domingo, 14 de febrero de 2016

De Tentaciones al atardecer, y de Pasiones al anochecer…



Capítulo III – Un Día de San Valentín…

Era de esas tardes algo carente de actividad en la tienda. Todos en la calle estaban eufóricos, alegres y excitados en compras. Fin de semana, dinero circulante, flores, chocolates, encuentros, vinos y licores, tarjetas, regalos, osos de peluche en algunos casos, y hasta las propuestas de amor eterno. Un día al año dedicado al amor, pero en mi caso, no había ni remotamente cerca, alguien con quien compartir, alguien con quien celebrar, un día realmente emocionante, pero no pierdo aún la esperanza de encontrar mi ilusión...

Cansado y algo extenuado de un largo viaje por carretera, bajó la velocidad de la moto para detenerse oportunamente en la estación de gasolina, y cargar el tanque con combustible. El calor hacia de las suyas, sin embargo el tráfico automotor en la autopista, no estaba tan saturado, lo que permitía maniobrar con mayor rapidez su llegada a la ciudad. La oportunidad se presentó, y no la desperdiciaría esta vez. Cambiar de ambiente y de ciudad, quizás le favorecía. Todo sería nuevo y eso lo estimulaba con pasión y emoción realmente. Aún quedaban dos horas de pista asfáltica, un soda bien fría y a continuar la marcha...

Me dediqué a ordenar los pedidos pendientes para la semana próxima, y llamar a algunos proveedores para garantizar las entregas pautadas. Le indique a mi asistente a quienes debía llamar oportunamente, mientras iba revisando uno a uno los compromisos establecidos. Por supuesto, mi asistente también se encontraba entusiasmada, su novio le había prometido pasar por ella e ir a celebrar este día. Parte de su espíritu se encontraba con la ilusión de una enamorada, y eso era comprensible. Hoy le puedo pasar por alto ciertas cosas, solo quedaban tres horas para culminar la faena. Ella no cesaba de ver reiteradamente su teléfono celular, solamente para ver como avanzaban los minutos, y quería que fuesen más rápido, jejeje...

Por su cabeza pasaban las mil y una ideas que deseaba implementar, establecer los primeros cambios en su nuevo trabajo, un cambio de ambiente le hacía falta también. Nuevos compañeros, amigos y relaciones de trabajo, lo impulsarían a ir a donde siempre ha anhelado encontrar su mayor inspiración. Y esta era su oportunidad. Veía el velocímetro en la moto y la aguja estaba rebasando el límite que frecuentemente mantenía en carretera, pero estaba emocionado por los cambios que surgieron en las últimas semanas. Su adrenalina estaba fluyendo insosteniblemente, y la tarde menguaba poco a poco. Aún quedaba luz del día para llegar a su nuevo hogar y destino...

Y en la ciudad todo se encontraba con mucho desenfreno, empuje y movimiento. Cientos y cientos de personas en las calles, todos como esquizofrénicos, buscando, llamando por los celulares, hablando, preguntando, acelerados, el tiempo transcurría y se acercaba el final del día. Muchas parejas con ilusiones, celebraciones, sorpresas, y por supuesto esa energía tendía a ser contagiánte y estimulante, hasta al más solitario o insensible ser de esta ciudad. Esa es una muestra de nuestra sociedad y de nuestra cultura, sembrada desde tiempos atrás. Y eso no cambiaría, al contrario, se incrementa año a año aún más...

Llegó el novio y entendí acababa el día y las labores en la tienda. Hora de cerrar el negocio. Los ojos de la chica irradiaban mucha ilusión y alegría, al punto que ella me transmitió su entusiasmo. El chico llegó con una rosa hermosa en la mano, y un pequeño presente envuelto en papel de regalo metalizado con una cinta de color rojo. Era de esos detalles románticos ante una amada mujer. Los despedí amablemente en la puerta, deseándoles pasaran espectacularmente bien esta noche placentera. Luego quede seducida y pensativa, con esos deseos e imágenes vivas, acerca de esos encuentros emotivos y llenos de sorpresas, en estos días de celebración del amor. Era imposible escapar a esos escenarios imaginativos...

Decidí entonces quedarme un rato más sentada detrás de mi escritorio. No tenía prisa alguna en llegar al apartamento. No había nadie esperándome. No habían flores, ni regalos, menos sorpresas. Fuera en las calles aun había tráfico y alboroto. Y entonces seguía imaginando esas escenas de romance, de sentir la ilusión, de sentir en la piel, la sensación de ser amada y deseada por las delicadas manos de un hombre apuesto y viril. Deje volar mi imaginación, sin cohibirme de nada, a sabiendas que solo eran sueños de una mujer real...

