viernes, 29 de diciembre de 2017

La chica de la Pijama Roja – Capítulo II - “Entre pistas, detalles e intrigantes preguntas a un futuro encuentro”



El día despunto desde muy temprano, un extraordinario sol ilumina las calles de una ciudad que inicia con su movimiento habitual, los equipos de limpieza desde muy temprano pasan sus barredoras a fin de mantener las calles pulcras y visitables con total notoriedad. Algunos con sus prisas, por tratar de cumplir aun con tareas pendientes, compras, compromisos, e inclusive los que parten de viaje para re-encontrase con sus familias. Mientras que otros con un estado emocional relajado, solo intentan descansar, admirar los aspectos que mueven las personas en una ciudad, apreciar la dinámica de la misma, así como tomar un desayuno desde un café, un sitio donde puedan sentir armonía y pensar posiblemente en las cosas que los mueven, los motivan y los llevan a encontrar quizás, lo que por algún tiempo han estado buscando, intentando y hasta anhelando, y quizás soy uno de esos entre tantos, quien encontró un motivo para aventurarse a una tentadora y crucial realidad...

El factor sorpresa por supuesto es fundamental en intentar despertar curiosidad, intriga y mil preguntas acerca de esos aspectos que nos estimulan a querer saber más, por tanto había que despertar esa flama que yace en el alma de esa chica, por quien decidí yo comenzar a aventurarme en un viaje del cual tal vez no sé aun donde culminará...

Como era de esperar logre salir muy temprano del lugar donde pernocto, obviamente soy un turista más en esta movida ciudad, llegue a un café quizás algo concurrido pero donde preparan unos croissant rellenos de una delicia de queso cremoso con espinacas y un toque de pimienta negra, acompañado de un jugo de fresas granizado, y por supuesto no podía faltar un aromático té con sabor a frutas tropicales endulzado con miel, bien caliente. La mañana no estaba fría, al contrario ya se sentía la energía contagiante de un sol radiante, de camisa blanca a rayas y en punta, una chamarra y jean de color negro ambos, decidí comenzar este nuevo día. Al terminar mi delicioso desayuno tome dirección al edificio donde el día de ayer pude localizar a la chica, si, a esa chica, esa quien me está llevando  por esos caminos y senderos que nunca antes había intentado. Pero yo siento que valdrá la pena, aunque sea en el intento, y agradecerle al universo por semejante acontecimiento inesperado. Como de forma muchas veces inadvertida y asombrosa nos llegan señales que ni siquiera comprendemos...

A lo lejos ya podía distinguir ese agraciado caminar, inconfundible en mi memoria, con su cabellera suelta, chamarra y bolso negro esta vez, y pantalones bien ajustados color beige que le destacan sus largas piernas, y una blusa color café a rayas. Y por supuesto no faltaba más, un cinturón con una hebilla Gucci que pude denotar, lo que complementaba su bella vestimenta. Definitivamente, una chica muy coqueta. Esta vez venía con lentes oscuros, en este día de radiante sol, todos teníamos la oportunidad de usarlos. Ella tan natural, tan ella misma, obviamente me gustaba. Por donde la chica camina, todos los transeúntes y desde los automóviles por lo menos admiran su bello transitar. Algunos la piropeaban. Yo de forma discreta del otro lado de la avenida, solo comenzaba a considerar y sincronizar sus movimientos quizás habituales, claro sin saberlos realmente, pero con una indiscutible sensación de que debían ser así...

Espere un rato, luego me acerque como muchos transeúntes y visitantes al edificio, como uno más, había otro personal en la vigilancia de la recepción. Me presente dando los buenos días y consultando si la señorita………. había llegado a su oficina, en virtud de tener una cita prevista (de esas excusas que te permiten llegar a cualquier lugar), y por supuesto el buen hombre me indico que sí, que ella había llegado unos minutos antes, entonces le dije que saldría un momento a buscar algo que había dejado en el automóvil, y así procedí a salir del edificio...

