Aun entre una
penumbra algo difusa caminaba un hombre sin saber por dónde estaba y mucho
menos como había llegado hasta ahí, todavía no se mostraban los rayos del sol
pero ya se podían percatar las señales en ese amanecer que estaba por
despuntar, apenas unas distantes luces a lo lejos le indicaban que ya estaba
por aparecer...
No recordaba nada,
lo intentaba, miraba a todos lados y solo lograba ver el camino por donde
andaba, apenas el verdor de un gran campo que le rodeaba, algunos árboles a
corta distancia, matorrales y arbustos, un silencio muy latente y ni el silbido
de una pequeña ave, solo un susurro en el viento parecido al de las campanadas...
Siguió caminando a
pase lento, firme y seguro, meditaba e intentaba rememorar algo, pero nada, ya
los primeros rayos del alba despuntaban hacia el este y absolutamente comenzaba
a ver todo con un poco de mejor claridad, se sentía bien, respiraba con total
normalidad, no había dolor, no había tristeza ni alegría, no sabía qué hacer
pero algo le decía que debía continuar a través de esa pasiva caminata más allá
de lo que lograba ver...
En ocasiones se
detenía solamente para admirar ese gran campo, ese paisaje abrumador, entre ese
hermoso verdor, el colorido de algunas flores silvestres y ese camino de arenisca
color siena con tramos empedrados como si alguien previamente hubiese
construido una ruta hacia algún lugar tal vez especial, igualmente no muy lejos
divisaba algunas montañas como las que dibujaba artísticamente el maestro Manaure
al eterno Ávila imponente, inhalaba al mismo tiempo un aroma intenso mezclado
entre esa naturaleza existente, llena de eucaliptus, de frutas y flores
silvestres, una sensación de espiritualidad que le otorgaba esa paz y armonía la
cual disfrutaba, y difícilmente era imposible para él de obviar...
Podía sentir a
través de su espíritu un radiante y hermoso amanecer, como un nuevo comienzo en
algún lugar de quien sabe dónde, sin embargo eso no le preocupaba, solo se
sentía en paz consigo mismo muy a pesar de no recordar nada mientras continuaba
su travesía a quien sabe dónde fuese...
Esa larga caminata
continuó por un buen rato, sin embargo comenzaba a extrañar algo, no habían
pájaros, no habían mariposas ni abejas, ni ningún otro animal de campo, no se
escuchaban silbidos ni ruidos de ningún tipo, el viento era suave y gentil,
como la brisa que irrumpe sutilmente sobre el rostro de forma agradable y
pasiva, sintiendo un frescor admisible, ni calor ni frío, apenas un susurro en
el aire de forma permanente pero que no atinaba lo que era ni de donde venía,
el tiempo parecía detenido a pesar de las circunstancias en esa gloriosa mañana,
y entonces repetía, y repetía lo siguiente:
" "Salí desde una
penumbra sin saber de dónde venía ni a donde voy, no recuerdo nada pero algo me
dice que alguien he de encontrar por este camino"...
Y así continuo su
marcha sin temor realmente a nada, relajado, en sana paz y tranquilidad hasta
que logró visualizar no tan lejos a un pequeño niño sentado bajo un hermoso
Apamate, un floreciente árbol espectacular, con bellas hojas color rosa como si
estuviese en el mejor momento de un otoño inexorable, y lo más peculiar es que
no habían más árboles a su alrededor, este se encontraba muy cerca del camino,
a solo unos pasos como si estuviese representando una extraordinaria obra de
art...
El niño no levantó
su rostro hasta que él llegó, estaba entretenido contando las hojas caídas al
suelo del frondoso Apamate, este le sonrió y entonces el hombre le preguntó:
·
¿A dónde se llega
por este camino? ¿Cómo se llama por aquí? ¿Tú me puedes ayudar?
