miércoles, 9 de marzo de 2016

Amadas. Una Reina y una Princesa, un Castillo y una vida eterna…



Han transcurrido tres meses, desde la llegada a esta tierra mágica, de una noble Princesa. Quien llegó alegrando la vida, quien se manifestó ondeando banderas, con algarabías y con sonrisas sinceras. Han pasado momentos, ha valido la pena, y apenas está dando muestras, de lo que el destino le ha dejado a ella. Dulces sentimientos, pequeñas fortalezas, arraigo lleva ella, en su sangre y en sus venas...

Su Reina y Madre luce bella, alza en brazos la mirada de un legado, toma sus manos y le arrulla en escena, de visiones amplias busca de ella, lo mejor de su vida y le transmite sin vergüenza. Aun quedan mil caminos, aun quedan mil senderos, apenas mira al cielo, desde arriba cuidan de ella. Hay un ángel cerca de su cuna, siempre hay quien cuida la Princesa. A tierra fértil ha llegado, en tiempos nublados y de algunas penas, sin embargo su luz sigue brillando, trayendo el sol en sus bellos ojos, quién trae esperanzas, en esta época de vertientes y sorpresas...

Muchos siguen a la Princesa, muchos quieren siga la fiesta, apenas comienza la algarabía, salen todos gritando por ella. Es la vida misma, es la esperanza convertida en Princesa, es una bienaventurada sutileza, quienes han disfrutado al lado de ella, adormecerla en su regazo, mimarla y darle señales de mil sonrisas, quien será en un futuro, será ella una buena Reina, de un castillo rico y majestuoso, de una fortaleza, custodiada por leales súbditos, veneran por ella. Siempre vive la esperanza, siempre viven los que están con ella, siempre tiene aura su luz, como almas perpetuas...

Y hay quien te sigue desde lejos, hay quien siempre ve en las noches muy serenas, vuela alto, vuela a ella, siente su alma, siente su espíritu, sienta las penas, siente latir muy cerca de ella. Quizás aun no sabes de ese ángel quien te cuida, tal vez tarde algo en saber quién es tu enigma en vela. Es alguien muy cercano, quien sabe que otros te veneran, tu Reina Madre sabe desde siempre, te habla de ese ángel, quien aun lejos de ese reino, él siempre tendrá ojos, siempre sentirá sus ansias, siempre estará muy cerca de ella...

Un Castillo y una vida entera, con pasiones, con deseos y con sueños sedientos, de ángeles que hoy se enteran, que hay una Princesa apenas entendiendo, que está aprendiendo de todo lo que valdrá la pena. La bondad y tu humildad serán tu lanza, contra las semblanzas de quienes intentarán saciar tu reino, de la esperanza y de tu familia entera, y Dios estará a tu lado, cuidandote la vida serena...

De tu ángel, de tu amigo, de tu pana, que siempre las venera...


martes, 8 de marzo de 2016

De Tentaciones al atardecer, y de Pasiones al anochecer - Capitulo IV


Y en las dunas deje mi alma sedienta, y ansiando otro encuentro…

Eran de esos días atenuantes y de un calor insoportable. Las temperaturas más altas hasta ahora, habían alcanzado los 47º C, y se presumía que incrementaría aun más. Debía realizar la última jornada de búsqueda programada. Estaba en la agenda, y no había como cambiar circunstancialmente la fecha o dicha búsqueda. Pero había algo que me alegraba, en dos días finalizarían estas jornadas, retornaría a la ciudad para tomar los días libres que correspondían a mi itinerario, y descansaría así un poco. Era la creación de un paréntesis perfecto, y así aliviar en algo la tensión, y esta cantidad de trabajo acumulado. Lo tomaría para salir a beber con algunos amigos y amigas, y tal vez volvería al ruedo, a buscar a mi alma gemela, en total relajación y desconexión total del trabajo, jajajaja...

Mientras allá a lo lejos, adentrándose en las explanadas y suaves ondeantes arenas del desierto, los días transcurren como siempre. Llenos de un intenso brillo a través de la luz del sol, de un calor irreverente, vientos y sonidos cual melodía armónica, como quien llama a las angustiantes almas, a los deseos penetrantes de manantiales con vehemencia al calor subliminal, de espejismos a lo lejos, de rastros con ansias que al alba se diluyen en el horizonte, como siluetas encantadas y embrujadas de cuerpos sedientos de...

Antes de partir a la jornada, debía verificar los equipos, mis provisiones y las herramientas que necesitaría, por si algo le sucede nuevamente al 4x4. La última vez estuvo algo difícil salir del aprieto en que estuve casi enterrado. Por lo menos dispongo de suficientes equipos alternativos para afrontar cualquier inconveniente. Todos dicen que mi problema es que siempre voy solo a estas jornadas. Y así hasta ahora lo he decidido. Yo prefiero estar solo, que acompañado de alguien quien me dé más problemas de los que ya tengo. Mi equipo de ubicación satelital, me facilitará la tarea de ubicar los lugares que debo explorar. Según el mapa de localización, hay un oasis algo relativamente cerca del sitio, y así podre abastecer agua del pozo y un disfrutar al resguardo, en el medio de la nada...

