jueves, 11 de marzo de 2021

Capítulo XXI – Bajo la luz de las estrellas, bajo una mirada pérdida, bajo las melodías que vibran más allá de esta vida…

 

En ocasiones sientes nostalgia, sientes ese tintineo permanente en la mente, muy dentro, en el corazón, lo siente el alma, y hasta el espíritu indeleble, no sabemos porque suceden esas cosas, quizás no es por nuestro estado de ánimo, o como despertemos tan cerca del alba, tal vez es de esas cosas inexplicables, pero que realmente llegan hasta lo más profundo de nuestro ser...

Y algunos tal vez pregunten ¿Por qué?... Especulamos, idealizamos, imaginamos mil cosas y hasta un poco más, a veces nuestra mente se rebela y nos atrae hasta lo irracional, aunque el alma día a día combate en ese laberinto de escenas sin dudar, somos nosotros mismos que creamos ilusiones combinadas con elecciones mal previstas, somos nosotros mismos que buscamos lo que se nos ha perdido en donde no hay nada, pero siempre existirá ese alguien quien desde su escenario nos contagia de fe y esperanza, como ocasionalmente lo mantengo, para buscar la mejor ruta hacia ese oportuno destino...

La nostalgia es impredecible, así como la presencia de esos seres que marcaron un momento en nuestras vidas, a algunos solo nos quedan las imágenes plasmadas de esos momentos que se convierten en eternos, imágenes que nos permiten crear escenarios idealizados simplemente porque no estuvimos en ese momento dado… No importa, creo lo importante es que sirva de quizás excusa para dejar fluir pensamientos bonitos de un momento perfecto, en esta vida totalmente imperfecta, porque es parte de todo y hasta de nada al parecer...

No tuve esos momentos que jamás sustituirían un escenario creado de la ilusión e imaginación hasta continua, pero transformo su imagen a lo que hubiera sido hasta perfecto, como salido de esos cuentos, de esas historias que se escuchan, que se leen, que fluyen día a día, generando bienestar, algo de armonía, y un poco de paz en momentos preocupantes y hasta complicados...

Eso hace Sophía desde el lugar donde ahora pernocta, donde percibe el mundo en otra dimensión que desconocemos, eso hace esa pequeña niña que no precisamente se entienda no dejarla ir, porque no se trata de eso, se trata de sentir un poco de magia y de vibraciones sobre momentos que vivimos sin especulaciones, como al ver el cielo estrellado en esas noches silenciosas, imaginando que ella me mira, tal vez diciendo algunas cosas como ella siempre lo hacía, inesperado, sorprendente, muy imaginativa, ingenua y hasta inocente, pero que calaba en momentos realmente inherentes...

Tal vez es más de mí que de ella, tal vez solo intento interactuar a través de estas humildes letras como pensando en voz alta para que ella escuche lo que medito y hasta lo que imagino, tal vez son esas sensaciones de interrogantes, de remembranzas, de esa paz que eventualmente necesitamos, para pensar mejor en lo que buscamos, y así quizás me aferro a su imagen, a sus momentos, aun no estando presente pero que quedaron en muchos hermosos recuerdos, sobre todo de quienes compartieron esa porción de tiempo que Dios permitió viviese en este mundo tan complejo...

Para ella fue muy bonito, fue placentero, fue hermoso porque lo vivió como tal vez ella así lo quiso, lo disfrutó como especulaba yo desde muy temprano, cuando ya se anunciaba su llegada a estas tierras que la ampararon y recibieron, quizás ella planificó allá desde el cielo esos momentos de vida que ella deseó con mucha fuerza vivir en cada momento, y eso fue lo que marcó quizás para algunos, incluyéndome sin dudar, porque nos imaginábamos mil cosas de un futuro que nos hubiese gustado a algunos haberla visto y disfrutar, pero solo nos queda idealizarlo como un cuento tan benévolo, como una historia de un ángel llegado del cielo, hasta como una fábula donde interactúan los actores, creando y viviendo unos hermosos escenarios escenarios para emular una vida que hubiésemos querido tal vez haberla vivido junto a ella un poco más...