El niño se levantó
lentamente, tomo de su mano y entonces él sintió esa sensación de total paz y una
serenidad profunda, la brisa presente dejo de amainar, el susurro en el
ambiente se silenció, fue como si el tiempo se detuviese por completo y
entonces mirándole le dijo:
·
No te preocupes,
pronto llegarás a tú destino final, puedes llamar a este lugar como tú quieras,
es simplemente un hermoso lugar, y si, por supuesto que sí, yo te podré ayudar
así como tú también me ayudaras…
Él solo miraba al
niño, levantaba eventualmente la mirada para ver a un lado, al otro, atrás y
hacia adelante, y nuevamente al niño...
Era algo quizás
inexplicable pero el niño le daba confianza, quería preguntar tanto que no
sabía cómo expresarle, solo veía el rostro de un frágil niño vestido de manera
sencilla, una camiseta de tela cruda color beige, una pantaloneta color marrón
oscuro y unas sandalias de cuero, quien sobre el camino se cruzó en esta
aventurada travesía, y entonces el hombre nuevamente le preguntó:
·
¿Quién eres tú?
¿Cómo te llamas? ¿De dónde vienes?
Y el frágil niño oportunamente
le contesto:
·
¿Y quién eres tú?
¿Cómo te llamas? ¿Y a donde tú vas?
Ambos se quedaron un
breve rato mirándose mutuamente, sin pestañear, sin soltar de sus manos, sin
dudar, simplemente intentando interpretar el momento de la mejor manera posible,
de esos instantes casi inolvidables, efímeros y al mismo tiempo eternos, donde
todo es, donde todo tal vez siempre será así, donde se dice mucho sin soltar palabras,
y de esa manera el niño le manifestó lo siguiente:
·
Yo soy, estoy en
todos lados y en ninguna parte y voy donde sea me necesiten...
Esto le produjo
pensamientos encontrados, un poco de ansiedad pero sin irradiar intranquilidad
o dudas, él miró hacia delante del camino y se percató que aún no lograba
visualizar ningún lugar determinado, solo un campo abierto con predominio de lo
verde como en las zonas silvestres, aromas a una naturaleza fulgurante,
floreciente y en auge, entonces escucho un sonido diferente, como un llamado
remoto de alguien o de algo, lo que realmente no podía precisar...
El niño lo condujo
nuevamente al camino empedrado sin soltarle la mano, lo miro dulcemente y
entonces le dijo:
·
Si tú quieres que
te ayude, tú debes ayudarme también…
· Continua por este
único camino, más adelante hay alguien quien espera por ti, no te preocupes,
solamente cuando veas lo que inevitablemente encontraras, siéntate a su lado y
escucha lo que debe decirte…
·
Disfruta la
magnificencia del lugar en todo su esplendor, tus dudas serán recompensadas y
dale un beso en la frente de mi parte a quien allá te espera…
El niño antes de
soltarle le beso las manos y le susurró algo al oído, luego le indico que
continuase su travesía...
Así el hombre
nuevamente continúo su marcha a través del camino de forma pausada, los rayos
del sol a su espalda le indicaban que su destino se encontraba al Oeste, miraba
hacia ambos lados del empedrado observando que cada piedra encontrada parecía
tallada finamente como si estuviese leyendo algo referente a una nueva
oportunidad, y solo unos minutos más tarde se le ocurrió voltear para ver qué
había pasado con el niño, este ya no estaba, se había desaparecido en la nada,
y el florido Apamate imponente impactaba con ese color rosa predominante de todas
sus hojas, gracias a la incidencia del benigno sol...
Un buen rato se
sostuvo caminando, encontraba a través de su travesía una gran variedad de
flores realmente coloridas, de un lado y del otro, extrañamente ni una
mariposa, ni una abeja o algún ave silvestre, solo ese susurro en el viento
llamándole y progresivamente aumentaba ligeramente su tono, lo que le indicaba
iba en el camino correcto y estaba cada vez más cerca de ese destino inesperado...
