Mientras caminaba
bajo ese manto frío, con un rocío de llovizna y mucha niebla esparcida sobre la
zona, por oca por donde pernocto y habito, meditaba en el ínterin de mi andar acerca
de esa composición que acompaña cada día DIEZ de cada mes, en la ocasión de esa
ausencia que cambio para algunos una manera de vivir esta vida, sobre todo para
quienes estuvieron hasta ese último día ahí presentes. En mi caso particular lo
tomo a título personal, quizás por algo que en ocasiones no logro terminar de
descifrar, sin embargo si existe algo que me trae mucho placer y una razón para
continuar realizando esta historia de nunca acabar (por lo menos mientras
disponga de la creatividad, fuerza y emoción para hacerlo), que es la de componer
relatos, algunos bajo lo escuchado por otros intentando darle un giro casi
especial y hasta divertido a pesar de todo, en otros con un componente
espiritual y de ensoñación, de esas vivencias que tal vez vivimos algunos al
cruzar el umbral desde nuestra realidad a la de los sueños, y en algunos momentos
intentando crear un escenario desde un universo diferente, con esos matices de
ficción, de ilusión, esperanza y amor, simplemente para dejar plasmado esa motivación
que me lleva a ese éxtasis de hacerlo con tal emoción...
Tal vez hoy no sea
un día de recuerdos fugaces o de ese pasado que marcó una breve historia de
vida inalterable hasta que duró, tal vez sea un día de ingenio, de creatividad
y una ocasión para intentar narrar una breve “Historia Fabulada”, acerca de una
linda y perspicaz perrita llamada “Lulú”, y un Ángel que bajo del reino de los
cielos quizás a “Curiosear y Aprender de esta Vida Terrenal”, dada las
innumerables lecciones del Maestro Creador, a través de sus citas, de todas
aquellas ocasiones junto a todos sus discípulos y legión de Ángeles quienes escuchan
todos los días de sus palabras acerca de la FE y el AMOR, acerca de la
ESPERANZA, y desde un universo donde absolutamente todo se desenvuelve con ese
toque esperanzador de que nada sucede al azar, por casualidad y menos a la
suerte de quienes habitan en este mundo de manera limitada y temporal, porque
definitivamente ha estado escrita así desde la creación...
Fueron tantas las
sesiones y ocasiones donde el Maestro como leal y hábil conductor de esas
clases casi magistrales, de todos esos momentos elocuentes, amenos y llenos de
esperanza les manifestaba que la vida fuera del reino celestial no podía ser
perfecta, que había creado las herramientas necesarias para que cada ser
viviente desarrollase sus propias estrategias de desarrollo en un hábitat
natural y de convivencia, entendiendo que en la viña del señor deberá haber de
todo, así fuese controversial y hasta contradictorio...
Obviamente aquí en
este mundo y allá en aquel imaginario y espiritual, sucedía lo mismo, en
términos de curiosidad, ingenuidad y suspicacia, siempre existirán aquellos
seres inquietos, susceptibles, curiosos y hasta atrevidos, en querer ir más
allá de su propia naturaleza y sensibilidad, preguntando acerca de lo
desconocido en ocasiones, e intentando generar a través de su autenticidad un
enfoque tal vez distinto, y explorando más allá de su propia realidad...
Los retos del
Maestro definitivamente no han tenido límite hasta los actuales momentos, y tal vez
nunca lo tendrán, más allá de una breve apreciación literaria o una
interpretación particular adoptada bajo ese sueño esperanzador de equilibrio,
armonía y paz que desde cualquier punto de vista algunos busquemos encontrar...
“Lulú” se llamaba
una linda perra de pelaje beige, de color arena, mediana de tamaño, cola
ligeramente levantada y de buen pelaje, orejas algo largas y caídas, ojos
ocultos bajo una pequeña maraña de pelos, y un instinto de supervivencia
natural, donde aprendió a entender en ese límite de tiempo vivido, que no todo
es lo que parece y que hay tanta generosidad como maldad en este mundo tan
particular, así compartió momentos de alegría, tristeza y compañía entre dos
familias que la adoptaron en parte de su tiempo de crianza y formación, pero
como sucede en ocasiones, nada dura para siempre y para ella fueron
experiencias que simplemente le permitió entender a pesar de las
circunstancias...
Por otro lado y desde
ese universo espiritual, en ese grupo de leales ángeles pertenecientes a la
legión de héroes espirituales del Maestro, había uno que siempre marcaba
diferencia, curioso por naturaleza, a veces impertinente y atrevido, espontaneo
y hasta directo, obediente dentro de la sensatez y control, pero
definitivamente locuaz, benevolente y generoso, lo que le permitía al Maestro a
ser condescendiente con él en muchos casos, por esa naturaleza tan particular y
ejemplar...
