría aun, en este presente...

sábado, 9 de abril de 2016

De Tentaciones al atardecer y Pasiones al anochecer - Capitulo V - (I parte)



Capítulo V – Sortilegios y encuentros de un pasado, en un presente...

 “La adrenalina que se siente al flotar en el cielo, desde un salto en caída libre, es tan adictiva como la continua búsqueda de esas sensaciones inexplicables, intangibles y a veces extrañas, que tenemos algunos, y que está enclavada en el rincón más oculto del alma”... 

Es así como he llegado a saborear, sentir, inhalar y alcanzar, todas aquellas búsquedas incesantes, a través del deporte, en mi formación, en mi trabajo, en los riesgos que he tomado, y en mi vida personal. Sin embargo aún sigo sin la compañía correcta, sin conseguir ese ingrediente faltante, sin hallar la ruta hacia esa extraña sensación, sin encontrar alguien quien pueda entender, acerca de esas ansias y de esos deseos, de buscar ese algo, que ni yo mismo he podido entender o explicar...

Son los pensamientos de un hombre, quien siempre ha tenido la intención de adentrase más y más en la búsqueda de algo que para él, quizás es inexplicable. Pretende irse a una montaña, buscando algo de paz a un alma y un espíritu incansable, inquieto, dispuesto a todo. Quién busca explicaciones, a esas extrañas sensaciones y sueños visionarios, vinculados a lo inimaginable, sorprendente, hasta inverosímil. Creyente y fiel a sus principios, con valores y determinación, para intentar encontrar satisfacer una ansiedad, acerca de tal vez algo intangible. Dualidad en su yo interno, ante el mismo y ante quienes lo rodean. Conocido en su círculo de amigos como un verdadero competidor innato, de sabiduría investigativa en aquellos aspectos intrínsecos de la vida y de más allá de la misma, y de esas personas que no les importan los riesgos que ha de tomar, con tal de alcanzar la ruta hacia eso desconocido que lo atormenta...

Es jueves y a punto de culminar un día extenuante. Una jornada trivial de una semana con diversas reuniones justificadas, hacia la concreción de los deberes y obligaciones laborales. Trabajador incansable y comprometido con el éxito. Pero como cada noche en los últimos años, totalmente un solitario. Una soledad que lo embriaga y lo envuelve, posiblemente por su propia naturaleza, quien lo invaden mil pensamientos y deseos, acerca de esa sensación que lo perturba y lo inquieta. Sus últimos años con respecto a su lado afectivo, no ha trascendido más allá de alguna que otra relación. Una soledad que lo ha llevado a experimentar y drenar, con deportes extremos, aventuras extraordinarias, y la necesidad de compensar esa falta de compañía, ese lazo íntimo, ese afecto humano y espiritual, con la adrenalina que siente al lograr superar, sus propios retos y limitaciones sobre lo convencional, aun cuando no se rinde en encontrar respuestas a...

Dispuesto a dormir lo necesario, o por lo menos intentarlo en ese momento. Mañana debía cumplir con una serie de compromisos pautados, y a las 3 de la tarde, finalizando su jornada laboral, tenía previsto partir rumbo a una excursión en solitario, hacia un área montañosa, tratando de atravesar un intrínseco bosque, por una ruta que lo conduce a través del sendero del río. Una cañada que descarga abajo en un apacible lago, pero que al mismo tiempo, lo ha de llevar por una ruta conocida de montañistas y alpinistas. No es frecuente salir a esa hora, pero el clima en la región estaba en su mejor momento, aunado al hecho de que está en el pináculo de la primavera, colorida y en su mejor esplendor...

Durante su dormitar, muy cerca al alba, entró en un estado de levitación y sosiego inexplicable, si comparamos con su estado natural anímico. Su naturaleza inquieta y de incesante búsqueda, lo mantienen en constante alerta y con cierto grado de alteración en su ser existencial. Sin embargo ese trance, ese sueño letárgico y reiterativo, lo llevó a navegar a través de una densa niebla, pasando por un silencio absoluto, por una ruta extraña pero atrayente y adictiva. Su corazón en tensa calma, sus sentidos en el sueño muy alertas, pero concentrado en una especie de llamada desde lejos, surcando un viaje hacia un destino incierto. Sensación de aventura, catarsis de encuentros, quizás fortuitos hacia lo desconocido. Miraba a su alrededor y solo veía la niebla. Bajo la mirada al fondo del agua, a un manto de un lago. Una luz apenas tenue sobre un fondo cristalino, de rocas calcáreas y rojizas, de pronto vio fijamente una pieza que brillaba sola, una especie de aros o anillos, con formas de serpientes, sobre la base de una pieza de roca casi blancuzca, con tonos algo color rosa, y en forma de una concha marina, lo suficientemente grande para evitar su presencia sobre el fondo del lago...