No hay perfección alguna en nuestro mundo, no hay perfección en nuestras acciones y reacciones, no hay perfección en nuestras elecciones y decisiones, siempre habrán consecuencias, buenas o no tan buenas, y habrá repercusiones de lo que hacemos y hasta de lo que dejamos de hacer, pero mientras mantengamos la fe, la esperanza y la idea de que alguien más allá de nuestra comprensión nos ve, nos escucha, nos conduce, y nos envían señales, simplemente terminamos de aceptar esas cosas inexplicables que definitivamente no queremos entender, para no enredar aún más nuestros pensamientos, y aferrarnos a solo aquello que nos mueve, que nos inspira, que nos conduce hacia un mejor camino, y eso precisamente yo interpreto, lo hago y permito sea ella, quien con sus gracias, con sus maromas, ocurrencias y desatinos, nos contagiaba y seguirá contagiando con asombro, sorpresa y alegría...

Ella debe estar jugando allá arriba como siempre quiso hacerlo, muy a pesar de que en su vida tuvo limitaciones a través de su corto camino, pero siempre entiendo así ella lo decía, siempre habrá una pelota, siempre habrá un motivo, siempre habrá la esperanza de jugar más allá de lo que tú imaginas y tal vez yo digo, ella tal vez baila y canta a toda su gente allá en el cielo, repercutiendo de espasmos, alegría y contagio hasta para el mismo Creador de este Universo, porque siempre fue así, a su manera, a su estilo, y cuando ella lo determinaría, y así quedó grabado esa imagen en mi mundo algo creativo, lo que me lleva quizás a mantener esta secuencia de una historia que no culmina, lo que me lleva a imaginar escenarios de un cómo me hubiese gustado, de un que yo hubiera querido, de un así hubiese sido, entre nuestras imperfecciones pero de momentos muy emotivos...

Obviamente siempre miro al cielo, sea de día, sea de noche, sin pensar, sin ningún motivo, especulando e imaginando tantas cosas que posiblemente hubiese vivido, imaginando que ella me observa tal vez diciendo “No te preocupes, todo saldrá bien”, y eso me mantiene, eso me complace y me lleva a escribir, a recrear un mundo un poco distinto, a creer que casi todo es posible, a esforzarme aún más en aquello que yo determino, a ver lo mejor de este mundo tan compulsivo, y aportar aunque con un granito de arena lo que realmente me gustaría sea bien recibido, convirtiendo ese esfuerzo y ese deseo en un impulso muy creativo, gracias a esa presencia que espiritualmente lo siento como ese yo vivo, como esa musa es a los pintores, como lo es a los escritores, a los creadores, y a los diferentes artistas que nos dejan mil sensaciones, y que gracias a esa motivación, imaginación y determinación, dejan una porción de su mundo interior, en esta vida imperfecta pero aun en constante crecimiento y evolución más allá del infinito...

Aquí estoy Sophía, aquí aún estamos cariño, aquí aun te recordamos, nos imaginamos, nos reímos, y hasta en ocasiones lloramos, tal vez en silencio, no con tristeza, sino con esa melancolía muy de nosotros, porque así somos nosotros, tan volubles y volátiles, tan imperfectos y hasta impredecibles, esperando siempre algo, propiciando en ocasiones esos momentos, imaginando tantos escenarios, como si fuésemos los directores de cada obra de teatro, como si estuviésemos de forma permanente resolviendo un crucigrama a través de nuestro abecedario imaginativo, intentando mover la pieza correcta del damero o del ajedrez en nuestro albedrío, somos lo que somos, imaginando tanto y tanto, que hasta de los recuerdos aun idealizo esos diversos escenarios...

Hoy se cumple un mes más Princesita, continua transcurriendo el tiempo aquí en vida, y permanece tu humilde escribano, quizás con un poco de nostalgia, con un poco de alegría de esa que tu contagias, con un poco de esperanza, relatando momentos, plasmando tal vez instantes de un ayer, de hoy, y hasta de un mañana, para mantener en vilo ese ánimo que me lleva más allá de lo que pienso e imagino, para que unos pocos lean, que tu recuerdo siempre yo mantengo vivo, y que esa sonrisa que te caracterizó en vida, sigue ahí latente en este mundo que transcurre día a día, porque desde mi rincón donde yo escribo, desde este mundo donde aun yo pernocto, siempre te voy a querer y amar hasta que algún día yo te vuelva tal vez a encontrar, y entonces quizás retomaremos lo que no pudo ser ayer... Simplemente Esdras...