Por supuesto todo lo
que sucede en este mundo terrenal y en el universo espiritual, en este
asombroso firmamento, a veces inexplicable y hasta controversial, tiene una
razón de ser y es de conocimiento sin discusión del Sumo Creador, tanto desde
lo benevolente y placentero, hasta lo cruel y perverso, entendiendo para su
criterio donde ha de intervenir, porque, cuando, como y hasta en qué, y por
supuesto donde no participa así le duela tan profundamente, porque así lo
concibió para él y para los seres vivientes...
Ese “Ángel” a quien
referimos en esta breve historia, el Maestro lo llamaba Zantheé y una de sus
peticiones era bajar al mundo terrenal desde el reino de los cielos para ver,
sentir y vivir hasta en carne propia las emociones y experiencias de quienes él
veía como ingenuos y hasta ególatras en un mundo maravilloso y hermoso como el
Supremo Creador lo había concebido, sin lograr entender y aceptar de esas
innumerables historias relatadas por su Maestro, acerca de las elecciones,
decisiones y vida temporal asignada a cada uno de ellos, y sus consecuencias en
ese proceso de creatividad y crecimiento terrenal...
Cierto día en un
tiempo irreverente y hasta oportuno, el Maestro decidió juntar a Lulú y a
Zantheé en un espacio de tiempo compartido, en un locación idónea para que
ambos juntasen experiencias, motivaciones y fuerzas, para así mostrarle tanto a
Zantheé y a la pequeña Lulú, un pequeño animal con alma de sobreviviente, que
nada es lo que parece, y que a pesar de las circunstancias y controversias, todo
puede tener una lección aprendida, y una implementación de enseñanzas hasta en
los contextos más extraños e irreverentes...
Obviamente Zantheé
bajó al mundo terrenal convertido en el espíritu de un joven adolescente un
poco complicado, un chico que le ha tocado vivir y crecer en un contexto
complejo, sin apoyo para contribuir a su necesidad de crecer con una visión de
progreso y algo de calidad de vida, con un padre de naturaleza poco confiable y
relativamente poco comunicativo, sin una madre porque ella murió cuando él
nació, y por ende fue criado más por una abuela con muchas limitaciones al
estilo matriarcal, donde de acuerdo a las condiciones y circunstancias todo se
hacía según la necesidad y conveniencias...
Zantheé llegó a
compartir su espíritu en el cuerpo de un alma impotente, frustrada y dolida,
con muchas cicatrices en su corta vida, pero con una amplia sensibilidad de
generosidad, de carácter benévolo y aun con esos matices de esperanza para
lograr alcanzar aunque fuese una pequeña meta en su corta vida, esa de cambiar
para bien y ser alguien totalmente diferente a pesar de las circunstancias...
“Lulú” se mantenía
en las calles, lamentablemente abandonada desde un poco menos de seis meses por
la familia quien la tenía, sus últimos cuidadores, dejada en un parque urbano, desde
allí ella aprendió a defenderse hábilmente de otros canes depredadores y
sobrevivientes de la calle, de esos canes que nunca tuvieron un hogar,
concebidos dentro del caos urbano y a riesgo propio se pudiera decir, así ella
lograba comer de las sobras depositadas en contenedores de basura, en algunos
sitios donde algunas personas, transeúntes y hasta indigentes le daban de comer;
por supuesto ella se encontraba algo sucia y descuidada, con mucho pelaje
enredado, grasoso y hasta largo, pero eso no le impedía su rutina diaria de
supervivencia...
Cierto día algo
soleado, con algo de tráfico vehicular por estas calles de esta populosa ciudad
a la que no citaré en referencia, el chico a quién le llamaban acá en este
mundo Seba (diminutivo de Sebastián), deambulaba por las calles luego de salir
de su rutina escolar, se encontraba cursando el último año de escolaridad
juvenil para intentar ingresar dentro de lo posible a alguna Universidad, y
cursar alguna carrera profesional, aun sin poder establecer cual ni como
alcanzaría eso, entendiendo que quizás sus notas no eran las mejores, pero
tampoco las peores para ello, lo que siempre lo colocaba en una posición
dubitativa y hasta estresante, dada también su condición familiar, donde no existía
ni el estímulo, las condiciones, como la orientación debida...