De repente escuchó
un sonido diferente, era como agua que corre a través de un manantial, un
sonido bastante particular, esto le generó ganas de beber un poco agua, sintió
sed oportunamente, se distancio temporalmente del camino y orientó su búsqueda
según el sonido recurrente hasta que logró ver detrás de un frondoso matorral el
agua, no estaba tan tupida la maleza, pudo ver una pequeña gruta a nivel de
piso emanando el agua muy cristalina, esta brotaba en armonía con ese llamado
persistente, parecía una especie de composición musical, intentó acercarse al
saliente natural pero no estaba cómodo para ello, observo la ruta que seguía el
agua y se movió en la misma dirección hasta que encontró un espacio un poco más
amplio y fácil para acercarse, una pequeña poza de agua acumulada...
Se agachó ligeramente
sin dificultad, tomo un sorbo de agua de su mano y vio a través del reflejo del
agua su rostro y parte de su vestimenta la cual no se había percatado, se veía
bastante mayor, su cabello era blanco con algunos tonos grises, ojos pardos y
pequeños, camisa de manga corta color salmón y un pantalón color gris claro,
luego observo sus zapatos, estos de trenzas y de color negro, parcialmente le
llegó a su memoria un flash acerca de quién era él, pero aun con imágenes un
poco difusas...
Luego de este breve momento
temporal, el hombre retoma su camino, miró hacia el frente logrando visualizar
una colina no tan lejana, observo a lo largo del camino una hilera de árboles
de eucalipto a ambos lados del empedrado, generando una rica sombra y frescura
que le permitían ver con mayor claridad hacia donde se dirigía, y el susurro en
el viento no cesaba en su llamado, sin embargo aún no atinaba al mensaje en sus
oídos...
No hay tiempo
medible, no hay prisa ni angustias, no hay circunstancias ni atenuantes, hay
simplemente paz, serenidad y un aura espiritual de luz y confiabilidad...
Al arribar muy cerca
a pie de la colina, pudo percatarse de un pequeño grupo de niños y niñas
jugando bajo la sombra de una ceiba extraordinaria, todos saltaban y coreaban
frases de alguna canción infantil, tomados de las manos bailaban al son de la
misma, vitoreaban, sonreían, había una alegría contagiante, y una pequeña
sobresalía en este grupo peculiar, como si condujera armónicamente una obra
musical, a donde se movía ella se movían todos, si ella cantaba los demás la
coreaban, si ella giraba los demás también lo hacían, todos vestidos con
alegres colores, algunos con pantalonetas y camisetas, otras con vestidos y
faldas bien decoradas, todos en sandalias, pero la líder del grupo llevaba una
pañoleta cruzada sobre su cabeza de color rojo, vestía un traje de bailadora al
estilo flamenco, de color rojo con destellos blancos, flecos brillantes de
color plata y unas pulseras de colores muy vivos, definitivamente era la líder
del grupo...
Él se quedó muy
cerca observando la coreografía, y entonces la pequeña líder del grupo se
distancio de los niños y se acercó hasta él, lo tomó de su mano y lo llevó
hasta una banca de piedra que se encontraba muy cerca, le pidió se sentase sin
dejar de observarlo, luego ella se sentó también y entonces le dijo:
·
¡Te estaba
esperando! ¡Ellos son mis hermanos y hermanas!
Él se quedó
temporalmente sin habla, la miraba fijamente como si la conociera de alguna
parte, ella le sostenía su mano y lo miraba tiernamente, hasta que él
manifestó:
·
¡Yo creo
conocerte de alguna parte, sé que alguna vez estuvimos juntos pero estoy
intentando recordar donde!
·
¡Eres una niña
bella y muy vivaz, veo que comandas este pequeño batallón y todos son alegres y
entusiastas!