Lo mejor de todo es que necesitaba poder identificarme con las personas claves en toda esta aventura, aquellas que de forma discreta me pueden dar la información mínima necesaria, pero que obviamente no pueden identificarme aun a mí. Volví nuevamente a ubicarme en un lugar estratégico donde no podía despertar sospecha, solamente para esperar la posibilidad de que ella saliese a atender sus asuntos de trabajo. No sabía realmente si fuese así, pero debía intentar algo y eso fue lo primero que se me ocurrió. Paso cerca de una hora y efectivamente la chica salía del recinto, tomo un taxi y partió, sin ni siquiera levantar la vista. Entonces yo aproveche ese tiempo para salir a comprar un pequeño detalle que debía hacerle llegar, y sin despertar sospechas, para comenzar a generar intriga, algo de suspenso e interrogantes...

Así fue, me dirigí muy cerca del centro de la ciudad, camine sobre las aceras de la avenida, muy limpias y con buen espacio para ello, llegué sobre algunos locales comerciales e inicie mi periplo en algunas tiendas, viendo y evaluando algunas cosas, pero intentaba encontrar algo fuera de lo convencional, un detalle quizás algo diferente pero significativo, que le diera un mensaje claro de un presente y de sorpresa al mismo tiempo, justamente para disparar la chispa que llamase su atención. Y entonces ahí estaba, tal vez esto pudiera generar el efecto que yo buscaba sobre ella, un prendedor muy bonito con forma de una orquídea, una “Cattleya Dorada” con un circón rojo en el centro, no muy grande, tampoco tan pequeña, la adquirí, le pedí a la vendedora quién me atendió, lo colocara en una pequeña caja, envuelto como un discreto regalo, luego escribí una nota muy poética y respetuosa diciendo lo siguiente:

“Tú llegaste como el viento, ese quien mi rostro discretamente rozo, me contagiaste de alegría, de una grata y misteriosa sensación, y ahora no sé quién soy yo, sin embargo te dejo un presente, un detalle, simplemente agradecido por llamar toda mi atención, tú silente admirador”...

La señorita quien me atendió solamente estaba observando lo que escribía en esa nota que acompañaba el presente, sin decirme una palabra, simplemente interprete su atención. Agradecí por su gentileza y me despedí. Tome rumbo hacia la oficina, era muy cerca del mediodía y presumía si aún no había llegado la chica a su oficina, debería estar muy cerca de almorzar. De esta manera llegue muy cerca del edificio y no quise entrar, era mejor hacer llegar dicho detalle de una forma poco habitual. Había un chico, un joven trabajando como expendedor de periódicos y revistas muy cerca, me acerque y le pedí me hiciese llegar a la recepción del edificio, con el vigilante o recepcionista el pequeño paquete, yo le pagaría por su servicio. Le indique que debía decir y entregarlo al de recepción, mientras yo le resguardaba el quiosco donde expendía sus revistas. Así fue, el chico cruzo la avenida de manera muy tranquila, por supuesto viendo eventualmente hacia atrás, donde yo estaba, y entonces entro al recinto, minutos después el joven salió y me indico, “entregado y sin problema”. Entonces le pague y le agradecí por su gesto. Luego de eso me fui a almorzar relativamente cerca del lugar...

Y así la tarde pasó sin mayor connotación, salvo por mí, con mis pupilas dilatadas, emocionado con lo que acababa de hacer, preguntándome mil veces ¿Qué dirá? ¿Qué pensará? ¿Cuál será su reacción? Y claro, yo me respondía positivamente a todas estas preguntas, porque yo creía firmemente en lo que dicta e intuye mi corazón, sin embargo quizás el punto no era lo que yo pensara, es lo que esta chica ha de pensar a partir de ahora, claro, esa es la idea, motivar, intrigar y por supuesto si despertase interés, simplemente intentar preguntar ¿Cómo llegó esto hasta mí? ¿Y por qué para mí?...

Me dispuse a ir tranquilamente caminando nuevamente hasta el edificio, estimando la hora de salida de su oficina, sin necesidad de acercarme hasta la recepción del mismo. Solo me quede observando desde un lugar prudente, para intentar ver algo. Estuve solo unos veinte minutos, y efectivamente la chica salía del edificio, el bolso negro sobre un brazo y en la mano izquierda llevaba la bolsa contentiva del presente. Se quedó un rato viendo a ambos lados de la avenida, veía la bolsa, la abría mas no sacaba su contenido. Nuevamente ingreso y se detuvo a hablar con el de la recepción, solo lograba escasamente ver algunas señalamientos, pero sin nada en concreto, y luego volvió a salir. Tomo a su derecha y avanzo lentamente rumbo a alguna parte, pero efectivamente, había causado el efecto esperado, ese de intriga y suspenso. La seguí discretamente desde algo lejos, para no despertar ninguna sospecha...