Y de la nada salen esas almas, quienes cabalgan sobre las arenas, a veces al caer la tarde, al ocaso de un extenuante y ardiente sol de verano, en aquellas noches oscuras, quienes surcan como bandadas de aves extrañas, que vuelan a ras del horizonte ocre, con hambre sigilosa, con gritos silentes avisando desde lejos, vamos a la caza, vamos inhalando suspiros efervescentes, de misteriosos aromas, con sabor a dulce sangre, a pasión desbordante, a extraños placeres de romances, sobre las dunas inmensas, llenas de pasión y locura atorrante...

Revisado todo, solamente quedaba completar el combustible del vehículo, y cargar el tanque adicional, para así garantizar no faltase combustible, por si fuese a extraviarme en alguna de esas laderas de arena. Nadie sabe jamás que pudiera pasar en esa inmensidad. Tal vez durante el día es insoportable perderse, pero en la noche puede ser aún peor. Solo podemos guiarnos por las estrellas. Tal como siempre lo han hecho los beduinos a lo largo de miles de años de historias en la extensión del desierto. Algo he podido aprender de ellos. Es su paciencia y perseverancia ante las dificultades que ofrecen las arenas de estas dunas. Se dice desde tiempos remotos, que las arenas nos hablan, nos escuchan, nos dan señales, nos indican la ruta si nos perdemos, que hay almas que no te abandonan, y cuidan de ti, te embrujan, pero también se dice que si no eres agradecido con su majestad, también ese mar de arena sedienta de llantos y siluetas, te pueden devorar, y nadie logrará jamás encontrar restos de ti, ni señales de nada. Son los misterios de las arenas, son las historias, fábulas, cuentos y relatos de fantasías, que pasan de generación en generación, para así preservar la rica cultura, de una sociedad mágica, sedienta, siempre de extraños ritos, costumbres y hechizos...

Y desde no tan lejos, sin saber dónde, cómo y porqué, alguien observaba a un chico solitario, a punto de tomar ruta hacia un destino no previsto. Miraba su silueta genuina y despierta, observaban a un hombre, de esos que a veces pasa desapercibido ante otros, de esos seres humanos que tal vez oculta sabiduría, temple y audacia. Alguien suspicazmente había inhalado esos aromas a deseos, aromas a secretos inherentes al romance oculto y salvaje, aromas al dulce néctar con apetito sexual desinhibido. Y las dunas serian el escenario perfecto para una aparición al ocaso, un secreto guardado solo para aquellos quienes tienen el don suprimido y oculto, acerca de las llamadas de las almas, acerca de los secretos de fantasías sutiles, de esos amores eternos, de amores aun no escritos, sobre las amplias dunas, de un desierto lleno de secretos y encantos...

Al estar casi listo para partir rumbo hacia la ruta establecida, y cumplir de esta manera mis obligaciones, sentí cierta sensación extraña. De esas que te erizan la piel. Como si alguien me estuviese observando, o quizás esperando por alguna señal universal. Miré hacia diversos lugares, buscando signos de ello, intentando descifrar a través de las miradas, de esos ojos extraños, quienes nos ven como seres de otro mundo. Sin embargo no había ningún semblante ajeno sobre las personas a mí alrededor. Siempre era lo mismo, salvo esa cierta sensación extraña y particular. De repente a lo lejos pude percatarme de algo diferente, pero ligeramente pasó muy rápido. Era la silueta de alguien quizás joven, pero no logré enfocar bien sus rasgos. Todo pasó muy rápido. Tal vez la paranoia acerca de sucesos o encuentros deseados, de esas fábulas y relatos contados por amigos muy cercanos a estas tierras, quienes me han anunciado presagios acerca de mis aventuras en esas noches solitarias, a través de las misteriosas y densas dunas, bajo el augurio de las estrellas, quienes conspiran con el universo, en noches únicas y embriagantes. Pero eso, eso son cuentos y leyendas, que aún entiendo forman parte del argot popular, y de costumbres arraigadas por estas regiones, de almas vivientes, de seres diversos, y de gente de estos pueblos…
Y realmente no tenía la menor idea, de lo que esperaba a lo lejos, más allá de su imaginación, de sus creencias, y de los misterios ocultos bajo las arenas, y que surgen solo a aquellos elegidos, al ocaso del sol en los veranos de tierras de encanto, en noches oscuras, bajo la mirada secreta de las estrellas, y de almas sedientas, de sangre, de amores y romances, destinados a ser parte de las leyendas escritas, sobre las densas dunas, del desierto y sus sortilegios delirantes...

Y al partir él rumbo a su destino, desde la distancia discretamente ella lo vio alejarse. Sonrío con picardía y de forma misteriosa, y comenzó a tararear una singular melodía, que susurraban también algunos pobladores en las calles, cuando el 4x4 pasaba por los caminos de salida, por esos canales empedrados, llenos de arenas, de mucha gente, de misteriosas miradas, de sonetos y de encantos, pocos conocidos por un hombre con sus propias creencias, quien no comprendía las letras, quien asumía eran sus ritos, pero sin saber, eran cantos para él. Un hombre con el alma abierta, y aun sin realmente descubrir, acerca de unos secretos, acerca de esos misterios, que se revelarían allá, al adentrase en ese desierto exuberante y definitivamente excitante...