Aminoró la velocidad de la moto al entrar a la ciudad, notaba la congestión vehicular en las vías principales, por la culminación de las jornadas laborales al término del día, debió ser una semana bastante activa. Conocía bien la ciudad y sabía que tenía que tomar ciertos atajos para llegar lo más pronto posible a su  nuevo hogar. Un apartamento ubicado en un edificio muy cerca del área de su trabajo. Ya sentía un poco el cansancio sobre los hombros y el cuello, y daba comienzo la noche. Ligeramente despejada, algo de nubosidad, pero no había señales de lluvia, simplemente la época normal de verano con la presencia de vientos fríos del norte, que pasaban por la región...

Bastantes motorizados a lo largo del trayecto, muy normal para esta ciudad. Algunas de alta cilindrada, pero la gran mayoría eran motos pequeñas. La suya de alta cilindrada y muy bien equipada. Un casco integral de ventilación incorporada, vestido absolutamente de negro, con guantes y protectores en la casaca. Todo un fanático y auténtico piloto de motores de prestancia. Siempre se sintió identificado con las motos, por lo que dedicó gran parte de sus logros, a tener una buena máquina, sobre todo para cubrir grandes distancias de recorrido, ya que ese también era su hobby, los viajes y las aventuras...

La laptop encendida y sentí curiosidad por leer algunos comentarios acerca del día del amor, del día de San Valentín y su historia. Algunos muy acertados y otros muy bohemios y poéticos. Había de todo. Salte a los post con imágenes muy gráficas, textos expresivos acerca de esta celebración y entonces me detuve en una imagen erótica, un desnudo artístico entre dos amantes, un texto bien cargado de sensualidad y romance. Cerré mis ojos por un breve instante, e imagine la escena, tentadora, cautivante y excitante. Yo no estaba tan mal en cuanto a mis atributos, tal vez algo desarreglada, pero mis pechos aún llaman la atención, y en bikini mis aposentos aún están bien rellenitos, jajajaja...

Veía la imagen una y otra vez, me imaginaba ahí, seduciendo a mi hombre, insinuando mi cuerpo desnudo, simplemente para estimular su dote y su creatividad en el cortejo. Abrí mi blusa y deje correr mi mano por mis pechos de forma delicada. Se me erizó la piel, mis pezones se endurecieron, y seguía en ese roce cautivante y estimulante. Poco a poco fui quitándome la blusa y el brassier, quede al descubierto, sentada en mi silla. La imagen ocupaba toda la pantalla. Estaba encerrada sola en mi oficina, deje correr mis fantasías por mi mente, y también por mi piel...

Las luces de la ciudad, el tráfico automotor, cornetas y sirenas, el estrés natural de la gran ciudad, fin de semana, quincena y de paso celebración del día de San Valentín. Todo encajaba de forma armónica más allá del caos desenfrenado de la ciudad. Estaba cerca del sector, tenía algo de hambre, sabía que no había nada en el refrigerador, ni agua. Entonces decidí aparcar en un bodegón muy cercana al edificio. Unos chicos que estaban ahí se quedaron viendo la moto. Me baje y abrí la maletera para sacar un pequeño bolso con las tarjetas y algo de dinero. Debía comprar algunas cosas para comer, hielo y bebidas. De repente sale de la pastelería un monumento de mujer, alta, morena, cabellera larga y un cuerpo tan apetitoso, que haría cualquier cosa simplemente por saborear parte de esa piel, ¡Woooooo! Se me estallaban las neuronas solo de imaginar una sesión fotográfica con ella...

Uno de los chicos me trajo de vuelta a la realidad, se acercó hasta la moto y comenzó a preguntarme algo sobre la moto, hasta que me toco el brazo, y le pedí excusas, jajajaja, la mente es algo estimulante...
 
-          Y el otro chico en tono de broma manifestó - “ella vive en ese edificio”, señalándome donde yo voy a vivir ahora. Ellos entendieron que la estaba vulgarmente hablando, “morboseando”. En nosotros los hombres es muy natural cuando el sex-appeal de una chica, te enmudece y te estimula.
-          Entonces les dije, - “pues yo también voy a vivir ahí, señalándoles el último apartamento de arriba”. El otro chico dijo, - “te podemos dar datos de ella y con quien vive, pero nos tienes que dar algo a cambio”. Jajajaja,
-          Estos chicos de hoy día no pierden tiempo. “Está bien, veremos, déjenme terminar de llegar, voy a comprar algo y subo a descansar, por favor cuiden la moto y algo les daré al regresar por ella”...

Cerré la maletera y entre al bodegón, no sin antes seguir viendo al edificio, imaginando solamente un encuentro fortuito con ese monumento de mujer…
En mi nevera tenía aún dos botellas de vino rosado bien frías, terminé de quitarme los pantalones, porque había entrado en calor, y deseaba dar rienda suelta a mis fantasías eróticas. Así deje surcar vuelo alto a las tentaciones, celebrando aunque estuviese sola, el día del amor y de la amistad, pero a mi manera...

Busque una copa, saqué una de las botellas, un pequeño paño de tela de algodón que tengo en el kichinet, y regresé a mi escritorio. Ya había despejado de documentos y papeles que quedarían para la siguiente semana. Era hora de continuar el rodaje y la magia de mi creatividad. Brindaría por esta noche, cual apenas estaba comenzando y quien no estaba en mis planes, pero siempre lo que no se planifica, resulta ser mejor que todo lo demás...