Ella mucho más adelante se encontró con otra chica, se saludaron, conversaron un rato, y vi como las dos se acompañaban hasta que ingresaron a un establecimiento. No iba a entrar, y preferí quedarme a lo lejos, simplemente esperando algo...

Por lo visto me pareció una eternidad, ya sentía cansancio y ansiedad, natural en virtud de mi incursión, entonces decidí dejarla con su amiga en dicho establecimiento, presumo entretenida, tomándose un café, una malteada, un dulce, qué sé yo. Y tal vez hasta mostrándole la sorpresa, el detalle que le llego a ella de la nada, en fin especulando yo acerca de eso, o quizás ni siquiera hablaban de ello. Lo cierto del caso es que ahora yo era el intrigado, es parte del juego, ese en el que me había ilusionado...

Decidí entonces irme y planificar esta noche con mucho tacto el siguiente paso, uno que despertase aún más intriga, más curiosidad, más suspenso y la invitase inclusive a averiguar acerca de su bien llamado “Silente Admirador”, y puedo apostar, les aseguro, llamare toda su atención...

Los invito a esperar hasta mañana, y verán como continuo en ese inexplicable suceso que me llevo a conocer a “La chica de la Pijama Roja”, y entonces quienes leen esta bonita historia, podrán entender al final, el porque del título tan genuinamente particular...

jueves, 28 de diciembre de 2017

La chica de la Pijama Roja – Capítulo I - “Solamente un fortuito encuentro”



Era una tarde un poco nublada, con intenciones de llovizna como se vio en la fría mañana, la brisa vespertina dejaba bailar las hojas entre los arboles con sus numerosas ramas, los pinos erguidos solamente admiraban todo lo que a su alrededor se movía, sin tan siquiera entender la dinámica de una ciudad aun en tiempos de furor, en tiempos donde las festividades decembrinas se mezclaban con la intensidad de buscar entre mil oportunidades, solo una que les estimulara a alcanzarla. Esa era la apreciación de quien observaba desde una silla de una heladería, degustando un buen cono con el mejor helado de chocolate oscuro que había probado en mucho, pero en mucho tiempo...

No había prisa alguna, no había preocupación acerca del trabajo, de compromisos, o de cualquier otra circunstancia que alterase un ápice de mi estado emocional. Simplemente disfrutaba de una tarde, de una caminata relajada por las calles de la ciudad, donde convergen mil cosas y por supuesto ello me condujo hasta este placentero lugar...

Entraban y salían transeúntes, niños entusiasmados por los baños acaramelados, de chocolate, de maní, avellanas y hasta de arequipe, sobre los conos de frio helado. Era la temporada y había un poco de alegría contagiada entre risas, espasmos y total algarabía. Y como en todo espacio público era inevitable que desde lejos, contoneándose de manera sorprendente, coqueta, muy suelta y agraciada, una sencilla chica, de buen vestir, de cabello suelto que pareciera danzar a través de un adornado vals, se acercaba hasta el sitio donde yo pernoctaba. Una chamarra de cuero beige moteado, una blusa blanca que dejaba entre ver unos pronunciados senos casi perfectos, una bufanda de lana gruesa marrón oscuro, jean a la moda ajustado a su cuerpo, delineando unas largas piernas insertadas en unas largas botas color café, y por supuesto un hermoso cinturón de la misma tonalidad de su chamarra, permitiéndose ver como “la chica”, si, esa chica, la que es inevitable dejarla de ver, admirar e imaginar lo que en tu mente pueda explotar...

Como toda chica agraciada y elegante, se dejaba mostrar un bolso, apenas lo podía distinguir, de perfil bajo, del color similar a su chamarra, quizás un bolso Louis Vutton, Carolina Herrera o tal vez una Versace, y aunque fuese una copia comercial, igualmente se veía espectacular. Por supuesto quede extasiado, de solo admirar su contonear, su silueta, su desenvolvimiento, dejándose admirar y ver por todos los que cerca nos encontrábamos. Al llegar ella a la heladería, yo pude percatarme sutilmente de su aroma, quizás un Gucci Premier, un La Vie est Belle de Lancome o una Euphoria de Calvin Klane, una fragancia muy adictiva, y más fue mi desdén y mi impresión aun. Mientras permanecí sentado observando sus maneras, su agraciada forma de hacerse notar, y ella lo sabía, su mirada de reojo la delataba, solo yo esperaba su salida, para galantearla, como se debe tratar a una bella dama. Sentí mucha curiosidad, deseaba ver su rostro, sus ojos, incluso sus labios, deseaba abordarla y solo dejaría que mis instintos y mi alma condujeran a esa inevitable encrucijada...