Ese día había
realizado las consultas pertinentes a algunos profesores acerca de su elección
y paso siguiente para intentar cursar alguna carrera que le permitiese
medianamente lograr una mejor calidad de vida, y salir de ese contexto donde
siempre ha estado, por supuesto que el chico tenía ciertas destrezas en algunos
aspectos, mientras que otras por la falta de orientación no le permitían
inclinarse o evaluar posibilidad alguna, y ya estaba muy cerca de presentar la
prueba de aptitud para postular esa posibilidad de ser aceptado en una
Institución Universitaria...
Por otro lado “Lulú”
deambulaba libre por la calle, observando todo, en ocasiones se sentaba
únicamente para ver la reacción de las personas de la calle, ver como
caminaban, como hablaban entre ellos, incluso las discusiones ocasionales, como
otros se tomaban de las manos, como lo hacían a través de sus aparatos llamados
celulares, y hasta aquellos que hablaban solos, quizás dada ciertas
circunstancias acerca de esas reacciones, e inclusive veía la particularidad del
caminar a las personas, algunos de forma rápida y otros pausadamente, como si
no tuviesen preocupación alguna, porque los animales y sus instintos
ocasionalmente saben cuándo alguien está preocupado, ella también observaba a
los niños, algunos intentaban acariciarla, pero se acercaban con recelo
pensando que ella podía reaccionar de forma arisca y hasta agresiva dada su
apariencia como un can de la calle, pero con una pequeña diferencia, ella llevaba
un pequeño collar con un “Dije” que llevaba su nombre, un collar que le colocó
su primera familia adoptiva...
En este ínterin de
seres tal vez con “Preocupaciones” y hasta similares, a nivel casi de
supervivencia aun en condiciones diferentes, con hasta deseos de cambios, con
esperanzas abrumadas, con imágenes y sentimientos encontrados, con sensaciones
controversiales llegan a cruzarse por estos caminos interminables; Seba sentado
en una banca de una parada de transporte público (de esas que pocas quedan en
esa ciudad), dubitativo, cabizbajo, muy pensativo y hasta algo triste, y Lulú no
muy lejos venía en esa dirección casi a nivel de trote, simplemente deambulando
en la búsqueda de quien sabe qué como muchos perros de la calle; repentinamente
ella detuvo su marcha, miro a ambos lados de la calle, miró atrás, y luego lo
miró fijamente a él, se sentó, algunas personas transeúntes miraron extrañados la
posición del animal pero no se detuvieron a ver la continuación de la escena,
escena que ya estaba escrita desde ese sitio donde otros no pueden ni tan
siquiera imaginarse lo que sucede ocasionalmente por alguna razón...
Seba sacó de su
mochila o morral juvenil (como muchos hoy llevan consigo), una galleta,
envuelta en un paquete de estos comerciales bastante llamativos, de color
blanco con rojo, era un waffle cubierto de chocolate, relleno de vainilla y
chocolate, muy conocido en el medio local, él miraba la golosina y al mismo
tiempo miraba al cielo; Lulú mantenía fija la mirada sobre el chico, giraba la
cabeza como preguntándose “¿Y ahora que se trae este, que tiene, por que esta
tan triste?”...
Seba y Zantheé
comienzan a interactuar internamente, un alma entristecida y un espíritu
emancipado por cambiar el rumbo de un corazón frustrado, un cuerpo lleno de
insatisfacciones, en un contexto controversial sin un rumbo definido; a pocos
metros un animal con instinto de protección, una superviviente del caos a punto
de dar un giro a su escasa comprensión, en un mundo de humanos contradictorios
pero interesantes por su misma naturaleza y determinación, ella siente la
tristeza en él, y siente una innegable necesidad de afecto, estímulo y visión para
emprender las cosas hacia un mundo mejor...
Él coloca la mochila
a sus pies, mira fijamente el empaque y se pone a leer el contenido y
procedencia del producto, curioso por naturaleza en ambos seres que conviven en
un cuerpo a punto de ser motivado hacia otro nivel; ella se levanta, se coloca
en cuatro patas con la firme intención de intentar acercarse hasta el chico,
obviamente con la necesidad de dar y recibir ese afecto que ha extrañado en
meses y en ese mismo momento como por arte de magia, esa magia subliminal y
milagrosa que en ocasiones los humanos necesitan, ambos se ven, ambos mueven la
cabeza de la misma manera, hacia un lado y hacia el otro, ambos agudizan su
mirada y mueven la lengua para tragar saliva simultáneamente como preguntándose
“Es cierto lo que veo”, él se levanta de la banca, se encuentra solo, ella
levanta la cola y la sacude, él levanta con su mano derecha el empaque con la
galleta y se agacha para recoger con la mano izquierda la mochila que está a
sus pies, ella emite un gruñido pero de emoción por la mirada y reacción de él,
él la invita a venir con la mano y en ese momento la vía está totalmente
despejada y libre para cruzarla, ella le ladra, él la anima y le dice “Ven”,
ella vuelve a ladrar y gruñir pero esta vez de satisfacción y alegría, él se
sienta y abre el empaque para sacar la galleta, ella gira alegre en su sitio
gruñendo y ladrando, el parte una porción y se la lleva a la boca para
degustarla y siente un placer algo especial, tal vez el sabor del chocolate, el
instante o la motivación con el animal, ella continua ladrando y brincando con
sus patas delanteras, y entonces él parte otra porción de la galleta y se la
ofrece, es entonces cuando ella arranca en carrera hacia él para acercarse...