Al llegar al apartamento, oscuridad total. A buscar el tablero para encender los breakers y tener luz, guardar en la nevera las cosas que compré en el bodegón, y comenzar a dar orden a mi nueva estancia. Abrí las ventanas y al ver abajo, aún los chicos estaban en la calle, cerca del bodegón. Los saludé y me hicieron la seña de aprobación correspondiente. Realmente me sentía muy bien, a pesar del cansancio acumulado. Traje algo de hielo y saque de mi morral una de las botellas de vino tinto. Me preparé una pequeña Sangría, con naranja picada, manzana, hielo picado, un toque de salsa tabasco, con bastante vino tinto. A pesar de estar solo y sin compañía, debía brindar por un nuevo comienzo, una noche de amor, y por ese monumento de mujer, que me puso a volar mi imaginación...

La noche apenas iniciaba. Desde mi ventana podía ver las luces de la autopista, los carros desplazarse a través de la avenida y aun había gente en las calles. Me quite la camisa y me senté al borde la ventana, necesitaba relajarme, y que la brisa nocturna refrescase mi cuerpo, algo tenso aun del viaje...

Entre imágenes, videos eróticos y mis fantasías, mi mundo interior se embarcaba en un viaje extraordinariamente y placentero. Ya había consumido tres cuartos de la botella de vino. Me quedaba otra en la nevera, sentía ansias y deseos de hacer el amor. Tocaba todo mi cuerpo y me encontraba algo excitada, de tanto imaginar la virilidad de un hombre dentro de mi ser. Estaba húmeda desde los pies hasta la cabeza. Tenía mucho tiempo sin sentirme tan bien, a pesar de no tener pareja o compañero alguno cerca, para mantener una relación estable conmigo. Creo que ya era tiempo de buscar a alguien. No puedo quedar sola más tiempo, había que salir al ruedo nuevamente, pero mientras, ahhhh… mientras yo seguía...

Y al llegar la media noche, el cielo comenzaba a mostrar las miles de luces de ese universo inmenso y asombroso. Las estrellas que a lo lejos marcaban astrológicamente, los designios de tu personalidad, y en otros casos, los misterios de los encuentros fortuitos sin razón alguna. Esa era mi interpretación del universo, y hasta ahora todo con los pro y los contra, me habían otorgado satisfacciones más que desilusiones. Increíblemente me sentía totalmente relajado, algo de música de fondo, había consumido una botella completa de mi Sangría y mis sueños se fueron a navegar a ese universo al que llamo “Mi Mantra, Mi Mar de Luces, Mi Señor de los Cuatro Vientos”. Y es quién me ha ayudado a forjar mi propio destino...

Abajo ya poco movimiento realmente. La media noche era para aquellos seres que trascendían sus momentos, en esos intentos de encontrar los avatares misteriosos de la noche. Es para dar rienda a los encuentros sedientos, de quizás romance, de pasión, de erotismo y de seducción, que incitan a cruzar la línea entre la realidad y la fantasía. Bajo una lluvia de estrellas, luces fugadas, seres inconscientes, pero sedientos de encontrar almas con hambre, con ganas de cruzar cuerpos, de indagar, de soñar, de volar, en desenfreno y piel adentro...

En mi desenfreno y deseo de apreciar a través de mis manos, todo mi cuerpo, mis partes intimas, con total ansiedad perversa, de palpar, sentir y escuchar, mis más oscuros secretos, solo deje rienda suelta a mis anhelos y sueños. El vino hizo su parte, la noche hizo lo suyo, y mis ganas deben alcanzar la cima de esa excitación sublime, en todo este drama excitante y erótico, propiciado por la noche del amor. Mis senos estaban en su máximo esplendor, mis piernas pedían a gritos un ser que las tocase y las besara con desenfreno y pasión. Desnuda sobre mi escritorio tocaba cada parte de mi sin pudor, humedad total en mi ser interior, mi corazón a punto de explotar de tanta excitación, mis manos no cesaban de sentir cada parte de mi en total ebullición. Ansiaba y deseaba aún más al hombre de mi imaginación, aferrado totalmente a mi cuerpo, poseyendo todo sin control, y yo mordiendo y lamiando su piel con toda mi pasión...

La chica monumental acaba de llegar y está bajándose de un vehículo. Una minifalda negra, piernas exorbitantes largas y llenas de sensualidad. Blusa roja que deja al descubierto sutilmente, unos hermosos senos protuberantes. Una cabellara suelta, sedosa y abundante le terminaban de dar ese toque exuberante de mujer fatal. Tacones altos de cinta aferrada desde sus tobillos subiendo por la pantorrilla. Es de esas mujeres que es imposible dejar de mirar y navegar en imágenes de seducción y morbo sexual. Y desde la perspectiva de un hombre que ha consumido mas de botella y media de sangría, solo y con ganas, pues las neuronas están a punto de comenzar en ebullición de erotismo y propulsión. ¡¡¡¡Wooooo!!!!, si he de morir esta noche, pues que Mi Mantra ha de manifestar que ha de ser de este modo, porque creo que valdría la pena el intento...