 


 

miércoles, 10 de febrero de 2021

Capítulo XX – Quizás como en los carnavales, pero a la espera de que ocurran algunos milagros, de esos que nos recuerdan que ahí están y sin cuestionarlos…

 La última vez que te referí, fue en un contexto excepcional volcado de la imaginación, un como quisiera haberla visto, o un tal vez hubiera sido, sin embargo no descansan los pensamientos hipotéticos en escenarios desarrollados sobre actividades versadas a ese futuro que nos hubiese fascinado, o al presente espiritual donde quizás todo pudiera ser, sin determinar si realmente ha de así ser, y no como un trabalenguas, ni a la interpretación individual de cada quien, no, definitivamente no, es a la idealización colorida de una escena tal vez no tan teatral, ni de dramaturgia actoral, sino la de una Princesa que una vez quiso ser acá, pero en este momento es lo que es ella pero allá, donde todo definitivamente puede ser, aunque no lo podamos aseverar o constatar, y solo me quedaré con el que así por siempre será, en esta temporada tan peculiar...

Estuviste siempre en primera línea, como los personajes principales de un cuento colorido, de una pequeña obra de teatro, llena de humor, de alegría, de sorprendentes desafíos, de incuestionables escenarios que tal vez llenaban tus pensamientos al paso de un asombroso cometa, irresistible, sorprendente y mágicamente con ese poder que transmitías a cada gesto, a cada acción y reacción, incluso a cada respuesta tal vez para algunos intempestiva, pero muy de tu personalidad inequívoca, decisiva y hasta directa, sin pretensiones ni arrogancia, sin dejar de ser quién eras, porque así quedaste arraigada en la mente de quienes te recuerdan...

A mi mente solo llega ese traje, esa vestimenta de la niña bailaora, la de pañoleta roja sobre tu cabeza, de faralaos a la flamenca, inundada de bolas pintadas sobre el vestido a todo tu alrededor, intentando contonear tu cadera como la Princesa que más alegre era, la que intentaba cantar y bailar sin vergüenza ni tampoco pena, la que siempre hizo lo que le provocaba, la que no tenía pelos en la lengua para decir lo que quizás tú piensas, más allá del momento o de la circunstancia, la vida era como un carnaval, llena de momentos coloridos, llena de esas escenas que todavía representan lo más bello de esta tierra, esa que te vio nacer y la que te dejo simplemente ser...

Sin embargo allá donde ahora tú bailas a todo tren, donde te sientes tal vez la faraona en el mejor contexto de un cielo inundado de colores brillantes y de tu alegría contagiable, rindes tributo a tus fans, por quienes eventualmente aplaudirán cada momento, cada instante que te dejan alegrarlos sin dejar de ser lo que ahora ustedes son, simplemente el batallón de ángeles celestiales quienes cuidan y protegen sin mirar a qué o a quién, sin cuestionar y sin también dejarlo de hacer, siempre sonrientes hasta más no poder y en ocasiones hasta sin parar, alejando las tristezas y las melancolías, motivando con pericias y no ajenas a tantos inocentes ángeles que siempre bajarán a atender, a nosotros los simples mortales, que en una gran mayoría de los personajes terrenales, necesitamos de ese milagro oportuno para que intentemos ver la vida como un momento finito, corto, asombroso y emotivo, donde aprendemos, enseñamos, queremos y nos motivamos, a pesar de y en contra de, porque esa es nuestra tarea, como la de ustedes es la de estar ahí presentes, quizás en el anonimato espiritual, donde no los podemos ver, pero entendiendo que su presencia siempre será bienvenida y aceptada como alivio y principio incuestionable...

Días atrás le comentaba a una persona quien pasaba por un trance de esos preocupantes, que cada día en cualquier parte de este vasto planeta, ocurren milagros, sin importar de donde vienen o como llegan, y de qué forma en ocasiones el ser humano también interviene, porque circunstancialmente ha de ser así; los milagros son petitorios de muchos creyentes, son escenarios omnipresentes en situaciones adversas, y que todos debemos de una u otra manera provocar, propiciar, aupar a ese universo insoslayable acerca de su confabulación, cuando nos aferramos a ello sin importar qué, cómo y el porqué, simplemente es y será una necesidad imperiosa en momentos determinantes...

Días después se presenta otra situación similar con otra persona pero con pronósticos más alentadores, sin embargo no dejamos de pensar en los dichosos milagros, porque siempre serán un aliciente, una carta bajo la manga, una esperanza para el desamparado espiritual y existencialmente...

De esa manera y por esas cosas de la vida se vuelve a presentar otro escenario tan similar, que definitivamente llegamos a entender que parte de la solución estaba atada si se quiere expresar de esa manera a un milagro más, al punto que algunos acudimos para orar a favor de ese escenario, porque siempre valdrá la pena el esfuerzo y el petitorio espiritual y hasta desmedido, para intentar moralmente ayudar a sobre llevar esas penas que en ocasiones son tan pesadas y casi inalterables...