Al ella cancelar su cono con helado, introdujo en su bolso su monedero, lo cerro y procedió a salir saboreando de igual manera un delicioso cono combinado, entre quizás matriscella con chocolate oreo, yo podía ver los trozos de galleta. Embelesada con la porción llevada a su boca, pude ver sus labios y una sonrisa de picardía, de esas que interpretas “disfruta de mi mientras tú puedas”, quizás soñador pero era lo que yo podía sentir. Se detuvo temporalmente en la entrada de la heladería, meditando si sentarse al otro lado donde yo estaba, o tal vez continuar con su contoneo por las calles, para que la siguiesen ver sin poder tocar. Pues sí, ella decidió continuar y solo le pude desear que disfrutase una buena elección para degustar. Ella asintió y agradeció, dejándome una tierna mirada al nuevamente reanudar su andar. La sensación fue muy placentera y entonces tome la decisión de ir tras de ella, improvisando de forma discreta, como si también disfrutase de las vitrinas y aparadores del comercio de esta ciudad...

De un rostro simpático, una hermosa sonrisa, una tez limpia y apenas perceptible de rubor y algo de maquillaje, labios con brillo color carne, insinuantes mas no glamorosos, ojos color café no muy grandes, cabello largo a dos tonos, casi a la cintura, entre color castaño claro y unos destellos casi rubios que le hacían combinar con su vestimenta, toda una chica quien atraía las miradas sin igual, entre hombres, mujeres y niños, y eso era simplemente de esperarse. Obviamente como cualquier transeúnte intentaba mirarla con ansiedad y paciencia, logre apaciguarme a pesar de estar motivado por alcanzarle. No era mi intención abordarla intempestivamente, eso no era educado ni tampoco seguro, era preferible en mi instinto, averiguar quién era esa chica, de donde venía o para donde iba, llevar la estrategia con sutileza, pero algo me decía en el fondo, que su alma algo pedía, buscaba e intentaba ese preciso día...

Caminamos largo rato ambos, cada quien por su lado, disfrutando de las exhibiciones de ropa, calzado, utensilios para el hogar, electrónica entre otras cosas. En algunas ocasiones ella entro a algunas tiendas, quizás a preguntar por cualquier cosa interesante, o tal vez por percatarse que alguien la venia siguiendo sin saber porque o para que, por lo que presumo intento resguardarse. Sin embargo nunca intente me viese como un acosador o que la estuviese siguiendo con alguna mala intención, como tampoco desperté sospechas sobre mi pequeña aventura. Mucha discreción y seguridad sobre mis acciones. Y así pasamos no juntos precisamente una interesante tarde hasta que llegamos a una edificación de oficinas. Ella ingreso al recinto y yo espere pacientemente en un lugar donde no podía verme. Había suficiente tráfico sobre la zona, un día trivial de trabajo, tal vez pausado por las festividades pero igualmente notorio. Fue bastante el tiempo de espera. Cuando por fin ella salió, tomo inmediatamente un taxi y se desvaneció en el tráfico normal del inicio de la noche. Rápidamente me acerque hasta la recepción del edificio y con total seguridad me acerque al vigilante para preguntar por una chica con un falso nombre inventado (para intentar abordar y sugestionar al individuo), el cual referí me había citado en la mañana ahí en ese edificio, en el piso tal, de la oficina tal. Por supuesto le describí inteligentemente las características de la chica e inmediatamente el hombre me dijo, no señor, usted se refiere a……….., ella se acaba de ir en este momento, quizás lo estuvo esperando, y es en el piso abajo al usted mencionado, el mismo número de oficina. Por supuesto le agradecí con muy buenos modales y me retire indicándole pasaría nuevamente el día de mañana. Había valido la pena tal aventura, conocía su nombre y su lugar de trabajo, ya era bastante, ahora lo que continuaría era saber un poco más, y tiempo suficiente era lo que yo tenía...