Durante la marcha en el 4x4, meditaba, pensaba e imaginaba, acerca de esos pensamientos fugaces, de mucho tiempo atrás, y de sus intentos por encontrar un alma gemela, una fémina sedienta, con los mismos sentimientos y gustos por las aventuras, en esas rutas extrañas y de encuentros vehementes, de salvajes interludios, a la luz de las estrellas, sobre sabanas de seda, colocadas sobre arenas al descubierto, apenas una luz visible, para brindar con vino, por un romance a los vientos, y como testigo un majestuoso universo, con interminables besos, ternuras, caricias y seductoras noches interminables, hasta la luz del alba, sin saber si acaba, sin saber si continua, sin saber que ha de suceder después, pero con los deseos de jamás terminar realmente...

Lo excitaba las tentaciones vertiginosas, solo imaginar esas escenas en su mente, acerca de noches intensas, su adrenalina subía a mil por ciento, su pecho irradiaba saltos sin control, su ser interior se alteraba de tal manera, que era inevitable apenas tocarse, y solo comenzaba a ver siluetas extrañas a lo lejos, espejismos sobre las arenas, el desierto marcaba la ruta a su destino incierto, sin saber lo que acontecería al final de la tarde, con esos espasmos de erotismo, y sediento de romances perversos, bajo las estrellas de Venus y la imaginaria compañía de esa mujer de sombras y deseos ardientes, al calor del verano y bajo las historias que se esconden bajo ese manto arenoso...


Al llegar a su primera parada, su localizador marcaba el punto de perforación escasamente a tres metros de su llegada. Apago la marcha del vehículo, bajo los equipos, armó una tienda de campaña temporal, para así dar sombra sobre el área de trabajo, y comenzar a realizar sus labores. El calor lo sofocaba, sin embargo es su trabajo. Se hidrataba constantemente, para evitar debilitarse y continuar lo programado. Aún tenía dos paradas adicionales y luego al final de la tarde, tenía previsto alcanzar el oasis que marcaba el GPS, para proveerse de agua y refrescarse un poco, a la sombra de las palmeras del desierto...

Y al levantar la mirada hacia el horizonte, continuaba viendo destellos y espejismos, formas atenuantes y desbordantes, de mujeres en el espectro, como quienes llaman a su alma, buscando desde muy dentro, seducir con encantos, las burbujas de un amor efervescente, que nace desde muy adentro. Ya estaba acostumbrado a ver a lo lejos, esos espejismos extraños, muchas veces asociados a pensamientos del momento. La mente engaña, pero aun más los deseos de creer una realidad intangible, en el incandescente calor del desierto. Pero ella realmente lo estaba siguiendo, era el elegido...

Pudo culminar las tres paradas previstas en su agenda, realizó los trabajos en cuestión. Recabo la información y las muestras tomadas a diferentes profundidades. Eso le permitió pasar por los equipos, la información vía satélite, para confirmar a la oficina central, la ejecución del plan de acuerdo con su asignación. Ahora debía continuar la marcha al oasis, el ocaso del sol radiante ya se iniciaba, y antes de caer la noche debía alcanzar el sitio establecido de descanso y reposo...

Durante la marcha al oasis, continuaba observando las mismas siluetas extrañas y seductoras, a lo lejos del firmamento, como si le estuviesen enviando señales de avistamiento. Como si interpretara que lo estaban vigilando o cuidando. Y sus ansias nuevamente afloraron repentinamente, comenzó a vibrar de emoción y volvió otra vez esos deseos ardientes. Se excito de solo pensar que al llegar al oasis, se desnudaría y se metería en el manantial de agua, a saciar ganas, aunque estuviese solo en el medio de la nada. Pero no estaría solo, y menos en el medio de la nada. Justamente, de la nada saldría ese encuentro salvaje y envolvente, sin darle tregua a pensar en más nada...

Al llegar al oasis, apagó el vehículo, se quedó un momento tras el volante, solo pensando en el medio del estupor incesante, que le estaba pasando a su semblante. Está bien quien imagina escenas, o sueña despierto, acerca de anhelos por romances de cuentos, de historias, o de leyendas en el medio del desierto. Pero por otra parte, siendo lo bastante racional, simplemente la soledad y las ganas, lo llevan a intentar creer parte de esas historias. Bajó del vehículo y decidió armar la tienda de campaña, lo más cerca posible del 4x4 y del manantial. Pudo percibir que se encontraba solo. No había señales, ni de beduinos a lo lejos. Iba a ser una noche mágica y tranquila. Pero estaba lejos de eso...

Descargó una pequeña planta generadora de energía, la conectó al vehículo y disponía de luz necesaria para realizar las tareas de una noche en sana paz y tranquilidad. La noche pintaba estrellas de diversos tamaños e incandescencias. Se quitó toda la ropa y salto al pozo de agua limpia, tal como lo imaginó. Al sentir el agua en su cuerpo, parecía como si nuevamente volvía a una vida en paz, bajo un letargo sin espaviento, después de un largo tiempo y en un escenario envidiable para muchos. Tomo el baño con calma, se relajo, se dio algunos masajes superficiales en el cuerpo, y volvió a sentir deseos de estar junto a alguien. Hablaba en voz alta con las estrellas, susurraba con cantos que ni siquiera él podía entender. Simplemente todo salía de su alma. Y ella simplemente lo veía desde lejos, seductora y con ansias de abordarlo pronto, pero aún no era el momento...