Entonces es cuando oportunamente estos seres aparecen, porque a través de ese batallón de ángeles, ellos llegan sin cuestionar, ellos acuden sin mirar atrás, ellos ahí están, y entre ellos mi adorable faraona, mi Princesa de Chocolate, quien trae sonrisas para aliviar la melancolía, quien a pesar de no poder verla, su presencia es casi inalterable, es una sensación poco explicable, sé que está presente así no se entienda, propiciando lo necesario, colaborando con las penas terrenales, donde solo visualizo su sonrisa adorable y recordando siempre “No te preocupes, todo estará bien”, porque así ella lo decía, y así de esa manera se combinan los esfuerzos de los seres humanos en este contexto existencial, quienes hacen todo lo que pueden en esos momentos circunstanciales, junto al complemento de estos seres espirituales, quienes colaboran junto al universo para confabular todo a favor de lo indescifrable...

Vuelve a la palestra lo que en ocasiones volcamos sobre la mesa, las circunstancias, las necesidades, el momento, los avatares, la esperanza frente a la melancolía, las lágrimas frente a las sonrisas espirituales, el cielo gris en esos momentos, frente al colorido despliegue de esos carnavales, no propiamente los conocido por todos en estas fechas tan memorables, sino aquellos que aun no estando en esos contextos tan particulares, encontramos las formas de interpretarlos como una analogía sincronizada entre un mundo real, existencial y a veces tan abismal, y un mundo espiritual, mágico, sublime y hasta excepcional, donde se juegan roles poco evidentes, pero donde todo sincroniza a una interpretación casi digna de la mejor obra de teatro, donde nada es al azar, ni a la suerte, mucho menos a la casualidad, y donde cada personaje marcado por una tragedia, debe y está realmente desde su ser interior colaborar y mentalizarse a expulsar los pensamientos negativos, melancólicos y hasta trágicos de su mente, y coadyuvar a subir sus penas e intercambiarlas con un ápice de alegría para permitir que su vida sea pintada nuevamente con los colores llamativos del arcoíris o del carnaval más peculiar de su experiencia de vida, porque definitivamente la vida está llena de colores, y aún existe mucho por ver, sentir y disfrutar...

Siempre se ha dicho “Al mal tiempo buena cara”, pues definitivamente debe ser así, a pesar de todo y hasta de lo que esté en contra, porque los milagros, los colores y los desafíos siempre están presentes en el contexto de nuestras vidas, y sé muy bien que Sophía forma parte de esa legión de Ángeles, de ese grupo de guerreros que siempre estarán presentes ayudándonos a salir de los atolladeros donde en ocasiones nos quedamos temporalmente atrapados, donde creemos a veces que el mundo se ha terminado, pero donde jamás la esperanza claudicará a esa oportunidad de continuar en vida y verla de una manera diferente...

He reiterado en ocasiones que la centuria es una meta, y tal vez un poco más, he reiterado mi deseo abiertamente de continuar viendo cosas que aún faltan por ver, por sentir y probar, le he manifestado a mi Princesa oportunamente que algún día la volveré a ver, pero que mientras aun este por estos lares, pretendo atender asuntos pendientes y ayudar a quien así crea oportuno y conveniente, que la vida es muy corta para dejar a un lado tantas y tantos escenarios aun por vivir, y que en la medida de todo pretendo dejar un poco de cada cosa que he vivido sin cuestionar, y que ella siempre será esa musa por quien todo me inspira a desafiar, e intentar todo a lo que deseo lograr, a mi bailaora de flamenco, la de la pañoleta roja y los faralaos, la del taconeo en tiempos de carnaval, y que más tarde que temprano la verá allá, en ese mundo donde sé muy bien ahí está, mi niña bella, mientras este humilde escribano tenga fuerzas, conciencia y voluntad, he de verte como lo describo generalmente en este escrito, este que llevo y publico cada mes al cumplir tu fecha de partida, pero siempre intentando ver tu bella sonrisa y tus intempestivos gestos que marcaron tu vida...

 Hoy un poco de mí, como siempre un poco de ti, un poco de otros que forman parte de mi vida, y como un gesto humilde para intentar motivar a quien están identificados con estas palabras, que todo pasa siempre por alguna razón, que no somos quién para cuestionar y dejar que las circunstancias nos opaquen, que mientras exista convicción, valor, voluntad y deseo, todo realmente se podrá, y que definitivamente a la mente debemos disciplinar, alejando los pensamientos negativos y las escenas trágicas que ocasionalmente llegan sin evitar, que es cuestión de practicar, que aún tenemos mucho que dar, y que todavía nos falta por mirar, y no solamente por mirar...