Los niños comenzaron
a acercarse alrededor de ellos, continuaban cantando y vitoreando la melodía, continuaban
bailando al son sin perturbar una canción alegre que transmitía armonía y
tranquilidad, hablaba de un nuevo comienzo, de una nueva etapa, de un
despertar, donde los encuentros eran inevitables, donde la vida no era
cuantificable, donde el tiempo no era importante, donde todos se cuidaban mutuamente
y donde la esperanza es el pináculo que define la espiritualidad que rige por
estos lares...
De repente la
pequeña niña levanto su mano, todos callaron, y se acercaron al hombre, todos
pusieron sus manos sobre él, necesitaban tocarlo para hacerlo sentir parte de
ellos, ella tiernamente se levantó sobre la banca de piedra, se acercó a su
rostro y le dio un beso en la mejilla, luego le susurró algo al oído y este
simplemente se sorprendió, sonrió, y la abrazo con mucho amor, luego él le beso
en la frente tal como le había indicado el niño con quien el previamente se
cruzó, y todos aplaudieron al unísono, diciendo alegremente:
·
¡¡¡¡Bienvenido
Abuelo Rafael al jardín del Edén!!!!
Ella era Sophía
quien tiempo atrás había llegado oportunamente guiada por estos niños quienes
la esperaron al igual ella lo hiciera con él. Ambos en un periplo de su pasado
terrenal estuvieron una única vez juntos, él la sostuvo en sus brazos
tiernamente, quedando ese instante plasmado en la memoria de alguna parte de su
subconsciente, quien de forma prevista recordaría tal como lo hizo cuando ella
le susurro a su oído:
·
“Yo soy tu nieta,
la hija de tu nieta, la nieta de tu hijo, el hijo quien te llevó a tú ultimo
paseo al final de tu tiempo por allá de donde vienes y no regresaras, el hijo
que muchas veces sostuviste cuando él era un niño, y el niño que una vez hombre
te sostuvo y te condujo hasta este destino…”
Plasmado ha de
quedarse a través de estas letras esta pequeña narrativa que rinde un tributo y
homenaje a un nuevo inicio de una vida espiritual para un padre que hizo todo
lo que pudo por dejar huellas por sus caminos, al dejar también al hombre quien
escribe, narra y quien hoy en día es, y en honor a ese Padre quien partió a una
nueva etapa de vida espiritual en un lugar donde todo puede ser, y donde por
aquellos lares ella simplemente lo estaba esperando...
Creo no podía ser de
otra manera recrear una parte de esta historia que se mezcla y se entreteje en
momentos determinantes, no sé si fue mi participación en esos sueños
recurrentes, no sé si fue la misma Sophía quien me susurró durante la noche los
sucesos de ese encuentro, no sé si es gran parte de mi imaginación acerca de lo
que yo anhelo y presumo sucedería, pero lo que si debe ser justo y correcto es
decir que nuestras almas en algún momento de nuestras vidas quizás se juntaran nuevamente
para dar inicio a una nueva etapa de vida que en nuestros tiempos no conocemos,
pero nos podemos imaginar será algo tan parecido y tal vez hasta mejor que lo
que aquí yo simplemente describo...
Bueno Sophía, Papá y mis
estimados lectores, como siempre dejo aquí plasmado a través de mis manos, un
breve encuentro suscitado justamente ese amanecer del 15 de Abril del año en
curso cuando inicio ese viaje mi querido Papá, y entonces a partir de ese momento, es lo que yo llamo un nuevo
comienzo, un camino ya previsto desde esas historias que tal vez ocurren por
aquellos lares...
Tú siempre y amado
escribano quien oportunamente cada día 10 de cada mes en nuestro tiempo, se le
ocurrirá alguna historia acerca de ti y de todos aquellos que en algún momento
tuvieron que ver contigo por estas tierras donde dejaste gran parte de tu corta
vida, de tus peripecias y tus ansiedades… Siempre estaré contigo Princesa, Esdras…