Me aferré al marco de la ventana, mostrando mis atributos masculinos, al estar descubierto de la cintura hacia arriba, con sed de deseos y ganas de ir sobre la presa, cual felino en noche de caza. La chica simplemente volteó por instinto hacia arriba, y solo me miró unos segundos. Tal vez se preguntaba quién era ese hombre en ese apartamento, que ha estado desocupado durante tanto tiempo. Bajo entonces su tez, al recibir una llamada a su celular, hablo poco y volvió a mirarme. Había que mover la jugada precisa, con tranquilidad y paciencia, solo sin inmutarme, ni hacer movimiento brusco alguno, pero sin dejar de intentar ver su alma, a través de sus ojos, quien sabía estaba bajo la tensa mirada de su cazador...

Son más de las 2 de la madrugada, y ya había alcanzado mi clímax con esta sesión entre vino rosado bien frió, imágenes de erotismo y seducción, vuelo a mi imaginación y los deseos perversos, ansiosos y estimulantes, de pasar mi noche de amor, bajo el éxtasis de mi propia seducción. Quizás no era la única mujer en una situación así, pero creo que tampoco sería la última, simplemente deje fluir mi imaginación, para no dejar pasar por alto, una celebración que en muchos ha podido ser placentera, maravillosa y hasta sorprendente. Como bien dije, era hora de salir al ruedo, y a partir de mañana, cambio mi actitud para salir de caza, y no volver a pasar una celebración más, sola, muy a pesar de que me sentí desinhibida y ardiente esta noche...

Deje todo así mismo, sin ordenar ni recoger nada. El lunes próximo vendrán a ser limpieza y mantenimiento, recogerán todo, y solo quedará en mi recuerdo, una noche de amor y pasión, bajo las tentaciones secretas y oscuras de mis deseos de erotismo y seducción. Cerré la tienda y me subí a mi automóvil para ir a mi apartamento...

La chica monumental simplemente se quedó mirándome sin mostrar ni un ápice de curiosidad. Ahora ella tomaba el papel de cazador, y yo pasaba a ser la presa de la noche. Era hora de mover la pieza y ver su reacción. Le hice señas de invitación al piso, con mi copa de vino alzada y amablemente pidiéndole subir. La chica por el contrario me sorprendió. Me señaló directamente que bajase con la copa hasta su ubicación...

Obviamente le manifesté con señas que bajaría y llevaría otra copa de vino, mostrándola desde la ventana. Ella accedió y entendí que estaba a la espera de mi presencia. Apresuradamente busque las llaves, me coloque la camisa pero sin abotonarla, tenía preparada mas Sangría, llené ambas copas y baje corriendo las escaleras. Creo que la noche terminaría mejor de lo que esperaba...

Al llegar a planta baja, trate de respirar pausadamente. Tenía que mostrar amabilidad, tranquilidad y seguridad ante todo. Ese monumento de mujer es imposible dejarlo pasar por alto y como hombre con la testosterona a mil, con botella y media de sangría consumida, y comenzando una nueva etapa de vida, las tenía todas a mi favor, aun más en la noche del amor y de la amistad. Mi primera tarea romántica en la gran ciudad. Salí a la calle buscándola en el lugar donde previamente la había mirado por última vez. Sorpresa. No estaba. Pensé estaba jugando a las escondidas, pero no. Continúe su búsqueda en los alrededores, por ninguna parte, como si se hubiese desvanecido de la nada...

De pronto llegó un vehículo, una chica conducía y aparcó temporalmente a la entrada del estacionamiento, a la espera de que la puerta automática de acceso abriese para ingresar. Ella amablemente bajo el vidrio, me observó y preguntó si estaba buscando a alguien, ya que tal vez le causó curiosidad, un hombre con dos copas de vino, a las puertas del edificio y con la camisa ligeramente abierta. No había más nadie alrededor. Silencio en la madrugada, bajo el manto de estrellas de mi universo misterioso...

Le dije que había bajado a buscar a alguien, pero que de forma misteriosa desapareció. Ella pregunto donde vivía. Le manifesté que había recién llegado a este edificio y que ocuparía el apartamento del último nivel. Ella me refirió al que estaba desocupado. Le afirme que al mismo. Bajo del vehículo y se presentó. Note que venía un poco desarreglada, pero tenía cierto encanto que llamaba poderosamente la atención. Ella amablemente tomo una de la copas con iniciativa propia, y brindo por un encuentro fortuito. Me dio la mano y dio su nombre. Mi universo y sus misterios después de todo, mi mantra seductor, mi mar de luces en acción...

Dos almas solitarias que pasarían de una noche solitaria, a posiblemente una historia de amor y romance, en una noche misteriosa, bajo el amparo de las luces del universo, quien forja esos encuentros fortuitos, que muchas veces no tienen explicación...