Gracias Princesa, gracias por guiarme, gracias por ser mi pequeña musa, gracias por ser en ocasiones mi inspiración y por permitirme intentar ser mejor que ayer, con mucho amor y cariño, tú más querido escribano quien por siempre intentará dar lo mejor… Esdras...

 


 

domingo, 10 de enero de 2021

Capítulo XIX – En una mañana nublada y lluviosa de Enero, y una breve Historia Fabulada…

 

Mientras caminaba bajo ese manto frío, con un rocío de llovizna y mucha niebla esparcida sobre la zona, por oca por donde pernocto y habito, meditaba en el ínterin de mi andar acerca de esa composición que acompaña cada día DIEZ de cada mes, en la ocasión de esa ausencia que cambio para algunos una manera de vivir esta vida, sobre todo para quienes estuvieron hasta ese último día ahí presentes. En mi caso particular lo tomo a título personal, quizás por algo que en ocasiones no logro terminar de descifrar, sin embargo si existe algo que me trae mucho placer y una razón para continuar realizando esta historia de nunca acabar (por lo menos mientras disponga de la creatividad, fuerza y emoción para hacerlo), que es la de componer relatos, algunos bajo lo escuchado por otros intentando darle un giro casi especial y hasta divertido a pesar de todo, en otros con un componente espiritual y de ensoñación, de esas vivencias que tal vez vivimos algunos al cruzar el umbral desde nuestra realidad a la de los sueños, y en algunos momentos intentando crear un escenario desde un universo diferente, con esos matices de ficción, de ilusión, esperanza y amor, simplemente para dejar plasmado esa motivación que me lleva a ese éxtasis de hacerlo con tal emoción...

Tal vez hoy no sea un día de recuerdos fugaces o de ese pasado que marcó una breve historia de vida inalterable hasta que duró, tal vez sea un día de ingenio, de creatividad y una ocasión para intentar narrar una breve “Historia Fabulada”, acerca de una linda y perspicaz perrita llamada “Lulú”, y un Ángel que bajo del reino de los cielos quizás a “Curiosear y Aprender de esta Vida Terrenal”, dada las innumerables lecciones del Maestro Creador, a través de sus citas, de todas aquellas ocasiones junto a todos sus discípulos y legión de Ángeles quienes escuchan todos los días de sus palabras acerca de la FE y el AMOR, acerca de la ESPERANZA, y desde un universo donde absolutamente todo se desenvuelve con ese toque esperanzador de que nada sucede al azar, por casualidad y menos a la suerte de quienes habitan en este mundo de manera limitada y temporal, porque definitivamente ha estado escrita así desde la creación...

Fueron tantas las sesiones y ocasiones donde el Maestro como leal y hábil conductor de esas clases casi magistrales, de todos esos momentos elocuentes, amenos y llenos de esperanza les manifestaba que la vida fuera del reino celestial no podía ser perfecta, que había creado las herramientas necesarias para que cada ser viviente desarrollase sus propias estrategias de desarrollo en un hábitat natural y de convivencia, entendiendo que en la viña del señor deberá haber de todo, así fuese controversial y hasta contradictorio...

Obviamente aquí en este mundo y allá en aquel imaginario y espiritual, sucedía lo mismo, en términos de curiosidad, ingenuidad y suspicacia, siempre existirán aquellos seres inquietos, susceptibles, curiosos y hasta atrevidos, en querer ir más allá de su propia naturaleza y sensibilidad, preguntando acerca de lo desconocido en ocasiones, e intentando generar a través de su autenticidad un enfoque tal vez distinto, y explorando más allá de su propia realidad...

Los retos del Maestro definitivamente no han tenido límite hasta los actuales momentos, y tal vez nunca lo tendrán, más allá de una breve apreciación literaria o una interpretación particular adoptada bajo ese sueño esperanzador de equilibrio, armonía y paz que desde cualquier punto de vista algunos busquemos encontrar...

“Lulú” se llamaba una linda perra de pelaje beige, de color arena, mediana de tamaño, cola ligeramente levantada y de buen pelaje, orejas algo largas y caídas, ojos ocultos bajo una pequeña maraña de pelos, y un instinto de supervivencia natural, donde aprendió a entender en ese límite de tiempo vivido, que no todo es lo que parece y que hay tanta generosidad como maldad en este mundo tan particular, así compartió momentos de alegría, tristeza y compañía entre dos familias que la adoptaron en parte de su tiempo de crianza y formación, pero como sucede en ocasiones, nada dura para siempre y para ella fueron experiencias que simplemente le permitió entender a pesar de las circunstancias...