Extrañas luces desde el cielo, cruzaban con armonía, cual melodía interpretada por el majestuoso universo, anunciando tiempos de encuentros, momentos de fantasías. Escuchaba a lo lejos una dulce sintonía de magia y candor especial. Imaginaba que todo estaba en su cabeza, en su espíritu, en su escondida alma. Eran los llamados secretos y abiertos al don de su ansiedad y necesidad de encontrase, con ese ser jamás imaginado antes. De pronto ella apareció de la nada, con una manta de seda blanca sobre su esbelta figura, de larga cabellera suelta, un manojo de pulseras doradas en ambas muñecas, apenas un cordón de seda ocre cruzaba, su delicada vestimenta. Sus protuberantes senos perfectos, la silueta de una dama de cuerpo sugerente, labios pronunciados y de rojos carmesí, como la misma sangre viva. Descalza y de suaves pies y manos, ingreso como sedienta, con ansias de ser poseída, sin mediar palabra, sin pedir nada, únicamente colocando su mano sobre los labios, para que él no dijese nada...

Comenzó el ritual soñado, se inicio una intensa batalla de seducción y sentimientos, entre dos seres de almas al descubierto. Manos llenas de pasión y deseo, tocándose al unísono cada parte, cada lugar, cada sitio de pieles erizadas por emociones de un romance perfecto. Besos angustiantes, apasionados, seductores, ahogados en el dulce néctar de bocas sedientas, descubriendo y exigiéndose más allá de sus candores en silencio. Sinuosos movimientos de fusión y erotismo a la luz de las estrellas. Él veía al cielo, la veía a ella, penetraba a través de sus ojos, en el alma ajena, de una hermosa y extraordinaria Princesa, quien salió de la nada, quien la imaginó en sus sueños de aquellas noches en vela, en medio del desierto, y ahora no podía creer que estaba sucediendo...

Ella se aferraba a su endurecido ser, como roble brotando de un manantial a flor de piel hasta más no poder. El acariciaba tiernamente sus protuberantes senos, los lamia, los besaba, los acariciaba hasta alcanzar los gemidos angustiantes, de esos pedimentos exacerbados de más, y más pasión, locura y deseo. Ella lo acariciaba sin dejar un lugar al descubierto, lo besaba intensamente por todas sus partes, sin cansancio, sin dejarlo respirar, hasta ahogarlo en su brillantez y ansiada felicidad. Sus movimientos frenéticos jadeaban al son de las melodías en un silente parpadeo, de luces  en el cielo...

Desnudos y sin inhibiciones en una noche solitaria, el tiempo no contaba, sin límites en sus afectos, en sus intensas pasiones, en sus manos sedientas de atorrante locura y salvajes acciones de amor irreverente, el clímax de ambos se intensificaba, se repetía sin descanso, como si hubieran nacido, para dejar el alma al descubierto, en las densas arenas, de un cuento más, de esas historias de amor extrañas, en las noches frente al desierto. Ella lo miraba sin pronunciar una sola palabra. Él deseaba tanto tenerla para siempre, anhelaba saciar todo su fuego, toda su alma en ella, incesantemente la extasiaba con su amor salvaje y delirante. Cambiaban posiciones, buscaban sus mejores dotes, ella y su feminidad hermosa y atrayente, el logro saciar su masculinidad de manera irreversible, sus jadeos y gemidos, con gritos en silencio, con angustias y tormentos, siendo vistos por todo el universo, bajo la conspiración de las estrellas, solo dejaban fluir manantiales de amor entre sus venas. La sangre de ambos corría libremente a velocidad extraordinaria, a través de sus cuerpos, se sentían ambos como seres imaginarios sin desdén, sin miramientos, sin posibilidades de ceder un poco en sus angustiantes momentos. No había un mañana, solamente estaba la noche entera, estaba el sueño hecho realidad, estaban ambos satisfaciendo un deseo elegido en la universalidad de una vida en las arenas...

Ambos dejaron todo de cada uno de ellos, muy dentro de cuerpos agotados, sin sufrimiento, sedientos de esos romances de cuentos y leyendas, bajo el cielo abierto, y testigos fueron sus almíbares, que intercambiaron y fusionaron su sedosa miel alabada con la magia de las arenas. Dentro de las aguas mágicas de un manantial, en el medio de la nada, donde nadie más escapa, a los designios de sueños inimaginables, donde solo los elegidos, tienen la oportunidad, de brindar, saciar, compartir y entregar toda su alma, y dejarla como una marca indeleble, sobre las tierras arenosas, de una cultura ancestral, de un amor incuestionable, eterno y memorable, quien quedó marcado, por una noche de locura, pasión, fusión y deseo, al alba de un sol radiante, quien ha de anunciar, un capítulo nuevo, una historia más de un romance perdido en el tiempo, y retornado a su ciclo vital, en esa noche elegida no por azar, sino por las vertientes de un destino, escrito desde el más allá, desde el universo mágico, sellado con esa señal...