Intentó en su sueño mágico, zambullirse hasta el fondo del lago, pero había algo que se lo impedía, había algo en el ambiente que no le permitía ir por la joya. De la espesura de la niebla, surgió desde las sombras, una imagen difusa, el ahogado llamado de una dama. Una imagen de una mujer quien llamó poderosamente su atención. Alguien quizás que buscaba algo o necesitaba de alguien. Intentó alcanzarla inmediatamente, pero al mismo tiempo, dada su ansiedad de ir tras su llamado, esforzándose por llegar hasta ella, en esa misma medida, ella se alejaba más y más, y eso lo angustiaba, su corazón se aceleraba, su respiración se hacía casi incontenible, el esfuerzo físico al remar, para intentar no perder de vista, esa imagen misteriosa, esos ojos, ese grito pausado a un llamado. Casi era inevitable el perderse entre la densa niebla. Solamente le quedó gritar, gritar, y justo en ese momento, despertó al alba de esa mañana del viernes. Agitado y confuso despertó...

Al llegar a su oficina, entró algo más alterado de lo habitual. Lo notaron algunos de sus compañeros, sin embargo presumieron se trataba de su estado de ánimo habitual, de su escape a esa excursión en solitario al final de la tarde, o de la cantidad de compromisos pautados para ese día. No eran de extrañar esas salidas repentinas. Siempre estaba en aventuras poco convencionales, y esta vez volvía a hacerlo en solitario. Sin embargo presentía que se encontraría con algo, con alguien, o con un descubrimiento ineludible...

Bajo una agenda bastante comprometida, inicio la mañana asegurándose que todo lo pautado se atendiese, se concretasen los compromisos, y cerrar ese fin de semana, con los éxitos sistemáticos y continuos, acerca de su trabajo y su empeño por ser cada día mejor en su área. A su asistente le solicitó buscase prontamente, dos litros de agua “Evian”. Ella extraño la solicitud. Había agua mineral en el área de servicio de la oficina, sin embargo salió a buscarle las botellas, en virtud de esa marca específica. Los demás estaban ya en sus rutinas, sobre la marcha acelerada de las pautas ya previstas...

Transcurrió el día con el desarrollo normal en la oficina. Todos sus compañeros y asistentes de negocios, cumplían con todas sus obligaciones. Eran cerca de las 2 de la tarde. No había querido almorzar, para dejar cubierto todo lo previsto. Su secretaria le insistía en buscarle algo ligero para almorzar, una ensalada o un sándwich de atún, que era su favorito, pero se negaba mientras no terminase. Sin embargo ella lo conocía mejor que nadie, y ya se lo tenía reservado en el horno del cuarto de servicios. Donde todos calentaban sus almuerzos. No permitiría se fuese sin digerir algo a su organismo. Le apreciaba como persona y como su jefe…
Realmente cumplió antes de lo previsto su agenda. Eran las 2.25 pm. Aún le quedaban 35 minutos para repasar su itinerario, reposar un poco el agite del día, en no pensar más en el trabajo, y dedicarse un poco a su relax oportuno de 15 minutos del día. Una metódica y sana relajación, entre un poco de yoga y meditación, encerrado en su oficina, aislado de todos, y sin que nadie interrumpiese su rutina. Y de eso se encargaría su asistente personal. Nadie había de interrumpir esa ritual muy particular...

Durante su estado de meditación, le llegaron a sus pensamientos, esas imágenes difusas, de ese sueño repetitivo de años. Sin embargo en los últimos tiempos, eran más continuos e intensos, como tratando de señalarle o decirle algo en ese extraña fantasía. Mantuvo la calma, meditó minutos después de haberse comido el sándwich de atún, que le reservó su asistente, con dos copas de agua “Evian”, y entro a su mundo interior,  para dejarse llevar por las energías espirituales del relax y la seducción...

Partió tal como lo había previsto. Se despidió de todos. Su asistente lo abrazó tiernamente y le pidió se cuidase, y no fuese tentado por alcanzar algo más allá de sus limitaciones. Estaría solo y únicamente dependería de él, superar o retroceder en algún percance inesperado. Él le vio a los ojos y le manifestó, no se preocupase. “Es necesario salir a buscar respuestas”. Eso fue una conversación entre dos amigos en ese momento...