Feliz Día de San Valentín...

viernes, 29 de enero de 2016

De Tentaciones al atardecer, y de Pasiones al anochecer…



Capítulo II – Un encuentro fugaz, en medio de la oscuridad…

Era uno de esos días, cansada de los avatares en la oficina, discusiones estériles con clientes que realmente no tenían claro su propio negocio. Yo necesitaba un respiro, un desahogo, un cambio en mi sustento, olvidar la semana y buscar algo que realmente me entusiasmara el espíritu. Ya eran varios meses a solas también, luego de mi última relación traumática y enredada. Necesitaba un cambio a esta rutina. Era hora de encontrar emociones y darle un vuelco a las vicisitudes...

Miré la hora, la tarde había estado un poco intensa y el tiempo transcurría apresuradamente en la oficina. Decidí ordenar mi escritorio, archivar documentos, darle las últimas instrucciones a mi asistente y esperar llegase la hora para cerrar rápidamente acá. Salir a respirar, para caminar un buen rato por las calles de mi ciudad. Tenía que despejar mis pensamientos, en una noche quien pintaría tal vez, mejor de lo que presumía. Yo esperaba estuviese iluminada por estrellas, con una luna algo lejos, era tiempo de cuarto creciente. Las personas iban y venían, parecían autómatas, unos apurados por tomar taxi, otros discutiendo por los celulares, más allá de algunos encuentros románticos. Los vendedores ambulantes buscando su rebusque entre oportunidades, algo de tráfico ya convencional, viernes por la noche de final de mes, se avecinaba un fin de semana tal vez intenso...

Logré avistar un establecimiento bastante adelante, ya tenía caminando algo más de cuarenta minutos. Me encontraba algo más relajada y suelta, luego de dejar atrás el ruido del trabajo y el estrés. Algo me llamó poderosamente la atención. Había una pancarta anunciando la presentación de una banda de jazz, eso me atrajo mucho, música relajante, unos tragos, tal vez buena compañía, una subida de tono, y posiblemente un encuentro de esos fortuitos, que te llevan a la cama y algo más...

Decidí entrar, un chico en la puerta amablemente me abrió la puerta y otra chica adentro me condujo hasta la barra. Bastante agradable la decoración, una gran barra con luz indirecta bajo todo su tope, mesas bien disgregadas, se notaba que los dueños posiblemente pretendían que los visitantes se sientesen relajados, cómodos, sin tanto ruido, algo medianamente iluminado, pero con un gusto muy minimalista, colores tierra y ocre prevalecían en el ambiente. Todas las sillas y butacas de cuero marrón y las mesas en tonos beige. Música de fondo en lounge y smooth jazz, extraordinario. Realmente me gustaba el lugar. Obviamente llegue sola y me condujeron hacia la barra, un buen lugar, desde ahí veía perfectamente la tarima del grupo.  El barman, un joven apuesto y educado, inmediatamente se me acercó y me coloco una copa tipo flauta, con una rodaja de lima, un tono color rosa en la bebida, muy tropical, y con un aroma aterciopelado y cítrico a la vez. Gentilmente me indico que aceptara el trago, que me encantaría. La noche apenas comenzaba y deseaba tener emociones, comenzando por un buen trago. Y así comenzó el nocturnal para mí. Realmente el sabor del coctel era indescriptible, me sedujo al instante y comencé a imaginar los mil y un encuentros, en una noche de relax y de seducción sin condición...

El establecimiento poco a poco fue ocupándose, llegaban bastantes parejas, algunos grupos quizás de compañeros de trabajo, otros de chicas como equipo de voleibol, unas más bonitas que las otras, pero todas alegres y dispuestas a pasar una noche de copas y de diversión. Mi barman apuesto, siempre atento y pendiente de que no me aburriese aun estando sola. Una que otra pregunta con mucha discreción, chistes, sonrisas y picardías, pero sin intentar abusar en pretensiones. Eso me agradó, a pesar de que estaba dispuesta a ir más allá, pero tal vez no era lo que el chico buscaba, o no era de su tipo. Los efectos de los tragos me hacían imaginar los mil y unos destellos de encuentros, de esos que anhelas, que deseas, que quieres, que te sorprenden. La noche continuaba sin desdén, y el público aumentaba con placer, la hora de la primera presentación de la banda estaba por llegar prontamente a suceder...

El anfitrión de la banda, resultó ser el barman quien me atendía. Muy hábil para entretener al público, bastante ameno, con ciertos chistes picantes, muy jocosos, y anunció la presentación de los miembros del grupo. El primer set de los chicos comenzaría con un toque de temas clásicos en una versión de potpurrí, versionados al estilo Smooth Jazz. El vocalista un chico un poco corpulento, no tan alto, pero con una voz melodiosa y muy agradable. Los acompañaba una chica quien hace de la chica ¡hmmmmm!, ya saben, esas que causan ganas y deseos en las melodías con cierta carga erótica y placentera...