Y al despertar, salió a buscarla rápidamente, salió desesperadamente gritando, por su Princesa de las Dunas, por su amor eterno del manantial, por su alma viva, a quien dio todo por amor, a quien desea verla nuevamente con pasión, y por quien daría la vida sin cuestión. Pero simplemente quedo el cordón, esa cuerda ocre, suave, con fragancia a su piel, con sabor a una mujer, quien le entrego su alma, y a quien tal vez, nunca más ha de volver a ver...

Y en la siguiente historia, continuarán más tentaciones...

domingo, 14 de febrero de 2016

De Tentaciones al atardecer, y de Pasiones al anochecer…



Capítulo III – Un Día de San Valentín…

Era de esas tardes algo carente de actividad en la tienda. Todos en la calle estaban eufóricos, alegres y excitados en compras. Fin de semana, dinero circulante, flores, chocolates, encuentros, vinos y licores, tarjetas, regalos, osos de peluche en algunos casos, y hasta las propuestas de amor eterno. Un día al año dedicado al amor, pero en mi caso, no había ni remotamente cerca, alguien con quien compartir, alguien con quien celebrar, un día realmente emocionante, pero no pierdo aún la esperanza de encontrar mi ilusión...

Cansado y algo extenuado de un largo viaje por carretera, bajó la velocidad de la moto para detenerse oportunamente en la estación de gasolina, y cargar el tanque con combustible. El calor hacia de las suyas, sin embargo el tráfico automotor en la autopista, no estaba tan saturado, lo que permitía maniobrar con mayor rapidez su llegada a la ciudad. La oportunidad se presentó, y no la desperdiciaría esta vez. Cambiar de ambiente y de ciudad, quizás le favorecía. Todo sería nuevo y eso lo estimulaba con pasión y emoción realmente. Aún quedaban dos horas de pista asfáltica, un soda bien fría y a continuar la marcha...

Me dediqué a ordenar los pedidos pendientes para la semana próxima, y llamar a algunos proveedores para garantizar las entregas pautadas. Le indique a mi asistente a quienes debía llamar oportunamente, mientras iba revisando uno a uno los compromisos establecidos. Por supuesto, mi asistente también se encontraba entusiasmada, su novio le había prometido pasar por ella e ir a celebrar este día. Parte de su espíritu se encontraba con la ilusión de una enamorada, y eso era comprensible. Hoy le puedo pasar por alto ciertas cosas, solo quedaban tres horas para culminar la faena. Ella no cesaba de ver reiteradamente su teléfono celular, solamente para ver como avanzaban los minutos, y quería que fuesen más rápido, jejeje...

Por su cabeza pasaban las mil y una ideas que deseaba implementar, establecer los primeros cambios en su nuevo trabajo, un cambio de ambiente le hacía falta también. Nuevos compañeros, amigos y relaciones de trabajo, lo impulsarían a ir a donde siempre ha anhelado encontrar su mayor inspiración. Y esta era su oportunidad. Veía el velocímetro en la moto y la aguja estaba rebasando el límite que frecuentemente mantenía en carretera, pero estaba emocionado por los cambios que surgieron en las últimas semanas. Su adrenalina estaba fluyendo insosteniblemente, y la tarde menguaba poco a poco. Aún quedaba luz del día para llegar a su nuevo hogar y destino...

Y en la ciudad todo se encontraba con mucho desenfreno, empuje y movimiento. Cientos y cientos de personas en las calles, todos como esquizofrénicos, buscando, llamando por los celulares, hablando, preguntando, acelerados, el tiempo transcurría y se acercaba el final del día. Muchas parejas con ilusiones, celebraciones, sorpresas, y por supuesto esa energía tendía a ser contagiánte y estimulante, hasta al más solitario o insensible ser de esta ciudad. Esa es una muestra de nuestra sociedad y de nuestra cultura, sembrada desde tiempos atrás. Y eso no cambiaría, al contrario, se incrementa año a año aún más...

Llegó el novio y entendí acababa el día y las labores en la tienda. Hora de cerrar el negocio. Los ojos de la chica irradiaban mucha ilusión y alegría, al punto que ella me transmitió su entusiasmo. El chico llegó con una rosa hermosa en la mano, y un pequeño presente envuelto en papel de regalo metalizado con una cinta de color rojo. Era de esos detalles románticos ante una amada mujer. Los despedí amablemente en la puerta, deseándoles pasaran espectacularmente bien esta noche placentera. Luego quede seducida y pensativa, con esos deseos e imágenes vivas, acerca de esos encuentros emotivos y llenos de sorpresas, en estos días de celebración del amor. Era imposible escapar a esos escenarios imaginativos...

Decidí entonces quedarme un rato más sentada detrás de mi escritorio. No tenía prisa alguna en llegar al apartamento. No había nadie esperándome. No habían flores, ni regalos, menos sorpresas. Fuera en las calles aun había tráfico y alboroto. Y entonces seguía imaginando esas escenas de romance, de sentir la ilusión, de sentir en la piel, la sensación de ser amada y deseada por las delicadas manos de un hombre apuesto y viril. Deje volar mi imaginación, sin cohibirme de nada, a sabiendas que solo eran sueños de una mujer real...