Por otro lado y desde ese universo espiritual, en ese grupo de leales ángeles pertenecientes a la legión de héroes espirituales del Maestro, había uno que siempre marcaba diferencia, curioso por naturaleza, a veces impertinente y atrevido, espontaneo y hasta directo, obediente dentro de la sensatez y control, pero definitivamente locuaz, benevolente y generoso, lo que le permitía al Maestro a ser condescendiente con él en muchos casos, por esa naturaleza tan particular y ejemplar...

Por supuesto todo lo que sucede en este mundo terrenal y en el universo espiritual, en este asombroso firmamento, a veces inexplicable y hasta controversial, tiene una razón de ser y es de conocimiento sin discusión del Sumo Creador, tanto desde lo benevolente y placentero, hasta lo cruel y perverso, entendiendo para su criterio donde ha de intervenir, porque, cuando, como y hasta en qué, y por supuesto donde no participa así le duela tan profundamente, porque así lo concibió para él y para los seres vivientes...

Ese “Ángel” a quien referimos en esta breve historia, el Maestro lo llamaba Zantheé y una de sus peticiones era bajar al mundo terrenal desde el reino de los cielos para ver, sentir y vivir hasta en carne propia las emociones y experiencias de quienes él veía como ingenuos y hasta ególatras en un mundo maravilloso y hermoso como el Supremo Creador lo había concebido, sin lograr entender y aceptar de esas innumerables historias relatadas por su Maestro, acerca de las elecciones, decisiones y vida temporal asignada a cada uno de ellos, y sus consecuencias en ese proceso de creatividad y crecimiento terrenal...

Cierto día en un tiempo irreverente y hasta oportuno, el Maestro decidió juntar a Lulú y a Zantheé en un espacio de tiempo compartido, en un locación idónea para que ambos juntasen experiencias, motivaciones y fuerzas, para así mostrarle tanto a Zantheé y a la pequeña Lulú, un pequeño animal con alma de sobreviviente, que nada es lo que parece, y que a pesar de las circunstancias y controversias, todo puede tener una lección aprendida, y una implementación de enseñanzas hasta en los contextos más extraños e irreverentes...

Obviamente Zantheé bajó al mundo terrenal convertido en el espíritu de un joven adolescente un poco complicado, un chico que le ha tocado vivir y crecer en un contexto complejo, sin apoyo para contribuir a su necesidad de crecer con una visión de progreso y algo de calidad de vida, con un padre de naturaleza poco confiable y relativamente poco comunicativo, sin una madre porque ella murió cuando él nació, y por ende fue criado más por una abuela con muchas limitaciones al estilo matriarcal, donde de acuerdo a las condiciones y circunstancias todo se hacía según la necesidad y conveniencias...

Zantheé llegó a compartir su espíritu en el cuerpo de un alma impotente, frustrada y dolida, con muchas cicatrices en su corta vida, pero con una amplia sensibilidad de generosidad, de carácter benévolo y aun con esos matices de esperanza para lograr alcanzar aunque fuese una pequeña meta en su corta vida, esa de cambiar para bien y ser alguien totalmente diferente a pesar de las circunstancias...

“Lulú” se mantenía en las calles, lamentablemente abandonada desde un poco menos de seis meses por la familia quien la tenía, sus últimos cuidadores, dejada en un parque urbano, desde allí ella aprendió a defenderse hábilmente de otros canes depredadores y sobrevivientes de la calle, de esos canes que nunca tuvieron un hogar, concebidos dentro del caos urbano y a riesgo propio se pudiera decir, así ella lograba comer de las sobras depositadas en contenedores de basura, en algunos sitios donde algunas personas, transeúntes y hasta indigentes le daban de comer; por supuesto ella se encontraba algo sucia y descuidada, con mucho pelaje enredado, grasoso y hasta largo, pero eso no le impedía su rutina diaria de supervivencia...

Cierto día algo soleado, con algo de tráfico vehicular por estas calles de esta populosa ciudad a la que no citaré en referencia, el chico a quién le llamaban acá en este mundo Seba (diminutivo de Sebastián), deambulaba por las calles luego de salir de su rutina escolar, se encontraba cursando el último año de escolaridad juvenil para intentar ingresar dentro de lo posible a alguna Universidad, y cursar alguna carrera profesional, aun sin poder establecer cual ni como alcanzaría eso, entendiendo que quizás sus notas no eran las mejores, pero tampoco las peores para ello, lo que siempre lo colocaba en una posición dubitativa y hasta estresante, dada también su condición familiar, donde no existía ni el estímulo, las condiciones, como la orientación debida...