Y desde una ventana
de un apartamento muy cercano a esta escena, alguien observa todo,
absolutamente todo con una aguda curiosidad por la manera como todo surgió,
desde que él llegó a esa parada de transporte público, e inclusive desde que el
animal se detuvo a unos veinticinco metros aproximadamente del chico; fue como
si las circunstancias y mágico momento estuviese sincronizado con el universo
para juntar almas silentes, solitarias y entristecidas por las circunstancias
de sus vidas y regalarles ese ápice de esperanza que a veces necesitan para dar
un pequeño giro a sus vidas, de esta manera se encontraba en un momento como
congelado en el tiempo, observando una escena nunca antes vista, y menos imaginada
de dos seres vivos que nada tenían que ver entre ellos y menos con quien los
observaba, simplemente como cualquier espectador en una obra de teatro...
Lulú llega alegre
ladrando y buscando las caricias de Seba, él motivado y hasta sorprendido le da
el trozo de galleta en la boca, y se percata que es una perra y que tiene un
collar con un pequeño “Dije”; ella gustosamente se come la galleta oliéndola
previamente (como hacen todos los perros), y lo mira con ternura y emoción,
dilatando sus pupilas y bajando aún más sus largas y peludas orejas, él logra
tomar con delicadeza el dije y lee “Lulú”, y se sorprende, entonces él le habla
y le dice “Lulú, ese es tu nombre”, ella responde inmediatamente con un
ladrido, y continua ese encuentro extraño, mágico y alegre, a pesar de sus
circunstancias e historias diferentes...
Quien observa todo
desde la ventana desde un segundo piso de un apartamento muy cercano al frente
de la parada de transporte público, decide bajar rápidamente por las escaleras
y cruzar la vía de automóviles para acercarse e intentar comprender lo que sucedió
en ese lugar, aun entendiendo que él es un completo desconocido, que el animal
es un perro de la calle y que su condición como espectador le limita a
interactuar de forma abierta, sin embargo su propia naturaleza intempestiva, de
esas curiosidades inexplicables y atrayentes, le obligan a actuar para
comprender muchas de esas cosas que suceden a nuestro alrededor…
Llega y los
encuentra a los dos en el mejor estado de ánimo, el animal y el chico, juntos,
alegres, estimulados como dos seres que estuvieron destinados para juntos
estar, se presenta narrándole a él lo que apreció desde la ventana desde el
momento que todo comenzó, sin dejar de hablar, sin poder parar, de manera
sorprendente, la perra tranquila sentada prestando atención tal cual oyente,
hasta que su discurso termina y entonces se presenta formalmente, diciéndole lo
siguiente “Lo siento si fue inoportuno el momento pero no podía dejar pasar lo
que vi, lo que pude apreciar, lo que me transmitió, mi nombre es Sophía, pero
todos me llaman Sophy”, un placer…
Esa es la historia
que yo hubiese querido escuchar, esa es la historia que me hubiese gustado
plasmar, porque la moraleja de esta historia fabulada, es que no importa el
lugar, no importa el contexto, no importan las circunstancias, desde el cielo,
desde el universo, desde la creación de la vida, hay mil y una historia
escritas acerca del amor y las esperanzas, y que todo quizás pudo haber sido
así, o tal vez de otra manera, pero igual de mágico y hasta universal, y que
más allá de este contexto, aun en el reino de los cielos, quisiera tuvieses tú una
historia tan bonita y tan particular mi niña, esta te la dedico a ti en este
día tan particular, porque he comenzado un nuevo ciclo en este momento de vida
que todavía intento alcanzar, desde aquí, desde mi ingenio y creatividad, desde
esa inspiración que me lleva a esos extraños lugares, tu fiel narrador de
historias, quien te escribe y te amará eternamente, Esdras...