Ya casi por finalizar el primer set de jazz, por alguna razón que no logro describir, volteo hacia la entrada del local, como si realmente estuviese esperando a alguien, y veo entrar a un chico, no tan alto, pero si bien vestido, aparentemente conocido por algunos de los presentes, e inclusive por mi barman preferido, quien lo saludó desde su ingreso al recinto. El chico vestía una chaqueta de cuero negro corta, un pullover de color negro, y pantalones de color gris con espejuelos claros, con una montura muy fina, quizás con cristales al aire. De lejos se veía muy atractivo. Obviamente no podía dejar de mirarlo, tal vez los tragos y mis ideas de una noche de sorpresas, me tentaban a buscar como dicen algunos, “lo que no se me ha perdido”, pero eso era parte del juego, entre el cazador y la presa. Sentía en algunos momentos que había una interacción entre ambos, es decir, imaginé que el chico no dejaba tampoco de mirar hacia la barra, con la escusa del amigo común, mi barman de la noche...

Luego de un buen rato disfrutando de la noche y de que uno que otro chico intentaron acercarse, para flirtear un poco conmigo, y ver si caía yo en sus redes, me toco ir a retocarme un poco al espejo, y por supuesto a dejar un poco el licor que hasta el momento había estado consumiendo sin desdén, pero con sumo placer. El chico de la chaqueta negro se me quedó viendo hasta que desaparecí detrás de la puerta. Mi corazón latía muy de prisa, mis pupilas obviamente tuvieron que haberse dilatado, y se me erizo la piel, solamente de pensar la atracción que se disparó, como la chispa de una hoguera dentro de mí ser interior. ¡Waoooo! ¡Qué bien me sentía! Había que tomar las armas de la seducción y debía hacer algo al respecto. Debía arreglarme bien, asumir una actitud más femenina y dejar que la pasión nocturnal, los tragos, el ambiente y la música hicieran una parte del trabajo. La otra debía propiciarla yo, y finalmente el complemento sorpresivo, debía ser el chico de la chaqueta negra. Así lo llamaría yo a partir de ese momento, sin nombres, sin preguntas, sin miedos, sin pensar por mañana. Simplemente cambiar mi nota y dejar que fluyera todo aquello que debía fluir. Bastante simple...

Justamente al salir del área de los sanitarios, lo primero que encuentro es al chico, esperándome con una rosa en la mano, una copa con un coctel diferente al que estaba tomando, bordeada de un ligero toque de azúcar glaseada, y una fresa bastante roja, carnosa, grande y llamativa insertada en un lado. Solo se me acerco, me beso la mano de manera gentil, me entrego la rosa y me dio amablemente la copa del coctel. Simplemente le agradecí el gesto y la caballerosidad. Él me miró de arriba abajo, y me dijo en palabras que entraron como melodías sublime a mis oídos, “eres más bella de lo que imagine”. Me pidió con cortesía, le permitiese acompañarme en la barra. Había lugar y obviamente no me negué a ello. Se iniciaba el cortejo entre presa y cazador, y en ese momento quería ser la cazadora y el la presa, pero muchas veces las cosas no suceden como siempre lo planeas. Los designios de la pasión, un toque de licor, una subida de tono y las ganas de entrar en una pelea armoniosa entre géneros, anunciaba las crónicas del romance y del placer, en una noche de copas y de seducción...

Al sentarnos ambos en las butacas de la barra, mi buen amigo y anfitrión, se nos acerco, coloco un plato de frutos secos, con maní, avellanas y nueces, nos sonrió con la suficiente picardía de saber que algo pasaría entre nosotros. De pronto quedamos en tinieblas, a oscuras, la energía se esfumó como por arte de magia, mi chico de la chaqueta negra me tomo de la mano, asegurándose de que no temiera a nada. Él estaba a mi lado, y no pasaría nada, salvo lo inevitable. El chico de la barra, se acercó y nos manifestó que el apagón es en toda la ciudad, y que posiblemente era alguna falla de la planta de generación. Había que esperar. No se veía nada, salvo algunas linternas y las luces de los teléfonos celulares, que brillaban en la oscuridad del local. Las puertas del lugar las abrieron y se escuchaban algunos levantándose para salir a las afueras. Nosotros nos quedamos sentados. Yo me limite a tener en una mano mi coctel y beber oportunamente para calmar un poco los nervios, y la otra mano estaba aferrada a mi chico galante de chaqueta negra. No podíamos vernos, pero decidimos no movernos por los momentos...

Paso un buen rato y no había señales de que volveríamos a la normalidad. Ya muchos habían decidido irse a sus hogares quizás. Era más de la media noche. Estábamos solos en la barra, los demás estaban afuera, en la calle. Mi galante chico me susurraba al oído palabras de romance y de galantería, solo reía y me sentía como en las nubes. Nuestro anfitrión nos dejo una jarra de cristal, con una cubeta de hielo, muy cerca de nosotros, con el coctel preparado, como entendiendo que debíamos quedar a la espera de lo inevitable. Y así lo imaginaba, así lo deseaba, así ya lo transpiraba a través de mi piel. Dejaría que todo llegase a donde quisiera ir con placer...