Aminoró la velocidad de la moto al entrar a la ciudad, notaba la congestión vehicular en las vías principales, por la culminación de las jornadas laborales al término del día, debió ser una semana bastante activa. Conocía bien la ciudad y sabía que tenía que tomar ciertos atajos para llegar lo más pronto posible a su  nuevo hogar. Un apartamento ubicado en un edificio muy cerca del área de su trabajo. Ya sentía un poco el cansancio sobre los hombros y el cuello, y daba comienzo la noche. Ligeramente despejada, algo de nubosidad, pero no había señales de lluvia, simplemente la época normal de verano con la presencia de vientos fríos del norte, que pasaban por la región...

Bastantes motorizados a lo largo del trayecto, muy normal para esta ciudad. Algunas de alta cilindrada, pero la gran mayoría eran motos pequeñas. La suya de alta cilindrada y muy bien equipada. Un casco integral de ventilación incorporada, vestido absolutamente de negro, con guantes y protectores en la casaca. Todo un fanático y auténtico piloto de motores de prestancia. Siempre se sintió identificado con las motos, por lo que dedicó gran parte de sus logros, a tener una buena máquina, sobre todo para cubrir grandes distancias de recorrido, ya que ese también era su hobby, los viajes y las aventuras...

La laptop encendida y sentí curiosidad por leer algunos comentarios acerca del día del amor, del día de San Valentín y su historia. Algunos muy acertados y otros muy bohemios y poéticos. Había de todo. Salte a los post con imágenes muy gráficas, textos expresivos acerca de esta celebración y entonces me detuve en una imagen erótica, un desnudo artístico entre dos amantes, un texto bien cargado de sensualidad y romance. Cerré mis ojos por un breve instante, e imagine la escena, tentadora, cautivante y excitante. Yo no estaba tan mal en cuanto a mis atributos, tal vez algo desarreglada, pero mis pechos aún llaman la atención, y en bikini mis aposentos aún están bien rellenitos, jajajaja...

Veía la imagen una y otra vez, me imaginaba ahí, seduciendo a mi hombre, insinuando mi cuerpo desnudo, simplemente para estimular su dote y su creatividad en el cortejo. Abrí mi blusa y deje correr mi mano por mis pechos de forma delicada. Se me erizó la piel, mis pezones se endurecieron, y seguía en ese roce cautivante y estimulante. Poco a poco fui quitándome la blusa y el brassier, quede al descubierto, sentada en mi silla. La imagen ocupaba toda la pantalla. Estaba encerrada sola en mi oficina, deje correr mis fantasías por mi mente, y también por mi piel...

Las luces de la ciudad, el tráfico automotor, cornetas y sirenas, el estrés natural de la gran ciudad, fin de semana, quincena y de paso celebración del día de San Valentín. Todo encajaba de forma armónica más allá del caos desenfrenado de la ciudad. Estaba cerca del sector, tenía algo de hambre, sabía que no había nada en el refrigerador, ni agua. Entonces decidí aparcar en un bodegón muy cercana al edificio. Unos chicos que estaban ahí se quedaron viendo la moto. Me baje y abrí la maletera para sacar un pequeño bolso con las tarjetas y algo de dinero. Debía comprar algunas cosas para comer, hielo y bebidas. De repente sale de la pastelería un monumento de mujer, alta, morena, cabellera larga y un cuerpo tan apetitoso, que haría cualquier cosa simplemente por saborear parte de esa piel, ¡Woooooo! Se me estallaban las neuronas solo de imaginar una sesión fotográfica con ella...

Uno de los chicos me trajo de vuelta a la realidad, se acercó hasta la moto y comenzó a preguntarme algo sobre la moto, hasta que me toco el brazo, y le pedí excusas, jajajaja, la mente es algo estimulante...
 
-          Y el otro chico en tono de broma manifestó - “ella vive en ese edificio”, señalándome donde yo voy a vivir ahora. Ellos entendieron que la estaba vulgarmente hablando, “morboseando”. En nosotros los hombres es muy natural cuando el sex-appeal de una chica, te enmudece y te estimula.
-          Entonces les dije, - “pues yo también voy a vivir ahí, señalándoles el último apartamento de arriba”. El otro chico dijo, - “te podemos dar datos de ella y con quien vive, pero nos tienes que dar algo a cambio”. Jajajaja,
-          Estos chicos de hoy día no pierden tiempo. “Está bien, veremos, déjenme terminar de llegar, voy a comprar algo y subo a descansar, por favor cuiden la moto y algo les daré al regresar por ella”...

Cerré la maletera y entre al bodegón, no sin antes seguir viendo al edificio, imaginando solamente un encuentro fortuito con ese monumento de mujer…
En mi nevera tenía aún dos botellas de vino rosado bien frías, terminé de quitarme los pantalones, porque había entrado en calor, y deseaba dar rienda suelta a mis fantasías eróticas. Así deje surcar vuelo alto a las tentaciones, celebrando aunque estuviese sola, el día del amor y de la amistad, pero a mi manera...