Ese día había realizado las consultas pertinentes a algunos profesores acerca de su elección y paso siguiente para intentar cursar alguna carrera que le permitiese medianamente lograr una mejor calidad de vida, y salir de ese contexto donde siempre ha estado, por supuesto que el chico tenía ciertas destrezas en algunos aspectos, mientras que otras por la falta de orientación no le permitían inclinarse o evaluar posibilidad alguna, y ya estaba muy cerca de presentar la prueba de aptitud para postular esa posibilidad de ser aceptado en una Institución Universitaria...

Por otro lado “Lulú” deambulaba libre por la calle, observando todo, en ocasiones se sentaba únicamente para ver la reacción de las personas de la calle, ver como caminaban, como hablaban entre ellos, incluso las discusiones ocasionales, como otros se tomaban de las manos, como lo hacían a través de sus aparatos llamados celulares, y hasta aquellos que hablaban solos, quizás dada ciertas circunstancias acerca de esas reacciones, e inclusive veía la particularidad del caminar a las personas, algunos de forma rápida y otros pausadamente, como si no tuviesen preocupación alguna, porque los animales y sus instintos ocasionalmente saben cuándo alguien está preocupado, ella también observaba a los niños, algunos intentaban acariciarla, pero se acercaban con recelo pensando que ella podía reaccionar de forma arisca y hasta agresiva dada su apariencia como un can de la calle, pero con una pequeña diferencia, ella llevaba un pequeño collar con un “Dije” que llevaba su nombre, un collar que le colocó su primera familia adoptiva...

En este ínterin de seres tal vez con “Preocupaciones” y hasta similares, a nivel casi de supervivencia aun en condiciones diferentes, con hasta deseos de cambios, con esperanzas abrumadas, con imágenes y sentimientos encontrados, con sensaciones controversiales llegan a cruzarse por estos caminos interminables; Seba sentado en una banca de una parada de transporte público (de esas que pocas quedan en esa ciudad), dubitativo, cabizbajo, muy pensativo y hasta algo triste, y Lulú no muy lejos venía en esa dirección casi a nivel de trote, simplemente deambulando en la búsqueda de quien sabe qué como muchos perros de la calle; repentinamente ella detuvo su marcha, miro a ambos lados de la calle, miró atrás, y luego lo miró fijamente a él, se sentó, algunas personas transeúntes miraron extrañados la posición del animal pero no se detuvieron a ver la continuación de la escena, escena que ya estaba escrita desde ese sitio donde otros no pueden ni tan siquiera imaginarse lo que sucede ocasionalmente por alguna razón...

Seba sacó de su mochila o morral juvenil (como muchos hoy llevan consigo), una galleta, envuelta en un paquete de estos comerciales bastante llamativos, de color blanco con rojo, era un waffle cubierto de chocolate, relleno de vainilla y chocolate, muy conocido en el medio local, él miraba la golosina y al mismo tiempo miraba al cielo; Lulú mantenía fija la mirada sobre el chico, giraba la cabeza como preguntándose “¿Y ahora que se trae este, que tiene, por que esta tan triste?”...

Seba y Zantheé comienzan a interactuar internamente, un alma entristecida y un espíritu emancipado por cambiar el rumbo de un corazón frustrado, un cuerpo lleno de insatisfacciones, en un contexto controversial sin un rumbo definido; a pocos metros un animal con instinto de protección, una superviviente del caos a punto de dar un giro a su escasa comprensión, en un mundo de humanos contradictorios pero interesantes por su misma naturaleza y determinación, ella siente la tristeza en él, y siente una innegable necesidad de afecto, estímulo y visión para emprender las cosas hacia un mundo mejor...