Comenzaron los besos y las caricias sobre mi cuello, sobre mi rostro, mi boca, quien gemía de deseos y ansias por sentir su piel. Sus manos tomaron control ahora, y pase de cazadora a presa, algo que realmente quería sucediera. Me quite la chaqueta y quede con la blusa de seda blanca y abierta, esa que llevaba puesta y sin sostén. Mis senos eran casi perfectos, abultados y firmes, mis pezones pronunciados y duros por la excitación, mis labios ardían de deseos de absorber la dulce miel de su boca. Él muy caballeroso y con la delicadeza que lo caracterizaba, poco a poco fue desmantelándome el alma, y penetrando muy dentro de mí ser interior. Como el explorador que va con cautela, a través de los caminos tentadores de la pasión, buscando los placeres más ocultos en una noche de seducción y oscuridad. Era la melodía de un amor quien golpeaba a mi corazón, me sentía la mujer más sexy de esa noche, feliz y muy complacida por un romance efímero, momentáneo y atrevido, quién era conducido por las manos hábiles de un galante seductor de chaqueta negra...

Nos convertimos en dos extraños bajo el encuentro fortuito y oportuno, en una noche sumamente extraña y llena de sensualidad, de copas, de música relajante previa al momento, y de una oscuridad sin igual, quienes desnudamos nuestra piel, sin importar el lugar, sin importar la condición, sin dejar de sentir ni dejar de hacer lo necesario, para entrar en momentos de pasión a flor de piel. Me quite la blusa y él se sacó su pullover, quedamos piel a piel, sentía sus labios por todo mi cuerpo, sentía sus besos por toda mi piel, húmeda, lánguida y excitada, solamente anhelaba más y más y más, sin freno, sin pena, sin desdén. Sentí sus delicadas manos en mi vientre y deje que tomara posesión de mí, que penetrara hasta el lugar más recóndito de mí ser. Lo quise todo, sin dejar lugar sin explorar. Hice lo mismo yo con él. Lo desnude con encanto, seduje con ansias toda su hombría, todas sus partes. Me subió sobre sus piernas, sentado sobre la butaca, me acosté sobre la barra, dejando mi pecho al descubierto, abrí mis piernas y sentí toda su pasión muy dentro de mí. Quizás fueron minutos, pero parecían horas de tormentos, de emoción, de intensa y sudorosa pasión...

Era como si el mundo se hubiese paralizado para ambos. Como si nadie existiera o estuviese tan cerca de nosotros, como realmente fue. Deseaba no terminase ese interludio, esta sesión privada a la expensas de la oscuridad, simplemente quería que dejase muy dentro de mí, una marca, una huella, un destello de romance peligroso, certero e imborrable, tal vez de amor salvaje, pero muy placentero, como esos encuentros de tus sueños, cuando no quieres despertar, ni escuchar otro ruido que no sean sus jadeos y susurros, dentro de tu mundo interior. Sus manos se posesionaron en todo este cuerpo excitante y sumiso, quien dejo a mi imaginación, cristalizara los mil y un encuentros de pasión y seducción. Mi excitación estaba llegando al clímax. Su excitación en igual condición alcanzaba su mejor momento, y estábamos ambos por alcanzar nuestro grito de placer y de emoción. Desnudos ambos sin perdón, sin noción del lugar, sin dolor, pero con una gran sensación, alcanzamos la mayor satisfacción, de llegar a hacer el amor, sobre la barra de piedra oscura, solos ante la oscuridad de una noche cómplice, definitivamente bajo la conspiración de un universo mágico, quien nos citó al encuentro fortuito de esa noche de sexo, pasión y amor salvaje, sin palabras, sin promesas, sin compromisos, pero sumamente a la satisfacción de un sueño erótico y placentero...

Luego del momento mágico y divino, quedamos un rato descansando nuestros cuerpos piel con piel, sintiendo nuestro sudor mezclarse sin pudor, sintiendo su pecho sobre el mío, su miembro dentro de mí, sus piernas soportando las mías, sus labios muy cerca de los míos, mezclando nuestra dulce saliva con sabor a miel. Decidimos después vestirnos ahí mismo, retornando a la realidad e intentando mirar a través de la oscuridad, hacia la puerta del local, pero nada, ni nadie se veía cerca. No sabíamos realmente si nos habrían visto, escuchado o hasta grabado. Ya habíamos terminado nuestra locura salvaje. De manera cortes y con la delicadeza que lo caracterizo desde el principio, agradeció todo lo acontecido, me beso en la mejilla, se despidió, y no lo volví a ver...