Una hora y algo más era el tiempo aproximado en moto, para llegar hasta el lugar donde iniciaría su curiosa y extraña excursión. Tal vez buscando algo de paz. Buscando respuestas. Buscando señales acerca de esos sueños que lo inducen a una aventura hacia lo desconocido. Extraño para otros, sin embargo para él, formaba parte de su espíritu, de su naturaleza misma, de su alma en pena, quien necesita imperiosamente respuestas, a lo largo de una vida de logros, de algunos fracasos que lo obligaron a superarse a sí mismo, y de una reputación bien merecida, que sin embargo para él, eso no tenía la importancia que los demás le otorgaban. Necesitaba encontrarse a sí mismo, y con ese misterio desconocido, donde fuese estuviera oculto. Su propósito era encontrarlo, y así comenzaba su aventura hacia lo hasta ahora aún inexplorado...

Dejo su extraordinaria moto en un parqueadero seguro, vigilada y bajo techo. Montó su morral, observo la ruta a lo lejos, miró su reloj y se percató, faltaba poco para las 6 de la tarde. Debía alcanzar su primera parada en dos horas y media aproximadamente. Había que caminar con cierta premura, para evitar la oscuridad y la tupida vegetación, retrasaran su arribo al lugar previsto. Al comenzar a caminar por el camino empedrado, a lo lejos le llamó poderosamente la atención, una extraña luz titilando, pero con un brillo muy visible. La luz estaba muy cerca de su ruta. Pensó en algún excursionista que se encontraba por esa área. Pero realmente no era así...

La noche comenzaba y había avanzado lo suficiente, de acuerdo a sus cálculos e itinerario. No se encontraba cansado, a pesar del peso del morral, de las condiciones de la ruta, y de la acumulación de trabajo de la semana. Paró su marcha un momento, para tomar un poco de agua mineral. Bajo el morral, Sacó la botella que había abierto en la oficina. Extrañamente volvió a visualizar esa misma luz, que anteriormente había visto, pero no tan lejos, ligeramente desviada de su ruta. Miró la cañada del río, y sabía que más adelante era donde tenía que desviarse, para encarrilar por un camino a través del bosque de pinos. Volvió a levantar la mirada, y se percató que titilaba aún con mayor intensidad. Pero se dio cuenta que esa luz era algo extraña. No era una lámpara, ni un mechero, ni un bombillo. Era otra forma lumínica, difusa, incandescente y móvil. Eso le dio mucha curiosidad, tanto que decidió a pesar de su itinerario, seguir la luz y descubrir que hay allá, que descubrirá, y que encontrará. Y eso extrañamente formaba parte de su ansiedad...

Siguió su marcha a través de unos escabrosos matorrales y entupidos troncos de pino sobre el pie de la montaña. Le costaba trabajo avanzar por la espesura y condiciones del área, pero comenzaba a sentir esa intensa adrenalina que lo llena de pasión y deseo por alcanzar a descubrir de que se trata todo esto. Lo intrigaba la extraña luz, esa presencia y la sensación de ir hacia lo desconocido o inexplicable. Las luces no andan solas como fantasmas, pero tenía que haber alguna explicación. Y deseaba encontrar respuestas...

A medida que avanzaba con ansiedad, sintiendo que se acercaba a ella, también percibía que la luz misma se distanciaba de él. Como indicándole que lo siguiese. Sabía que estaba entrando por senderos fuera de las rutas convencionales y marcadas en el área. Subía la montaña y había dejado atrás la cañada del río. Ya no escuchaba su sonido. Estaba montaña arriba y la luz emanaba su brillo, quizás a unos cien o ciento treinta metros de donde se encontraba. Miró su reloj y eran cerca de las 10 de la noche. Se había extendido y salido de su itinerario, sin saber a dónde terminaría todo esto...

La espesura y oscuridad del bosque, la escarpada subida, el peso del morral y la ansiedad jugaban un papel preponderante en su humanidad. Estaba a punto de rendirse, pero había algo en su alma que le impedía parar. Estaba exhausto, intentaría llegar a un mejor lugar, entendiendo si alcanzaba o no a la misteriosa luz. Pocos minutos después logró visualizar un pequeño claro despejado entre la montaña. Decidiría acampar y descansar. Ya su cuerpo no daba más. Bajo el morral, extendió la bolsa de dormir, saco algo para comer y encendió una pequeña fogata. La luz se difuminó, se perdió en la espesura del bosque. No sabía en qué parte se encontraba. Esperaría al amanecer, para tomar una decisión...

Ya cerca del alba, rendido ante el cansancio, volvió a transitar por el ensueño repetitivo, el navegar sobre ese lago, la densa niebla, el brillo de esa joya extraña en el fondo marino, el llamado de la dama entre la niebla, la persecución, los gritos en silencio, y al despertar repentinamente del aletargado sueño, contempló la luz tan cerca de él, que sentía el calor de su intensidad ante sus ojos...

Comenzaría la aventura extraña e inverosímil, nunca antes imaginada...