Él coloca la mochila a sus pies, mira fijamente el empaque y se pone a leer el contenido y procedencia del producto, curioso por naturaleza en ambos seres que conviven en un cuerpo a punto de ser motivado hacia otro nivel; ella se levanta, se coloca en cuatro patas con la firme intención de intentar acercarse hasta el chico, obviamente con la necesidad de dar y recibir ese afecto que ha extrañado en meses y en ese mismo momento como por arte de magia, esa magia subliminal y milagrosa que en ocasiones los humanos necesitan, ambos se ven, ambos mueven la cabeza de la misma manera, hacia un lado y hacia el otro, ambos agudizan su mirada y mueven la lengua para tragar saliva simultáneamente como preguntándose “Es cierto lo que veo”, él se levanta de la banca, se encuentra solo, ella levanta la cola y la sacude, él levanta con su mano derecha el empaque con la galleta y se agacha para recoger con la mano izquierda la mochila que está a sus pies, ella emite un gruñido pero de emoción por la mirada y reacción de él, él la invita a venir con la mano y en ese momento la vía está totalmente despejada y libre para cruzarla, ella le ladra, él la anima y le dice “Ven”, ella vuelve a ladrar y gruñir pero esta vez de satisfacción y alegría, él se sienta y abre el empaque para sacar la galleta, ella gira alegre en su sitio gruñendo y ladrando, el parte una porción y se la lleva a la boca para degustarla y siente un placer algo especial, tal vez el sabor del chocolate, el instante o la motivación con el animal, ella continua ladrando y brincando con sus patas delanteras, y entonces él parte otra porción de la galleta y se la ofrece, es entonces cuando ella arranca en carrera hacia él para acercarse...

Y desde una ventana de un apartamento muy cercano a esta escena, alguien observa todo, absolutamente todo con una aguda curiosidad por la manera como todo surgió, desde que él llegó a esa parada de transporte público, e inclusive desde que el animal se detuvo a unos veinticinco metros aproximadamente del chico; fue como si las circunstancias y mágico momento estuviese sincronizado con el universo para juntar almas silentes, solitarias y entristecidas por las circunstancias de sus vidas y regalarles ese ápice de esperanza que a veces necesitan para dar un pequeño giro a sus vidas, de esta manera se encontraba en un momento como congelado en el tiempo, observando una escena nunca antes vista, y menos imaginada de dos seres vivos que nada tenían que ver entre ellos y menos con quien los observaba, simplemente como cualquier espectador en una obra de teatro...

Lulú llega alegre ladrando y buscando las caricias de Seba, él motivado y hasta sorprendido le da el trozo de galleta en la boca, y se percata que es una perra y que tiene un collar con un pequeño “Dije”; ella gustosamente se come la galleta oliéndola previamente (como hacen todos los perros), y lo mira con ternura y emoción, dilatando sus pupilas y bajando aún más sus largas y peludas orejas, él logra tomar con delicadeza el dije y lee “Lulú”, y se sorprende, entonces él le habla y le dice “Lulú, ese es tu nombre”, ella responde inmediatamente con un ladrido, y continua ese encuentro extraño, mágico y alegre, a pesar de sus circunstancias e historias diferentes...

Quien observa todo desde la ventana desde un segundo piso de un apartamento muy cercano al frente de la parada de transporte público, decide bajar rápidamente por las escaleras y cruzar la vía de automóviles para acercarse e intentar comprender lo que sucedió en ese lugar, aun entendiendo que él es un completo desconocido, que el animal es un perro de la calle y que su condición como espectador le limita a interactuar de forma abierta, sin embargo su propia naturaleza intempestiva, de esas curiosidades inexplicables y atrayentes, le obligan a actuar para comprender muchas de esas cosas que suceden a nuestro alrededor…

Llega y los encuentra a los dos en el mejor estado de ánimo, el animal y el chico, juntos, alegres, estimulados como dos seres que estuvieron destinados para juntos estar, se presenta narrándole a él lo que apreció desde la ventana desde el momento que todo comenzó, sin dejar de hablar, sin poder parar, de manera sorprendente, la perra tranquila sentada prestando atención tal cual oyente, hasta que su discurso termina y entonces se presenta formalmente, diciéndole lo siguiente “Lo siento si fue inoportuno el momento pero no podía dejar pasar lo que vi, lo que pude apreciar, lo que me transmitió, mi nombre es Sophía, pero todos me llaman Sophy”, un placer…

Esa es la historia que yo hubiese querido escuchar, esa es la historia que me hubiese gustado plasmar, porque la moraleja de esta historia fabulada, es que no importa el lugar, no importa el contexto, no importan las circunstancias, desde el cielo, desde el universo, desde la creación de la vida, hay mil y una historia escritas acerca del amor y las esperanzas, y que todo quizás pudo haber sido así, o tal vez de otra manera, pero igual de mágico y hasta universal, y que más allá de este contexto, aun en el reino de los cielos, quisiera tuvieses tú una historia tan bonita y tan particular mi niña, esta te la dedico a ti en este día tan particular, porque he comenzado un nuevo ciclo en este momento de vida que todavía intento alcanzar, desde aquí, desde mi ingenio y creatividad, desde esa inspiración que me lleva a esos extraños lugares, tu fiel narrador de historias, quien te escribe y te amará eternamente, Esdras...