Fue la noche más placentera que jamás podría yo volver a tener. De esas noches extrañas, de esos deseos y ganas de encontrarme otra vez, con un galante y cortes caballero, que dejó como recuerdo, una emblemática chaqueta negra, sencillamente para que jamás olvidase, a un caballero fugaz, quien en una noche mágica, bajo los destellos de la oscuridad, lleno de placer y emociones, a una dama seductora, quien de cazadora paso a ser presa sumisa, en una crónica anunciada de un romance efímero ante los ojos del universo sublime y eterno...

Y continuare más adelante, con otra de esas historias, de esos encuentros llenos de seducción y romance, al final de una tarde y en las noches sedientas de amor y de pasión...

martes, 19 de enero de 2016

De luces, destellos y encuentros fortuitos, a través de la oscuridad…



Y siempre existirá esa luz, esa esperanza, ese eterno eslabón, quien forma parte de tu espiritualidad y de tu integridad, para encontrar la claridad y pasividad, a lo largo de quizás ese tortuoso andar. Buscando tal vez algo de paz, de armonía, de encuentros, de alegrías, de éxitos y de bondad, de luz y de felicidad, a sabiendas que los tropiezos son inevitables, los encuentros tal vez fortuitos, también son obligantes, aún cuando tengas la suficiente confianza y seguridad, para evitar tropezar o cruzar, por esas vertientes o bifurcaciones de la vida, esas que algunas veces te obligan, a decidir en algunos casos, cambiar la ruta trazada, en la búsqueda ansiada, de un destino aún lejos de tu anhelos alcanzar, quien posiblemente está siendo forjado, a través de tus creencias, de tu fe y de tu perseverancia, para pretender conseguir, la cima de algo, que es más grande, de aquello que una vez imaginaste lograr...

Y siempre creemos fervientemente, que nuestras decisiones, son las que nos permiten alcanzar, el camino correcto para superar, esos escollos, esos obstáculos, esas barreras, que permanentemente ahí están, a lo largo de esa ruta, que tú decidiste transitar. Es parte de la vida, es parte de tu existencia, es parte de la experiencia, es parte del aprendizaje, es parte de un todo universal, y que solamente a la larga, el tiempo humildemente te manifestará, si razón tuviste al elegir, esa senda tomar...

Y siempre de alguna manera en nuestro plano existencial, se cruza lo espiritual con lo mundano, eso que está insertado en tus neuronas, con las corazonadas de tu alma vital, los intereses de lo material, con lo que intuye tu espíritu muchas veces quizás. Dudas saltan, emociones surgen, creencias al momento aparecen, como una salida envolvente, quienes te hacen pensar, es la manera implícita de lograr, un camino fácil para superar...

Y siempre las intuiciones a veces fluyen, como señales intermitentes, y sin embargo también a veces no las atendemos. Y cuando permitimos, que esos pensamientos, en ocasiones perversos, como una gran telaraña, entretejida de vertientes y atajos para sacar, una ruta alterna como arte de magia fugaz, creemos poder superar, aquello que nos encontramos por algún motivo suspicaz, y nos adentramos en esos caminos tortuosos, nublados, y a veces oscuros, sin luz tal siquiera para mirar, por cual senda decidimos ingresar, y es cuando finalmente aprendemos y entendemos, que absolutamente todo en la vida y en el plano terrenal, ha de tener una razón existencial...

Y siempre tendremos que tomar, decisiones por todo aquello que pretendemos lograr. Asumimos las consecuencias, admitimos a pesar de nuestra susceptibilidad muchas veces, que las emociones o impulsos una vez más, tomaron control en momentos de tensión, en situaciones circunstanciales, o eventualidades temporales, de un tiempo universal, para que desde el universo, quien todo lo ve, todo lo percibe, todo lo escucha y posiblemente todo también lo siente, nos regale una vez más, una lección de vida, para así continuar, nuestro periplo en la ruta de ese destino, que ansiamos todos encontrar, buscando señales de esos sueños, que siempre anhelamos alcanzar...

Y en ocasiones solamente un pequeño detalle, puede cambiar la visión en nuestra vida, como un parpadeo, como una delicada chispa de luz, y algo pasa, y algo sucede, y algo surge, y entonces pensamos al inicio, es un evento al azar, porque sucede cuando menos te lo esperas, enviándonos por un rumbo que tal vez, jamás planeaste andar, hacia un futuro que en algún momento, nunca lograste imaginar. No sabes a donde te llevara, pero lo que posiblemente sucederá, es que eso forma parte de nuestro viaje de vida, de nuestra búsqueda de luz, de nuestra ansiedad por encontrar, ese algo intangible, que nos lleva a un camino de paz, de emotividad, de sensibilidad, de armonía, de amor y de felicidad, buscando un encuentro necesario, un encuentro fortuito, con tu otra mitad...

Pero a veces encontrar esa luz y esa esperanza, implica pasar por una intensa oscuridad, y muchas veces, a pesar de las dificultades y obstáculos, logramos alcanzar a ese hilo de esperanza, a ese rayo de luz, al lado de quien en nuestros sueños está presente, sin saber que hay más allá de eso, y cuáles serán las sorpresas, que nos depara ese flagrante y ansiado destino...