Me quede pensando un buen rato, continúe mi ruta sin rumbo fijo, caminando y simplemente hablando conmigo mismo, acerca de una pequeña aventura nunca antes prevista, planificada, ni tan siquiera remotamente pensada. Fue como una droga, esa que te sumerge hacia esas cosas que no entiendes pero te hacen sentir mejor, desconectado de quizás una realidad, y presumiendo con total ansiedad, lo que por tu mente no puedes dejar de pensar. Escenas, imágenes, momentos surrealistas, inventivos y hasta intensos, llenos de candor y de adrenalina muy efectiva, esa vinculada a la atracción y a los sentimientos. Las casualidades definitivamente no existen, todo lo que sucede a nuestro alrededor siempre ha de tener una explicación, aun cuando nosotros no comprendamos esas razones, o esos momentos oportunos, fortuitos o intempestivos. El solo hecho de esa sensación inicial, de mantener la calma e inclusive casi de atinar el lugar específico de trabajo, me estimulo y lo interprete como una señal, que obviamente no iba a dejar pasar, y aun habrá un mañana, aun habrá una remota posibilidad y aun habrá una estrategia que me lleve a conocer, a “la chica” esa quien despertó suspiros a través de su caminar...

Si, mañana, precisamente mañana continuare narrando a través de un nuevo capítulo, la aventura que me llevo a conocer a “La Chica de la Pijama Roja”...

viernes, 2 de junio de 2017

A través de las Catacumbas… Y comenzando otra vez…



A veces para poder encontrar nuevamente la luz, esa que divisamos en nuestro tiempo, entre nuestros sueños y mil esfuerzos, e intentar escuchar la dulce melodía del bienestar, debemos atravesar senderos oscuros,  llenos de misterios y de melancolía, llenos de sentencias y hasta de soberbia, con mil y una pregunta, acerca de todo o de nada, acerca de aquello que muchas veces no entendemos, acerca de eso que nos llena de dudas y de miedos, de quebrantos y de sufrimientos, de osadías y de tentaciones, pensando siempre al ocaso en mañana, simplemente en mañana, mañana, mañana...

Así fue, así es, y así será, quizás no para todos, quizás no para muchos, quizás solo para algunos, pero en el universo hay una ley universal cual nunca estará por encima de la voluntad de su benévolo Creador, y mucho menos de nosotros, simples seres carnales, finitos, imperfectos, y hasta muchas veces soberbios, arrogantes y molestos, porque así fuimos creados, porque así hemos vivido, porque así hemos ido aprendiendo, porque así tal vez en ese tiempo, terminamos aprendiendo a valorar este hermoso tiempo, este tiempo de vida, tiempo de enseñanzas, tiempo de lecciones y tiempo de situaciones, que no vienen o llegan al azar, ni por casualidad, ni porque la mala suerte nos ha de juzgar, cuán equivocados muchas veces estamos en esta vida de insana paz...

Una paz que incesantemente algunos buscamos, que muchas veces la tenemos, que muchas veces la desechamos, que muchas veces nos abofetea y aun así siempre la tentamos, y es nuestra voluntad la que nos golpea, hasta que terminamos de comprender o quizás medianamente entender, que no se trata de ir contra la corriente, ni de arriesgar eso que no vale la pena conquistar, se trata a veces de simplemente superar, se trata de a veces afrontar nuestra bella y hermosa realidad, esa donde no escapamos a los hechos, donde ni siquiera intentamos ir más allá de nuestra voluntad, y donde el Creador interviene a veces para probarnos, para medir nuestra capacidad, para hacernos sentir de verdad, de que estamos hechos y cuanta pasión tenemos para continuar en el juego, para continuar intentando, para continuar haciendo, para continuar luchando, en eso que nos mueve, eso que nos llena, o eso que aun a estas alturas, en algunos casos ni siquiera hemos terminado, o peor aún, ni siquiera lo hemos iniciado, y es entonces cuando todo sucede, cuando de repente se nos viene, y cuando todo nos llega repentinamente, y no es que sea tarde, tal vez, solo tal vez, es una nueva oportunidad, pero esa oportunidad no es ni será jamás gratis, ni siquiera es un regalo, es simplemente esa prueba que el universo te envía, para saber cuánto esfuerzo y tiempo tú estás dispuesto a valorar, y es cuando los miedos y las angustias superan esa bella realidad, y es a través de las catacumbas, es a través de la oscuridad, es a través de tu ansiedad y espiritualidad, tú puedas ser capaz de superar, atravesando esas grutas que siempre has querido evitar, sea en la enfermedad, en las penas, en las desdichas y hasta en la soledad...