Busque una copa, saqué una de las botellas, un pequeño paño de tela de algodón que tengo en el kichinet, y regresé a mi escritorio. Ya había despejado de documentos y papeles que quedarían para la siguiente semana. Era hora de continuar el rodaje y la magia de mi creatividad. Brindaría por esta noche, cual apenas estaba comenzando y quien no estaba en mis planes, pero siempre lo que no se planifica, resulta ser mejor que todo lo demás...

Al llegar al apartamento, oscuridad total. A buscar el tablero para encender los breakers y tener luz, guardar en la nevera las cosas que compré en el bodegón, y comenzar a dar orden a mi nueva estancia. Abrí las ventanas y al ver abajo, aún los chicos estaban en la calle, cerca del bodegón. Los saludé y me hicieron la seña de aprobación correspondiente. Realmente me sentía muy bien, a pesar del cansancio acumulado. Traje algo de hielo y saque de mi morral una de las botellas de vino tinto. Me preparé una pequeña Sangría, con naranja picada, manzana, hielo picado, un toque de salsa tabasco, con bastante vino tinto. A pesar de estar solo y sin compañía, debía brindar por un nuevo comienzo, una noche de amor, y por ese monumento de mujer, que me puso a volar mi imaginación...

La noche apenas iniciaba. Desde mi ventana podía ver las luces de la autopista, los carros desplazarse a través de la avenida y aun había gente en las calles. Me quite la camisa y me senté al borde la ventana, necesitaba relajarme, y que la brisa nocturna refrescase mi cuerpo, algo tenso aun del viaje...

Entre imágenes, videos eróticos y mis fantasías, mi mundo interior se embarcaba en un viaje extraordinariamente y placentero. Ya había consumido tres cuartos de la botella de vino. Me quedaba otra en la nevera, sentía ansias y deseos de hacer el amor. Tocaba todo mi cuerpo y me encontraba algo excitada, de tanto imaginar la virilidad de un hombre dentro de mi ser. Estaba húmeda desde los pies hasta la cabeza. Tenía mucho tiempo sin sentirme tan bien, a pesar de no tener pareja o compañero alguno cerca, para mantener una relación estable conmigo. Creo que ya era tiempo de buscar a alguien. No puedo quedar sola más tiempo, había que salir al ruedo nuevamente, pero mientras, ahhhh… mientras yo seguía...

Y al llegar la media noche, el cielo comenzaba a mostrar las miles de luces de ese universo inmenso y asombroso. Las estrellas que a lo lejos marcaban astrológicamente, los designios de tu personalidad, y en otros casos, los misterios de los encuentros fortuitos sin razón alguna. Esa era mi interpretación del universo, y hasta ahora todo con los pro y los contra, me habían otorgado satisfacciones más que desilusiones. Increíblemente me sentía totalmente relajado, algo de música de fondo, había consumido una botella completa de mi Sangría y mis sueños se fueron a navegar a ese universo al que llamo “Mi Mantra, Mi Mar de Luces, Mi Señor de los Cuatro Vientos”. Y es quién me ha ayudado a forjar mi propio destino...

Abajo ya poco movimiento realmente. La media noche era para aquellos seres que trascendían sus momentos, en esos intentos de encontrar los avatares misteriosos de la noche. Es para dar rienda a los encuentros sedientos, de quizás romance, de pasión, de erotismo y de seducción, que incitan a cruzar la línea entre la realidad y la fantasía. Bajo una lluvia de estrellas, luces fugadas, seres inconscientes, pero sedientos de encontrar almas con hambre, con ganas de cruzar cuerpos, de indagar, de soñar, de volar, en desenfreno y piel adentro...

En mi desenfreno y deseo de apreciar a través de mis manos, todo mi cuerpo, mis partes intimas, con total ansiedad perversa, de palpar, sentir y escuchar, mis más oscuros secretos, solo deje rienda suelta a mis anhelos y sueños. El vino hizo su parte, la noche hizo lo suyo, y mis ganas deben alcanzar la cima de esa excitación sublime, en todo este drama excitante y erótico, propiciado por la noche del amor. Mis senos estaban en su máximo esplendor, mis piernas pedían a gritos un ser que las tocase y las besara con desenfreno y pasión. Desnuda sobre mi escritorio tocaba cada parte de mi sin pudor, humedad total en mi ser interior, mi corazón a punto de explotar de tanta excitación, mis manos no cesaban de sentir cada parte de mi en total ebullición. Ansiaba y deseaba aún más al hombre de mi imaginación, aferrado totalmente a mi cuerpo, poseyendo todo sin control, y yo mordiendo y lamiando su piel con toda mi pasión...

La chica monumental acaba de llegar y está bajándose de un vehículo. Una minifalda negra, piernas exorbitantes largas y llenas de sensualidad. Blusa roja que deja al descubierto sutilmente, unos hermosos senos protuberantes. Una cabellara suelta, sedosa y abundante le terminaban de dar ese toque exuberante de mujer fatal. Tacones altos de cinta aferrada desde sus tobillos subiendo por la pantorrilla. Es de esas mujeres que es imposible dejar de mirar y navegar en imágenes de seducción y morbo sexual. Y desde la perspectiva de un hombre que ha consumido mas de botella y media de sangría, solo y con ganas, pues las neuronas están a punto de comenzar en ebullición de erotismo y propulsión. ¡¡¡¡Wooooo!!!!, si he de morir esta noche, pues que Mi Mantra ha de manifestar que ha de ser de este modo, porque creo que valdría la pena el intento...