Fuimos elegidos por nuestro Creador a través de este universo lleno de majestuosidad, algunos para simplemente formar parte de un circulo vital y esencial, otros para dejar una huella que quizás no se borrará, otros para ir más allá de lo que otros no pudieron lograr, y algunos pocos para dejar ese legado que en alguna escritura posiblemente ha de perdurar, no importa el fin, no importa el logro a superar, no importa cuánto esfuerzo tú haz de alcanzar, lo realmente importante es hasta donde tú eres capaz de llegar, y es a través de esas tenues señales, de causas y consecuencias, de elecciones y decisiones, de esas situaciones que no escapan a nuestra realidad, que nos miden sin escatimar, y que nos tientan hasta hacernos temblar, como lo manifesté anteriormente, en la enfermedad, en el infortunio, en la desdicha y hasta en la fatalidad, simplemente debemos verlo como una nueva oportunidad...

Quizás yo no soy el más afortunado, ni un desdichado, ni siquiera el más preparado, menos un experto o un estudiado en los eventos de la universalidad, tampoco un versado entre letras y frases que componen una melodía acerca del bienestar de la humanidad, simplemente expreso una interpretación de un pasado entre amigos y mi familiaridad, de un presente simultaneo cerca de quienes anhelo yo ayudar, e intento avizorar un futuro con algo de mejor calidad, más allá de los atenuantes, más allá incluso de nuestra realidad, más allá de lo que quisiera yo intentar, simplemente vivir, vivir e intentar hacer más allá, de lo que mi capacidad me permita hacer mientras continúe en el juego universal, ese que llamamos vida, y que lo aprovechare hasta el último minuto que se me permita estar, porque así es como yo intento hacértelo entender, te lo dije, te lo digo, te lo reitero, comienzas nuevamente el juego, el juego que tú debes terminar, quizás ese que aún no has querido empezar, y que en este momento has superado en tu primera prueba que el Creador te ha puesto en tu bella humanidad, cruzando las catacumbas oscuras del misterio, de las penas, de los llantos y de las dudas, a través de una intervención extraordinaria con un grupo privilegiado de profesionales de la medicina, quienes hicieron hasta lo imposible para poderte traer de nuevo a esta bella realidad...

Es tu turno ahora de hacer tu jugada, de revertir el llanto y las dudas, en optimismo y alegrías, de comenzar de nuevo en este mundo que aún no se termina, de volcar tu apetito voraz y agradecimiento divino por regresar desde la tumba, por esa elección y decisión que te permitió superar con mucho esfuerzo, con muchos, pero muchos días de angustia y de soledad inhóspita, esa que en momentos te alejo de seres quienes realmente desean el bien para ti, y que entendemos que más allá de esos momentos de zozobra, de incertidumbre y de sollozos, el Creador te dio el valor suficiente para creer en ti, en esos que a tu lado permanecieron, de esos que ni remotamente conocías, de esos profesionales que siempre te dijeron que todo saldría bien, y que a pesar de esas horas de pesadumbre, largas y tortuosas, hasta eternas de intervención quirúrgica, lejos del mundanal ruido, de los eventos sociales de un país envuelto en caos y contradicciones, aun permaneces en el juego divino de la vida y que realmente es la mejor oportunidad de ahora dar tu parte y dejar tu huella en este maravilloso mundo imperfecto, lleno de obstáculos y de opciones, agradeciéndole al Universo por dejarte jugar y aprovechar el boleto a esa bella oportunidad. Simplemente vívela, haz lo que debas hacer y disfrútalo más allá de tus sueños, más allá de tus limitaciones, más allá de eso que anhelas, quizás con un tequila, con un kalua, con un amaretto, con un sambuca o con cualquier brindis que tú desees hacer, pero eso sí, recuerda muy bien, jamás olvides algo realmente importante, agradece esta bella oportunidad, no importa como lo hagas, simplemente agradece que estas en el juego divino de la vida...

Compadre se le quiere un montón, un montón, un montón, su amigo del alma, alguien quien intenta ser feliz y hacer feliz a quienes cerca de mí han de estar, y quien intentará plasmar en algún momento, ese capítulo de tu historia que quedara como una maravillosa anécdota de una prueba divina... Esdras...