Me aferré al marco de la ventana, mostrando mis atributos masculinos, al estar descubierto de la cintura hacia arriba, con sed de deseos y ganas de ir sobre la presa, cual felino en noche de caza. La chica simplemente volteó por instinto hacia arriba, y solo me miró unos segundos. Tal vez se preguntaba quién era ese hombre en ese apartamento, que ha estado desocupado durante tanto tiempo. Bajo entonces su tez, al recibir una llamada a su celular, hablo poco y volvió a mirarme. Había que mover la jugada precisa, con tranquilidad y paciencia, solo sin inmutarme, ni hacer movimiento brusco alguno, pero sin dejar de intentar ver su alma, a través de sus ojos, quien sabía estaba bajo la tensa mirada de su cazador...

Son más de las 2 de la madrugada, y ya había alcanzado mi clímax con esta sesión entre vino rosado bien frió, imágenes de erotismo y seducción, vuelo a mi imaginación y los deseos perversos, ansiosos y estimulantes, de pasar mi noche de amor, bajo el éxtasis de mi propia seducción. Quizás no era la única mujer en una situación así, pero creo que tampoco sería la última, simplemente deje fluir mi imaginación, para no dejar pasar por alto, una celebración que en muchos ha podido ser placentera, maravillosa y hasta sorprendente. Como bien dije, era hora de salir al ruedo, y a partir de mañana, cambio mi actitud para salir de caza, y no volver a pasar una celebración más, sola, muy a pesar de que me sentí desinhibida y ardiente esta noche...

Deje todo así mismo, sin ordenar ni recoger nada. El lunes próximo vendrán a ser limpieza y mantenimiento, recogerán todo, y solo quedará en mi recuerdo, una noche de amor y pasión, bajo las tentaciones secretas y oscuras de mis deseos de erotismo y seducción. Cerré la tienda y me subí a mi automóvil para ir a mi apartamento...

La chica monumental simplemente se quedó mirándome sin mostrar ni un ápice de curiosidad. Ahora ella tomaba el papel de cazador, y yo pasaba a ser la presa de la noche. Era hora de mover la pieza y ver su reacción. Le hice señas de invitación al piso, con mi copa de vino alzada y amablemente pidiéndole subir. La chica por el contrario me sorprendió. Me señaló directamente que bajase con la copa hasta su ubicación...

Obviamente le manifesté con señas que bajaría y llevaría otra copa de vino, mostrándola desde la ventana. Ella accedió y entendí que estaba a la espera de mi presencia. Apresuradamente busque las llaves, me coloque la camisa pero sin abotonarla, tenía preparada mas Sangría, llené ambas copas y baje corriendo las escaleras. Creo que la noche terminaría mejor de lo que esperaba...

Al llegar a planta baja, trate de respirar pausadamente. Tenía que mostrar amabilidad, tranquilidad y seguridad ante todo. Ese monumento de mujer es imposible dejarlo pasar por alto y como hombre con la testosterona a mil, con botella y media de sangría consumida, y comenzando una nueva etapa de vida, las tenía todas a mi favor, aun más en la noche del amor y de la amistad. Mi primera tarea romántica en la gran ciudad. Salí a la calle buscándola en el lugar donde previamente la había mirado por última vez. Sorpresa. No estaba. Pensé estaba jugando a las escondidas, pero no. Continúe su búsqueda en los alrededores, por ninguna parte, como si se hubiese desvanecido de la nada...

De pronto llegó un vehículo, una chica conducía y aparcó temporalmente a la entrada del estacionamiento, a la espera de que la puerta automática de acceso abriese para ingresar. Ella amablemente bajo el vidrio, me observó y preguntó si estaba buscando a alguien, ya que tal vez le causó curiosidad, un hombre con dos copas de vino, a las puertas del edificio y con la camisa ligeramente abierta. No había más nadie alrededor. Silencio en la madrugada, bajo el manto de estrellas de mi universo misterioso...

Le dije que había bajado a buscar a alguien, pero que de forma misteriosa desapareció. Ella pregunto donde vivía. Le manifesté que había recién llegado a este edificio y que ocuparía el apartamento del último nivel. Ella me refirió al que estaba desocupado. Le afirme que al mismo. Bajo del vehículo y se presentó. Note que venía un poco desarreglada, pero tenía cierto encanto que llamaba poderosamente la atención. Ella amablemente tomo una de la copas con iniciativa propia, y brindo por un encuentro fortuito. Me dio la mano y dio su nombre. Mi universo y sus misterios después de todo, mi mantra seductor, mi mar de luces en acción...

Dos almas solitarias que pasarían de una noche solitaria, a posiblemente una historia de amor y romance, en una noche misteriosa, bajo el amparo de las luces del universo, quien forja esos encuentros fortuitos, que muchas veces no tienen explicación...

Feliz Día de San Valentín...